Vie. Sep 18th, 2026

Juan A. Camiñas Hernández

Academia Malagueña de Ciencias

Esta semana he recibido dos noticias separadas que me han hecho pensar en la memoria vacua de los españoles con la ciencia. La primera de ellas se produjo el domingo 7 de septiembre a través de Radio Nacional de España, emisora que emitió un programa dedicado a dos mujeres excepcionales: la francesa Jeanne Barret, descubridora de la buganvilla, la extraordinaria planta tan común en Málaga, y la segunda Ángeles Alvariño, hija primogénita de Antonio Alvariño, médico de Serantes (Ferrol, La Coruña) y de la pianista María del Carmen González Díaz-Saavedra.

Desde muy joven le gustó la lectura y la música y a los tres años ya sabía leer y había aprendido solfeo y piano. En 1952 logró una plaza por oposición de bióloga oceanógrafa en el Laboratorio Oceanográfico de Vigo del Instituto Español de Oceanografía (IEO). Dedicó su vida al estudio del plancton marino y alcanzó el máximo reconocimiento en Estados Unidos y en varios países más donde sus trabajos fueron referentes, y también recibió algunos homenajes es España (se puede escuchar la narración completa, en la que colabora mi buen amigo Alberto González Garcés, oceanógrafo y biógrafo de Ángeles Alvariño).

La segunda noticia se refiere a un artículo resumido en el Nature briefing del miércoles 10 de septiembre de 2025, hablando del fitoplancton y que resume un interesante artículo sobre especies indicadoras de cambio climático que pese a ser prácticamente invisibles son fundamentales para regular el clima y proveernos de alimentos marinos. Me llama la atención de ambos documentos que en el primero, Ángeles Alvariño, ya en los años setenta del siglo XX, nos daba las claves para entender lo que ocurría en las masas de agua oceánicas a partir de la caracterización de especies planctónicas indicadoras de las mismas. Así, una masa de agua, identificable a lo largo de todo el océano o del mar Mediterráneo por sus características físico-químicas, también se caracteriza por las comunidades biológicas, del fito y el zooplancton que las habitan, atrayendo a depredadores de la cadena trófica hasta el nivel superior, como son los atunes, lo que facilita su localización y en su caso, la pesca.

Si en un lugar determinado del área de distribución de una corriente oceánica no encontramos esas especies indicadoras (Alvariño profundizó en el estudio de los quetognatos principalmente, extraordinarios depredadores dentro del zooplancton), con seguridad científica se están produciendo cambios muy importantes en la corriente/masa de agua, bien porque han variado alguna de sus condiciones fundamentales -temperatura y salinidad-, bien porque ha variado la profundidad a la que encontramos esa corriente por efecto de nuevos incrementos en su temperatura y por variaciones importantes en su densidad.

Los autores del artículo publicado en Nature nos hablan de ese calentamiento y señalan que, “a pesar de prosperar en aguas tropicales cálidas, el fitoplancton (que produce aproximadamente una quinta parte del oxígeno de la Tierra) podría verse diezmado por el calentamiento global”. Esos autores han descubierto que las tasas de división de Prochlorococcus (una cianobacteria del plancton) disminuyen drásticamente en temperaturas superiores a 28℃, lo que podría suceder dentro de 55 años, si se desarrollan escenarios de calentamiento moderado o alto. «Están en la base misma de la red alimentaria y alimentan todo lo demás: los peces comen especies que se alimentan del fitoplancton y nosotros comemos a los peces» (…) «Cuando se producen cambios en el planeta que influyen en estos organismos planctónicos que esencialmente nos alimentan, eso va a tener grandes consecuencias”.

En los años setenta del siglo pasado, el jefe del Departamento de Biología Marina del IEO me impulsó a trabajar en la biología y ecología de los quetognatos, un grupo de especies indicadoras de masas de agua, de gran utilidad en el estudio del ecosistema pelágico del Mar de Alborán, trabajo que comenzamos a realizar en el Laboratorio Oceanográfico de Málaga en 1978 con muestras biológicas de una campaña oceanográfica realizada en el año 1976. Entonces comencé a entender la importancia mundial que tenía Ángeles Alvariño, cuya producción científica en el campo de los quetognatos y en la ecología diferencial de las distintas masas de agua, era internacionalmente reconocida.

Había comenzado en el IEO, pero pronto se trasladó a Reino Unido. En 1953-54 fue la primera mujer científica en un buque oceanográfico británico, el Sarsia. A partir de 1956 realizó sus investigaciones en Estados Unidos. Cuando la conocí trabajaba en el Scripps Institution of Oceanography, Universidad de California en San Diego, La Jolla, en Estados Unidos y muy pronto le estaba pidiendo copias (separatas) de sus trabajos sobre quetognatos en los distintos mares del mundo. Era difícil y lento el proceso y el correo, pero los autores, en lugar de enviar como ahora se hace el velocísimo correo electrónico con una copia pdf, se enviaban una separata en papel con una amable dedicatoria, con las que fuimos componiendo una cierta relación personal. Yo tenía un manual que ella había realizado en el IEO, que me permitió adentrarme en el mundo fascinante de los quetognatos, reconocerlos y realizar varias publicaciones sobre esa comunidad del mar de Alborán colaborando en el conocimiento de la composición biológica de las masas de agua que lo atraviesan.

