Vie. Sep 18th, 2026

Federico J. C-Soriguer Escofet*

Academia Malagueña de Ciencias

Todos saben lo que fue la escuela peripatética de Aristóteles, fundada en el año 335 a. C.  en Atenas y cuyo nombre procede de la palabra griega peripatêín que significa “ambulante” o “itinerante”, pues el maestro, según la tradición, paseaba con sus discípulos, reflexionando sobre la vida. 

Hoy he tenido la suerte de asistir a una sesión peripatética organizada por la Academia Malagueña de Ciencias (AMC) y coordinada por el académico Ricardo A. Salas de la Vega, como parte del Memorial José Ángel Carrera Morales que cada año celebra la institución. En este caso se ha organizado una visita guiada a los Montes de Málaga, ese gran espacio, hoy natural pero artificialmente creado entre 1930 y 1950.  No voy a hacer en esta breve crónica ni la historia de la reforestación, ni recordar la contribución imprescindible de José Ángel Carrera, el insigne ingeniero de montes, quien fue presidente de la Sociedad Malagueña de Ciencias (SMC),a la gestión de los espacios naturales de Málaga. Otros con más títulos que yo, estoy seguro que lo harán también. Yo aquí solo quiero dejar constancia, como alumno aventajado, de lo que he aprendido, pero sobre todo de lo bien que me lo he pasado en esta visita guiada a estos Montes de Málaga que de tan cercanos que nos están apenas si reparamos en ellos, en su riqueza botánica, ecológica y paisajística. Porque el Parque Natural de los Montes de Málaga, es el testimonio de un empeño humano que ha conseguido que alrededor de la ciudad haya  este gran  bosque  allí donde en el primer cuarto de siglo, especialmente después del abandono de los viñedos por la plaga de filoxera de 1877, solo había un monte ralo sometido a las erosiones y escorrentías con las grandes lluvias que no solo hicieron que se fuera perdiendo el suelo fértil,  lo más valioso que los humanos tenemos, sino que inundaban la ciudad periódicamente, inundaciones que están escritas en la memoria de todos los malagueños. 

El Dr. Ingeniero de Montes, Froilán Sevilla Martínez, explica a los asistentes algunos detalles de lo que se puede observar en la masa forestal. Junto a él, el coordinador del «Memorial José A. Carrera Morales 2024» Dr. Ingeniero de Montes, Ricardo A. Salas de la Vega.

Pero lo que más me ha gustado de este día (permítanme que personalice esta crónica), ha sido lo que arriba hemos llamado “una visita peripatética” que sin remontarnos tan lejos no sería sino la continuidad de una tradición que en España fue recuperada por la Institución Libre de Enseñanza (ILE) -ese gran proyecto de regeneración, fundada en 1876 y disuelta por la dictadura en 1939-.  La AMC se siente continuadora de aquella gran obra de la ILE, incorporando, por ejemplo, una de sus líneas pedagógicas más señeras como la de enseñar, educar, aprender utilizando como instrumento pedagógico los viajes y las excursiones. Y esto es lo que hemos hecho hoy quienes nos tocaba estar a este lado (escuchar y preguntar), acompañados por ingenieros de montes y biólogos, muchos de ellos responsables en estos momentos de la gestión de buena parte de patrimonio forestal e hidrológico de nuestra provincia.   Y es aquí donde, además, hemos asistido a un sutil debate, un debate de guante blanco, ciertamente, pues afortunadamente los tiempos han cambiado, entre la manera de entender la gestión de la naturaleza por los ingenieros y por los académicos representados aquí por los biólogos.

Creo que el lema de las escuelas de ingeniería es “Saber es Hacer”. Hacer con conocimiento. No sé cuál es el lema de los académicos representados aquí hoy por los biólogos, pero bien podía ser el del Richard Sennet, el gran pragmatista norteamericano quien en su libro “El Artesano” habla de “Hacer es pensar”. Aunque los términos del lema están invertidos si uno los saca de las comillas los dos significan lo mismo (Hacer con conocimiento). La mayoría de los ingenieros y biólogos que han ido haciendo comentarios a lo largo de los caminos forestales que nos han llevado  al lagar de Torrijos -un precioso y antiguo edificio con una vieja prensa de madera del año 1843, aun en funcionamiento-, tienen la suficiente edad como para haber vivido  el conflicto entre dos maneras de entender la gestión de la naturaleza, una la de los ingenieros presuntamente productivista y la otra la de los biólogos representados por los ecólogos de la primera ola, radicalmente conservacionista.

