Vie. Sep 18th, 2026

Elena Bárcena Martín

Academia Malagueña de Ciencias

Existe un consenso científico amplio: la crisis climática no afecta a todas las personas por igual. Las olas de calor, sequías, inundaciones o inseguridad alimentaria recaen con mayor intensidad sobre las poblaciones con menos recursos. Las personas con menores ingresos suelen vivir en zonas más expuestas, en viviendas menos preparadas y con menor capacidad para adaptarse o recuperarse de eventos climáticos extremos. Así, la crisis climática actúa como un intensificador de las desigualdades sociales preexistentes.

Sin embargo, en los últimos años ha cobrado fuerza otra pregunta: ¿Cómo influye la desigualdad económica en la crisis climática? El World Inequality Lab, vinculado a la Paris School of Economics, es un centro de referencia internacional en el estudio empírico de la desigualdad y publica el Climate Inequality Report. El informe, que salió a la luz en octubre de 2025, aborda, entre otras, esta pregunta y sostiene que la distribución de la renta y la riqueza no solo determina la vulnerabilidad frente al calentamiento global, sino que también desempeña un papel central en la generación de las emisiones que lo impulsan. A diferencia de otros enfoques centrados en comparaciones entre países, el informe dirige la atención a las diferencias dentro de cada sociedad, analizando las emisiones asociadas a distintos niveles de renta y riqueza.

El Climate Inequality Report combina datos fiscales, patrimoniales y ambientales para analizar cómo la crisis climática y las políticas para mitigarla interactúan con la desigualdad económica global. Entre sus hallazgos más relevantes destaca que las emisiones están altamente concentradas en los grupos de mayores ingresos. Según las estimaciones del informe, el 10 % más rico de la población mundial genera aproximadamente el 47 % de las emisiones globales, mientras que el 50 % más pobre apenas contribuye con un 10 %.

Estos datos ponen de manifiesto que el problema climático no puede entenderse únicamente como la suma de decisiones individuales homogéneas. Las diferencias en emisiones no se explican solo por el tamaño de la población, sino sobre todo por patrones de consumo profundamente desiguales. Mientras una parte significativa de la población mundial apenas genera emisiones para cubrir necesidades básicas como alimentación, vivienda o movilidad esencial, los grupos de renta alta concentran emisiones asociadas a estilos de vida altamente intensivos en energía, como el transporte aéreo frecuente, grandes superficies residenciales, elevado consumo de bienes y servicios, y uso intensivo de recursos.

El informe distingue entre emisiones de subsistencia y emisiones de lujo, una distinción clave para comprender la dimensión social de la crisis climática. Las primeras se vinculan a actividades básicas necesarias para la supervivencia, predominantes en los grupos de menores ingresos, mientras que las segundas responden a patrones de consumo intensivo y acumulación de riqueza. Reducir las emisiones de quienes apenas contribuyen al problema plantea dilemas evidentes y ofrece un margen de actuación limitado. En cambio, orientar las políticas hacia los grupos de mayores ingresos resulta más coherente y eficaz, dado que concentran una proporción sustancial de las emisiones globales y poseen mayor capacidad para financiar la transición hacia economías bajas en carbono.

Uno de los aspectos más innovadores del Climate Inequality Report es que asegura que una parte sustancial de las emisiones atribuibles a los grupos más ricos no proviene de su consumo cotidiano, sino de su control sobre actividades económicas altamente contaminantes. Los datos son claros, el 10 % más rico genera cerca del 47 % de las emisiones por consumo, pero concentra el 77 % de las emisiones derivadas de la propiedad de activos. En otras palabras, cada persona del 1 % superior de la distribución emite más de 25 veces lo que emite, en promedio, un individuo por la propiedad directa de activos. Además, estas emisiones superan incluso su cuota de riqueza global, lo que demuestra que la contaminación asociada al capital está más concentrada que la riqueza misma.

Desde esta perspectiva, la desigualdad económica no solo determina quién consume más, sino también quién decide qué se produce y cómo se produce. Las decisiones de inversión que se toman hoy marcan el rumbo de las emisiones durante décadas. Así, la concentración de la riqueza se traduce en una concentración del poder para definir el modelo productivo, con consecuencias climáticas de largo alcance.

Este enfoque ayuda a entender una paradoja frecuente: quienes más contribuyen al calentamiento global suelen ser también quienes disponen de más recursos para protegerse de sus efectos, mientras que quienes menos emiten son los más expuestos a sus impactos. Las desigualdades en renta y riqueza generan, por tanto, una doble asimetría: en la responsabilidad climática y en la vulnerabilidad frente a sus consecuencias.

Las implicaciones del informe son relevantes tanto para la investigación científica como para el diseño de políticas públicas. En el ámbito académico, subraya la necesidad de integrar el análisis de la desigualdad en los estudios sobre cambio climático, superando enfoques centrados únicamente en la tecnología o en la física del sistema. En el plano político, advierte del riesgo de aplicar medidas climáticas que, bajo una apariencia de neutralidad, pueden resultar regresivas si no se consideran las diferencias en renta, consumo y responsabilidad. Solo una gobernanza multinivel, que articule la acción de Estados, regiones, diputaciones y ayuntamientos, puede ofrecer respuestas eficaces. Cada nivel institucional debe asumir medidas que reconozcan la relación bidireccional entre ambos fenómenos: la desigualdad alimenta el cambio climático y este, a su vez, profundiza las brechas sociales. Incorporar esta perspectiva en las políticas públicas es esencial para garantizar una transición ecológica justa y sostenible.

*Elena Bárcena Martín es académica de número y catedrática de Economía de la Universidad de Málaga.

Imagen de cabecera debida a Zoshua Colah en Unsplash.

Un comentario en «DESIGUALDAD Y CRISIS CLIMÁTICA: UNA RELACIÓN BIDIRECCIONAL»
  1. Excelente articulo que de forma clara nos pone de manifiesto una realidad, que aunque pudiéramos intuir, no estaba respaldada por la evidencia científica.

    La corrección de esas consecuencias de la relación bidireccional entre el cambio climático y las capas mas desfavorecidas de nuestra Sociedad, debe ser un reto a afrontar, desde una amplia perspectiva multinivel.

    Enhorabuena, Elena!

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