Vie. Sep 18th, 2026

Ricardo A. Salas de la Vega*

Academia Malagueña de Ciencias

La oportunidad de escribir este artículo, surge como consecuencia de la visita al lagar de Torrijos, situado en el corazón del Parque Natural Montes de Málaga, que organizó la Academia Malagueña de Ciencias con motivo de la celebración del Memorial José Ángel Carrera, de este año 2024.

La idea central no es escribir sobre los pagos de viñas, del vino, de la filoxera, del Guadalmedina y de los lagares de los “Montes de Málaga”, pues son temas recurrentes y suficientemente tratados por especialistas en la materia, aunque sí los referiremos para enmarcar el protagonismo que tuvo y tiene el lagar de Torrijos como equipamiento “vivo” en el que se condensan estos elementos temáticos.

Nos adentramos en la historia de la mano de la obra “Conversaciones Históricas Malagueñas”, por su contenido, reflejado en su otra denominación como “Materiales de noticias seguras para formar la Historia Civil, Natural y Eclesiástica de la Muy Ilustre Ciudad de Málaga”, que está dividida en dos partes: el estado antiguo y el moderno; estando separadas por el hecho histórico de la toma de Málaga por los Reyes Católicos en 1487. Su autor, el canónigo de la catedral de Málaga, Cristóbal Medina Conde (Granada 1726 -Málaga 1798), aunque las escribió bajo el seudónimo de Cecilio García de la Leña, que era un sobrino suyo, presbítero. La razón de este proceder fue que le estaba prohibido publicar con su nombre por haber sido acusado de falsificar determinados hallazgos arqueológicos en el Albaicín granadino. Se escribieron entre 1789 y 1793, y narran las conversaciones entre un malagueño y un extranjero deseoso de conocer historias de Málaga, entre ellas, todas las que se relacionaran con el vino.

En las Conversaciones se da una idea del clima, del temperamento y de la fertilidad de los pagos malagueños. Intuimos, a tenor de la descripción tan pormenorizada que se hace en ellas de las variedades que Plinio recogía, que algunas de ellas eran las existentes en Málaga, antes de la llegada del famoso, Pero Ximen o Pedro Ximenez, característico de esta ciudad. Esta variedad se caracteriza por ser “uvas blancas, dulces como el azucar y de color como la cera, transparentes y claras de pellejo dócil”. Todo apunta a que esta variedad procedía de Alemania, y que habría sido traída por un tal Pedro Simón. La información de su nombre, origen y modo de cultivarlo, así como de los pagos que lo producen mejor, se desarrolla en la Conversación III.

Se hace referencia a lo que Martín de Roa en su obra “Málaga: su fundación, su antigüedad eclesiástica y seglar” escribía en 1622 acerca de la existencia de viñedos al norte de la ciudad en los que se recogían 20.000 pipas de vino, de las cuales 15.000 salían al extranjero por el mar; si cada pipa contenía 30 arrobas, daba una producción de 600.000 arrobas. En esta época existían en la jurisdicción 6.000 lagares, entre grandes, de viga o husillo y pequeños, de mano. En 1771 según los datos del marqués de Chinchilla, Síndico de la Ciudad y de la Congregación de Viñedos, en el quinquenio 1765 al 1769, la cosecha ascendió a cerca de tres millones de arrobas. Como curiosidad decir que, en 1791 la emperatriz Catalina II de Rusia concedió a los vinos de Málaga la libre franquicia en todos los puertos rusos, decisión en la que tuvo mucho que ver el malagueño Miguel de Gálvez y Gallardo, por entonces embajador en esa corte.

En las Conversaciones, se recoge que cuanto más áspera y montuosa fuera la tierra, mejor vino producía y que el clima malagueño las favorecía pues se indica que “ni el calor las abrase, afogare, tueste o queme, ni el frio las hiele y entorpezca”. La distribución de las viñas, se hacía por pagos, distinguiendo los pagos tempranos, pagos tardíos y pagos de enmedio, Los tempranos se localizan en laderas de solana y más cercanas a la costa, daban uvas desde el mes de junio para mesa, aunque mayoritariamente se recogían en agosto para dar vinos secos y abocados, pero especialmente el denominado vino “tierno” que Plinio lo describía como aquel que se hacía de uvas soleadas siete días y pisadas al octavo. Era un vino caro pues de siete u ocho arrobas se obtenía solo arroba y cuarto de vino y se solía utilizar para suavizar y dulcificar otros vinos. En los pagos de enmedio la cosecha se recoge a principios de septiembre y soportaban temperaturas tanto cálidas como frías, son vinos secos abocados, pero con más fuerza que los tempranos. En los pagos tardíos, también llamados de “los Montes” se encuentra el protagonista de nuestro artículo, el lagar de Torrijos, al encuadrarse en el Alto Chaperas, daban los mejores vinos y son los que dieron fama a los vinos de Málaga, se describen como “los más suaves, fragrantes, fuertes, espiritosos y especiales de España y aún de la Europa”.