Lo que hemos visto hoy en las numerosas conversaciones y preguntas que se iban produciendo a lo largo del camino es que la sensibilidad ecológica ha permeado el alma de los ingenieros y que los ecólogos han dejado de levitar y aterrizado, que es una de las consecuencias a las que conduce el conocimiento. Porque unos y otros han terminado asumiendo que el mundo es mucho más complejo de lo que cabe en una cabeza, sea de un ingeniero o de un académico, que los humanos forman parte de esa naturaleza que ya no es natural, pues nada permanece ajeno a la presencia humana y que cualquier cosa que se haga debe de contemplar el futuro. Como en cualquier otra intervención humana es inevitable establecer algún tipo de prioridades y hablando de la conservación de los bosques y de lo montes, la prioridad hoy, sobre todo, es la conservación de los suelos, pues los suelos son el principal patrimonio natural, un patrimonio prestado de otras generaciones anteriores del que solo somos depositarios, por lo que cada generación tiene la obligación de mantenerlo o mejorarlo para las siguientes.  

El autor de la crónica, Dr. Federico Soriguer, junto al resto de caminantes reponen sus fuerzas en la Venta Galwey de los Montes de Málaga.

Hay muchos modelos y el Dr. Froilán Sevilla Martínez, autor de un libro de referencia: “Una teoría ecológica para los montes ibéricos”, quien daría por la tarde una conferencia titulada “Una selvicultura asentada sobre la ecología”, recogía ya desde el título de la misma, este viejo conflicto entre “la realidad y el deseo” que ha representado las dos maneras extremas de enfrentarse a lo que algunos radicales han llamado el “suicidio de lo natural”. La primera Escuela de Ingenieros de Montes se creó en España en 1848. El primer plan de estudios de Biología o Ciencias Biológicas un siglo después, en 1953. Los que estamos ya más cerca de los ochenta que de los setenta conocimos a aquellos primeros egresados de biología que iban con nocturnidad arrancando los eucaliptos que por la mañana habían sembrado los ingenieros de montes y los forestales. Pero, no hay nada como el conocimiento para acercar a las personas.

Hoy lo hemos disfrutado mientras la brisa del mar se abría paso entre las cañadas y las umbrías de los montes de Málaga, en una mañana que más parecía de primavera que del invierno esperado de un mes de febrero, incluso en Málaga.  Aunque tal vez haya también contribuido el vino de los montes con el que la Asociación de Amigos del Jardín Botánico-Histórico La Concepción nos obsequiaron en el lagar de Torrijos y la comida de confraternización en la Venta Galwey durante la que un médico endocrinólogo como el que firma esta crónica se tuvo que tragar todos sus discursos sobre la dieta mediterránea.  Pero todo sea por una jornada inolvidable.

*Federico J. C-Soriguer Escofet es médico. Académico de Número de la Academia Malagueña de Ciencias y Coordinador de la Sección de Ciencias Sociales y Humanidades.

0 comentario en “LA ACADEMIA SE VA A LOS MONTES. CRÓNICA EN CLAVE PERIPATÉTICA”
  1. Gracias por la crónica Federico. Queda constancia en ella de todo cuanto aconteció, incluidas discusiones y opiniones diversas entre disciplinas que miran el mismo objetivo con distintos ojos, que es el gran papel que juega nuestra academia de manera inmejorable. Tuvimos la suerte de estar allí y de recordar y reflexionar con tu crónica. Enhorabuena

  2. Federico, magnífico relato,. No sólo de esa peripatética jornada mañanera sino de un «debate»  felizmente superado, entre dos maneras de enfocar situaciones y que la lógica y el conocimiento, han conducido a unir fuerzas actuando pluridisciplinarmente frente a un objetivo común, que no es otro que dejar un mundo natural,mejor, que el que heredamos.

  3. Gracias, Federico, por tu espléndida crónica de la visita a Los Montes de Málaga. Este es un espacio natural que amo y en el que llevo desarrollando mi trabajo enológico desde hace años (Voladeros, Camarolos y La Ola del Melillero) para preservar un cultivo ancestral de este hermoso paisaje, que es la viña, y llevar el nombre de Los Montes de Málaga a algunos de los mejores restaurantes del mundo. Es un ecosistema único en el mundo y está muy vivo.

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