En un tiempo, los primeros años setenta del siglo pasado, en el que salir al extranjero era muy difícil y más aún ir a un centro de investigación a trabajar, el hecho de que Ángeles Alvariño estuviera desde hacía más de veinte años en una prestigiosa institución norteamericana me impresionaba sobremanera. Que atendiera a un joven biólogo que quería iniciarse en el complejo mundo de la ecología de los quetognatos, me permitió entender pronto la naturalidad y cercanía que caracteriza a los grandes científicos como lo era Ángeles Alvariño. Guardo, entre las cosas que van siendo recuerdos profesionales, una felicitación de Navidad numerada, que me envió. Representa, pintados por ella, los cuatro estados de desarrollo del quetognato Sagitta nagae (Alvariño 1967), una de las nuevas especies que, entre otras 22, había identificado y descrito años atrás y que trasformó en aquella Navidad en felicitación para el grupo de especialistas de muchos países del mundo que en aquellos años intercambiábamos por correo postal experiencias y publicaciones. A quienes escuchen la narración de RNE o lean el libro de González Garcés sobre la vida de Ángeles Alvariño verán que durante su estancia en Estados Unidos, estudió muestras de plancton para entender el colapso que estaba sufriendo la población de sardina en la costa de California y sus pesquerías, y participó en la el Programa CalCOFI (The California Cooperative Oceanic Fisheries Investigations), que investigaba los factores abióticos y bióticos que afectaban a las poblaciones marinas para mejorar su gestión, en particular la sardina. Sus investigaciones contribuyeron al entendimiento del fenómeno de El Niño y su impacto en el ecosistema marino. Después de dejar Scripps Institution of Oceanography, Alvariño se unió al Southwest Fisheries Center, donde se centró en la biología del atún blanco analizando su abundancia y distribución y continuó sus estudios sobre el zooplancton. Publicó un trabajo exhaustivo sobre sifonóforos del Pacífico, revisando su distribución mundial. Comenzó a relacionar el zooplancton con las pesquerías, analizando interacciones entre depredadores y larvas de peces y describió nuevas especies de sifonóforos y quetognatos, manteniendo su enfoque en la sistemática y ecología. Ángeles Alvariño se jubiló en 1987, pero continuó su labor científica y formativa, realizando numerosos trabajos y recibiendo reconocimientos. Publicó más de 100 artículos científicos y describió 22 nuevas especies. Su última publicación fue en 2003, un libro sobre la expedición Malaspina. Falleció en La Jolla el 29 de mayo de 2005, dejando un legado significativo en la oceanografía mundial.

Ángeles Alvariño recibió numerosos reconocimientos por su trabajo y contribuciones a la ciencia. En 1993, los reyes de España Juan Carlos I y Sofia le otorgaron la Medalla de Plata de Galicia por su relevancia internacional. Se instauró el «Programa Ángeles Alvariño» para apoyar a doctores recientes en Galicia. El IEO nombró a su buque de investigación más moderno en 2012 en su honor y en 2015, la Real Academia Galega de Ciencias le dedicó el «Día da Ciencia en Galicia”. Figura en la Encyclopedia of World Scientists, donde están los 1000 científicos del mundo más importantes de todos los tiempos. En 2020 fue incluida entre las “Mujeres Investigadoras en los Archivos Estatales (1900-1970)” del portal de Archivos Estatales (PARES). Hoy la recordamos y reconocemos desde la Academia Malagueña de Ciencias.

*Juan A. Camiñas Hernández es académico de número y científico titular del Instituto Español de Oceanografía. Ha sido director del Centro Oceanográfico de Málaga.

4 comentario en “DRA. ÁNGELES ALVARIÑO GONZÁLEZ: LA OCEANÓGRAFA ESPAÑOLA MUNDIALMENTE RECONOCIDA”
  1. Muy interesante y maravilloso dar a conocer a esta mujer inteligente a nuevas generaciones. Gracias


  2. Gracias Juancho, por mostrarnos la talla científica y humana de Ángeles Alvariño y que de ser desconocida para mi pasa a partir de ahora, a ocupar un espacio de admiración entre las científicas españolas adelantadas a su tiempo y que han mostrado al mundo sus capacidades y habilidades.


    Los quetognatos ya forman parte de mi conocimiento del zooplancton marino.


    Enhorabuena!


  3. Enhorabuena por tu preciosa publicación sobre Ángeles Alvariño, Juancho. Transmites con mucho afecto, acierto y respecto su importancia, así como tu amor por tu disciplina y la investigación científica.

  4. Enhorabuena. Reconocer el trabajo de Ángeles Alvariño por la Ciencia en general y nuestros mares en particular es empezar a pagar una deuda contraída y nunca, nunca terminada de liquidar. Y más aún en un mundo, el suyo, en el cual el hecho de ser mujer científica les obligaba a un esfuerzo aún mayor, cercano en muchos casos a lo imposible. Enhorabuena de nuevo amigo Juancho.

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