Bodega del Lagar de Torrijos (Cortesía de Eduardo Braña)

Episodio trascendente en la historia del vino malagueño fue la plaga de la filoxera, causante de una gran revolución en la distribución e incluso en la desaparición del cultivo de la vid, en muchas zonas. Se detectó por primera vez en España en la provincia de Málaga, finca La Indiana en Moclinejo, presumiblemente por la importación de plantas francesas infectadas, procedentes de Burdeos. A pesar de que la fecha de la aparición de la filoxera, se oficializa con la ley de 30 de julio de 1878, “dictada para evitar la difusión y propagación de la Phylloxera vastratix”, dado que en Málaga la infección se hizo sensible en dos años (Muñoz,1878), lo normal es que hubiera entrado antes y que desde Málaga la enfermedad se dispersara por distintos puntos de Andalucía con relativa rapidez, En la provincia malagueña se indica que en 1888 ya no quedaban cepas de moscatel ni de Pedro Ximen.

Al insecto causante de la enfermedad se le ha conocido y conoce por varios nombres. Taxonómicamente en 1854 se describía por el entomólogo Asa Fitch como Pemphigus vitifolii aunque un año después se cambia la especie a vitifoliae, y Schimer posteriormente le cambia el género a Daktulosphaira, que es uno de los dos nombres más utilizados, el otro más empleado hasta nuestros días es con el que el francés Planchon lo describe para la ciencia en 1868, Phylloxera vastatrix (Graells, M. P. 1878,1881).

Los síntomas de la filoxera se caracterizan en el caso la forma gallícola, propia de las vides americanas, por unos abultamientos fruto de un mecanismo defensivo de la planta frente al ataque del insecto, consistente en la formación de agallas en las partes de las hojas donde el insecto ha realizado la puesta, similares a las formaciones que también producen los quejigos. Al segundo año son característicos los bordes amarillentos de las hojas y la caída de las uvas antes de madurar, finalizando con la muerte de la cepa. En el caso de la forma radicícola, propia de las vides europeas, las picaduras se producen en el sistema radical, que es donde se aprecian esas tumoraciones, esto provoca un mal funcionamiento del sistema y la planta termina muriendo.

En lo económico, no todo el mundo piensa que pueda achacarse al insecto la crisis de los viñedos malagueños a finales del siglo XIX, al menos en su totalidad. Para algunos, ya antes de la plaga puede observarse una pérdida de competitividad de los vinos malagueños frente a los vinos franceses que, por otra parte, tuvieron una mejor recuperación de la plaga y que en el caso concreto de los Montes de Málaga se debieron además a factores socioeconómicos fruto de un empobrecimiento de los pequeños productores. Gran parte de los viñedos fueron sustituidos por olivar de baja rentabilidad, olivares que en buena medida acabarían por abandonarse a principios del siglo XX.

Prensa (cortesía de Antonio Martín)

Elemento determinante en nuestra historia, fue la inundación que el río Guadalmedina provocó en la ciudad de Málaga en septiembre de 1907. Fue la última gran inundación que el río venía provocando desde principios del siglo XVI, fruto de la deforestación de su cuenca. Dado lo estudiado que está este tema, incluido por este autor (Salas, 1993, Montes de Málaga: Una acción forestal integral: como transformar una zona agrícola en un parque natural. I Congreso Forestal Español. Ponencias y Comunicaciones, Tomo IV: 69-73, Lourizán), diré tan sólo que se redactó un proyecto de corrección hidrológico forestal en la cuenca del río y que para su ejecución se declaró en 1928, la zona de utilidad pública de cara a la expropiación forzosa que se llevó a cabo con la adquisición de 114 lagares a través de 13 propuestas. Para el caso que nos ocupa, como es el lagar de Torrijos, decir que se incluyó dentro de las dos primeras propuestas, junto con otros veinte lagares, teniendo lugar su adquisición entre los años 1929 y 1930. El paraje al que pertenecía, Chaperas, por su proximidad al arroyo de este nombre y al que los malagueños terminaron denominando como el “azote de Málaga”, fue donde se empezó la corrección hidrológica con la construcción de 21 diques de mampostería hidráulica y las primeras repoblaciones, construyéndose para ello un vivero en la zona.

