LA ACADEMIA MALAGUEÑA DE CIENCIAS CELEBRA EL “MEMORIAL CARRERA MORALES 2026” CON UNA JORNADA FORESTAL Y UNA CONFERENCIA DE RAFAEL Mª NAVARRO-CERRILLO
Crónica de “Una visita a los Montes de Málaga” de Federico Soriguer. El pasado día 19 de febrero ha tenido lugar la celebración del Memorial "JOSÉ ÁNGEL CARRERA MORALES 2026", organizado por la AMC, con la inestimable colaboración de la Asociación de Amigos del Jardín Botánico-Histórico de La Concepción.
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Crónica de “Una visita a los Montes de Málaga” de Federico Soriguer. El pasado día 19 de febrero ha tenido lugar la celebración del Memorial «JOSÉ ÁNGEL CARRERA MORALES 2026″, organizado por la AMC, con la inestimable colaboración de la Asociación de Amigos del Jardín Botánico-Histórico de La Concepción. El programa de actividades ha tenido dos partes. La primera consistió en una visita a “Los Montes de Málaga» a lo largo de la mañana que culminó con un almuerzo de confraternización en una típica venta de la carretera de Colmenar, donde nos ofrecieron un excelente arroz firma de la casa. La segunda parte consistió en una conferencia impartida en la jornada de tarde por el Dr. Rafael María Navarro-Cerrillo, Ingeniero de Montes, Catedrático de Universidad en el Departamento de Ingeniería Forestal de la Universidad de Córdoba, que nos acompañó también a lo largo de la jornada matinal.

 

Cada año, tanto la visita como la conferencia, intenta profundizar en un aspecto singular de la vida de nuestro bosque periurbano, en esta ocasión sobre los procesos de decaimiento y mortalidad que afectan a las masas de pinar, especialmente visibles en estos momentos, en los que los bosques mediterráneos, llevan años sometidos a condiciones crecientes de estrés climático. La AMC se siente heredera de las maneras de enseñar de la Institución Libre de Enseñanza que tanto gustaba al malagueño Francisco Giner de los Ríos. Y en eso consisten esas visitas periódicas que la AMC organiza a los entornos naturales de Málaga. Aprender caminado por el campo.

 

Hoy, que la mayoría de los ciudadanos vivimos en las grandes urbes es imprescindible volver la mirada al campo. Y al campo, a la naturaleza se puede volver de muchas maneras. Como turista rural, por ejemplo. Y está muy bien. Puede ser muy placentero. El problema es que cuando salimos al campo la mayoría de la gente miramos, pero no vemos, porque no sabemos lo que tenemos que ver. Por eso cuando se sale al campo acompañado de un naturalista, en este caso acompañados de ingenieros de montes, herederos de JOSÉ ÁNGEL CARRERA MORALES, y ahora responsables de la gestión de estos mismos “Montes” que tanto deben a José Ángel, las cosas cambian y la naturaleza por decirlo de alguna manera se ilumina.

 

Esta necesidad de volver la mirada al campo adquirió carácter de urgencia durante la cuarentena del COVID. Para muchos encontrar un refugio en “la soledad” del campo fue un regalo del cielo. Para aquellos que estuvimos encerrados en nuestras casas, el campo abierto se convirtió en un sueño. Ahora liberados de aquel encierro podemos hacerlo realidad aquí mismo en Málaga a poca distancia de nuestras casas, en ese monte animado que nos rodea que es el Parque Natural de los Montes de Málaga. La verdad es que aunque formalmente se llama así, a mí me gusta llamarlo simplemente “Los Montes de Málaga” porque todo el mundo sabe de lo que hablamos y porque, y esa es su singularidad y su riqueza, el parque es todo menos natural, pues fue el resultado de una repoblación forestal iniciada en la República y terminada en la dictadura, como respuesta a las inundaciones de Málaga por el Guadalmedina, claramente vinculadas a la deforestación que había comenzado siglos antes tras la Reconquista y que se aceleró tras la desaparición de los viñedos por la plaga de filoxera ya en el siglo XX. Se plantaron entonces cientos de miles de plantas y mirado casi un siglo después la repoblación fue un éxito. Ahora tenemos un gran parque forestal maduro que está en pleno proceso de cambio. Y esta es la lección magistral que los ingenieros de montes que nos han acompañado han ido explicando mientras paseábamos en pleno corazón del bosque.

 

En esta jornada matinal forestal, hemos aprendido muchas cosas que luego por la tarde el profesor Navarro-Cerrillo ha precisado y ampliado en el salón de actos de la Sociedad Económica de Amigos del País, en una sesión académica excelente. Imposible resumirlas enseñanzas recibidas aquí y ahora. Hemos paseado por un monte que es ya un bosque adulto, incluso viejo, que ha sobrevivido hasta hoy razonablemente, plantado por la mano del hombre con los criterios y con las necesidades de un momento determinado, que ahora como consecuencia del estrés climático se va “naturalmente” rediseñando a sí mismo. Observarlo, aprender de él es imprescindible para que las posibles actuaciones que se hagan no interfieran en este proceso natural de adaptación que los ojos que saben ver y leer el bosque, ya aprecian. Y hemos aprendido que un monte es un organismo vivo cuyos tiempos no son los de los humanos.

 

Ortega decía que la diferencia entre los animales y los humanos es que mientras aquellos adaptan su biología al entorno (a la naturaleza), el hombre adapta el entorno a la suya (la naturaleza a sus necesidades). Es lo que se hizo cuando se reforestó el Guadalmedina. Pero aquellos tiempos de Ortega han pasado. Hoy, por el contrario, los humanos no podemos seguir mirando a la naturaleza solo como un recurso, somos nosotros los que debemos adaptar nuestras necesidades y deseos a los tiempos de la naturaleza. Que los hombres tienen en fin que pensar en el interior de la naturaleza y, si es posible y es aquí donde entra la nueva manera de mirar (científicamente) al mundo y en nuestro caso, la “nueva ingeniería forestal”, pensar con y para la naturaleza. Todo esto y mucho más es lo que hemos aprendido en este paseo “socrático” por esta naturaleza que rodea a Málaga creada artificialmente hace un siglo, que es mucho tiempo para los tiempos humanos y poco para un bosque, y por eso ahora que ha sobrevivido a quienes la pensaron, ahora que el mundo ha cambiado, hay que observarla con respeto, aprender de sus señales, de sus llamadas de socorro, y de sus propias soluciones y limitarse a ayudarla en su épico empeño de naturalizarse. Y si uno ha aprendido todo esto, pasear por los montes de Málaga es otra cosa. Es como si se estuviera paseando entre viejos amigos que te hablan. Una cosa más. Para los que periódicamente padecemos estrés climático cuando oímos las predicciones catastróficas de unos y de otros y la ceguera ante estas advertencias de los Hunos, escuchar las señales que nos envía este bosque animado que nos envuelve, en su empeño por sobrevivir, es un consuelo y un motivo de esperanza.

 

La Academia Malagueña de Ciencias es una Corporación de Derecho Público, sin ánimo de lucro, fundada en el año 1872. Está dedicada al estudio, fomento y propagación del conocimiento científico. Forma parte del Instituto de Academias de Andalucía y es miembro del Instituto de España.

 

VINCULO A LA GRABACIÓN DE LA SESIÓN EN EL CANAL YOUTUBE DE LA ACADEMIA MALAGUEÑA DE CIENCIAS: https://youtu.be/Pthtw2r-qTE

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actualidad