Desde su adquisición por el Estado, el Lagar de Torrijos estuvo habitado por personal laboral de la Administración, prácticamente hasta principios de los años noventa del pasado siglo, en el que se empezó a adecuar para su transformación actual como Ecomuseo, sirviendo también como punto de información del Parque Natural Montes de Málaga.

(Imagen cortesía de José B. López Quintanilla)

La historia secular del vino en el lagar, viene a desaparecer con la filoxera, y especialmente al tener ese nuevo destino desde el año 1931, como fue la repoblación de los terrenos que antes habían ocupado los viñedos. Esta situación se mantiene hasta el año 1978 en que el Ingeniero de Montes, Alfonso Braquehais, decide restaurar parte del lagar y sobre todo la prensa de husillo existente. Una vez recuperada para su uso, junto con el también Ingeniero  Miguel Álvarez, procedieron a realizar nuevamente la pisa de la uva, en tan emblemático lugar, embotellando el vino obtenido, una vez finalizada la fermentación alcohólica del mosto. Esta operación se siguió realizando durante la década de los años ochenta, con el fin exclusivo de recuperar una tradición que llevaba décadas sin realizarse.

Con la declaración del Parque Natural Montes de Málaga, esta actividad demostrativa de cómo se llevaba a efecto “la pisa” se potencia, pues entre los objetivos del Parque se encuentra el “establecer el adecuado desarrollo de los usos y aprovechamientos que tradicionalmente se han venido ejerciendo”, Para ello en la década de los años noventa, este autor en su calidad de Director Conservador de este espacio protegido, impulsó la adaptación integral del lagar, a las actividades tradicionales del vino y el aceite, así como de las actividades complementarias que se realizaban alrededor de estas faenas agrícolas, entre las que se incluyó la plantación de cepas de la variedad Pedro Ximen en el cortafuegos de Fuente la Reina, cien años después de su desaparición filoxérica. La Fiesta de la Vendimia, celebrada desde entonces en el lagar, en el mes de septiembre, y que actualmente se realiza con el apoyo fundamental del Grupo Forestal de la Asociación de Amigos del Jardín Botánico de La Concepción, es un momento muy especial para todos aquellos que hemos participado en la recuperación de esta secular tradición y que, de forma moderada, hacemos nuestro el lema que Miguel Álvarez estampó en las botellas del vino, «Vinus laetificat cor hominis» (El vino alegra el corazón de los hombres).

*Ricardo A. Salas de la Vega es jefe del Servicio de Gestión del Dominio Público Hidráulico. Dirección General de Planificación y Recursos Hídricos. Demarcación Hidrográfica Cuencas Mediterráneas Andaluzas. Junta de Andalucía.

Imagen de cabecera cortesía de José B. López Quintanilla

0 comentario en “EL LAGAR DE TORRIJOS, SÍMBOLO DE LA CULTURA DEL VINO DE MÁLAGA”
  1. Gracias Ricardo por este jugoso repaso histórico a tantas cosas que confluyen en los montes de Málaga y el lagar de Torrijos: la reforestación de ese lugar, la gestión singular del arroyo Chaperas para reducir o eliminar las inundaciones seculares de Málaga, las tradicionales viñas de los montes y sus muy deseados vinos, con su histórica caída debida a la filoxera, la recuperación de elementos industriales tradicionales, como es la maravillosa prensa del lagar de Torrijos, la fuerza de las asociaciones, como es el muy activo Grupo Forestal de la Asociación de Amigos del Jardín Botánico de La Concepción, el papel decisivo de tantos ingenieros y responsables de las administraciones para la buena gestión de los montes de Málaga, y en general de lo público, etc., etc. Hay que leer varias veces tu documentada historia para no perderse ni un detalle de todo lo que encierra.

    Y doy fe de que el vino que se produce anualmente en ese lagar, recuperando tradiciones con las nuevas viñas y las nuevas generaciones de ingenieros, es de gran calidad.

    1. Muchas gracias Juancho, por tus comentarios!

      Como bien sabes, el origen del texto se encuentra en un pequeño aparte en la bodega vieja del lagar, que dio lugar a una imagen, por ti captada y con Eduardo Conejo de testigo, y que vino a sembrar en mi cabeza la posibilidad de alargar dicho momento con este pequeño documento.

  2. Muchas gracias por mostrarnos esta historia del Lagar de Torrijos y los montes de Málaga. Ciertamente la recuperación del mismo para actividades divulgativas y de conocimiento de nuestro entorno es todo un acierto. El pasear por los alrededores del Lagar en ese enclave dentro del Parque Natural de los Montes de Málaga es una delicia, hay que agradecer a la Administración Pública, a las gestiones realizadas por los funcionarios que han participado en su mantenimiento todo lo relacionado con este paraje.

    Enhorabuena Ricardo

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