Mercedes Siles Molina
Academia Malagueña de Ciencias
La respuesta a la pregunta: ¿cuál es la principal misión de la Universidad? depende del colectivo a la que vaya dirigida. La comunidad investigadora responderá que la investigación; el alumnado, que la docencia; una parte de la sociedad mencionará que formar a profesionales competentes; otra, que preparar a ciudadanas y ciudadanos. La primera misión de la Universidad, la principal desde mi punto de vista, es proporcionar una educación de calidad. Y esos dos términos: “educación” y “calidad”, contienen la esencia de lo que la Universidad es, son los receptáculos de las cualidades que constituyen lo que, en cada momento histórico, cada sociedad considera que debe ofrecerse a quienes acuden a la Universidad.
La investigación, que consiste en hacerse preguntas y buscar respuestas cuando se quiere comprender mejor la realidad, es consustancial a una universidad que no pierde de vista su principal misión, que busca transmitir ese conocimiento profundo de la realidad. No en todas las épocas, ni en todos los lugares, ha sido igual de floreciente ni se ha mantenido un nivel creciente de la misma. En nuestro país, un instrumento muy importante para estimular la actividad investigadora ha sido el conocido como sexenio de investigación, puesto en marcha en 1989 a través del Real Decreto 1086/1989, de 28 de agosto, sobre retribuciones del profesorado universitario, del Ministerio de Relaciones con las Cortes y de la Secretaría del Gobierno. Se planteó como un complemento de productividad personal, y tuvo la virtud de colocar a España en una buena posición a escala internacional: solemos estar alrededor del puesto 10 a nivel mundial en lo que a número de publicaciones científicas respecta. El procedimiento para conceder dicho sexenio consiste en valorar la investigación hecha cada seis años por el personal de las instituciones de educación superior y de investigación y, si es considerada de suficiente calidad, la persona solicitante recibe un complemento de, en torno a un 5% de su salario (este porcentaje, en el caso de profesorado universitario, se calcula sobre: sueldo + complemento de destino + complemento específico). Para otorgarlo, se hace una evaluación de mínimos: se requieren cinco aportaciones en seis años.
Hay comportamientos faltos de ética por parte de algunos investigadores, que tienen una producción fuera de lo común. Recientemente se han hecho públicos ejemplos de personas que puede llegar a publicar 10 o más artículos científicos al mes, y se utiliza este hecho, en modo alguno generalizado en la comunidad investigadora, para atribuirle la culpa de esta desviación al sistema, al que nombran como “publica o muere”. Compárese lo que se requiere: cinco aportaciones cada seis años, con lo que se obtiene gracias a esos comportamientos depredadores: más de 10 aportaciones mensuales. ¿Es el sistema el que produce estas desviaciones? ¿No será la falta de principios de algunos miembros de ese sistema?
Esta puesta en valor de la investigación a través del complemento de productividad que la mide, trajo consigo numerosos beneficios y, como todo sistema que se implanta, ha hecho florecer a lo largo del tiempo efectos perniciosos que cabe corregir. Uno de ellos es el de la desvalorización de la docencia; otro, que casi olvidamos seguir haciéndonos preguntas que den respuestas a cuestiones próximas a la realidad de la sociedad en la que vivimos. Las universidades tienen deberes y compromisos para con la sociedad, y estos se cumplen transfiriendo el conocimiento adquirido a dicha sociedad.
En 2020, el Ministerio de Universidades y la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) pensaron que el asunto de la desvalorización de la docencia podría corregirse gracias a la puesta en marcha de un sexenio docente, es decir, un reconocimiento de los méritos docentes a través de un sistema de valoración de los mismos, similar en concepto al de los sexenios de investigación. La actualización en 2021 del programa DOCENTIA de ANECA se llevó a cabo, entre otras razones, para sentar las bases de un futuro sexenio docente. Es verdad que existen los quinquenios docentes, pero en muchas universidades todo el personal docente los consigue, con independencia de la calidad de su labor. El sexenio docente no sustituiría al quinquenio docente, lo complementaría; sería un incentivo para mejorar la calidad docente de las instituciones. Es de esperar que este reconocimiento a la principal de las misiones de la Universidad se ponga en marcha.
Sobre el compromiso con la sociedad y con el entorno, la comunidad universitaria percibe, cada vez con mayor fuerza, que debe implicarse más. Retos como los que plantean los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y no sólo, encajan en el ámbito de la investigación, y, sobre todo, en el de lo que se conoce como transferencia de conocimiento a la sociedad. En el contexto que nos ocupa, ¿qué es transferir conocimiento a la sociedad? Significa llevar a la práctica los conocimientos académicos y científicos, así como sus resultados, para que la sociedad se beneficie de ellos. La transferencia de conocimiento no es docencia, no es investigación. Es un paso más en el acercamiento a la sociedad.
Los siguientes son ejemplos de la transferencia de conocimiento realizada en las instituciones de educación superior y de investigación españolas: asesoramiento para la realización de proyectos de regeneración de áreas urbanas; estudios y análisis de los efectos de ciertos fármacos en el tratamiento de determinadas enfermedades; realización de modelos para el transporte y almacenamiento de materiales; asesoramiento para la implantación de sistemas de vigilancia medioambiental; diseño de redes logísticas; creación de spin-off biotecnológicas; estudios e informes para el tratamiento de residuos con objeto de reducir el impacto medioambiental; informes sobre el impacto económico del uso del agua; informes para el reciclado y la reutilización de aguas procedentes de plantas industriales; estrategias para la penetración de alimentos españoles en mercados internacionales; elaboración de estrategias para la tutela y protección de bienes culturares; participación estable en programas de televisión para la divulgación científica… Todos ellos fueron evaluados positivamente en la convocatoria piloto del sexenio de transferencia.
Un exhaustivo trabajo llevado a cabo por ANECA, tras el aprendizaje que dicha convocatoria y su análisis proporcionaron, con el objetivo de obtener un sistema de valoración de la transferencia claro, sencillo, transparente, consensuado por quienes la hacen (personas e instituciones), que, además, estuviera preparado para cuando desde el Gobierno se pusiera en marcha una convocatoria estable, engloba los méritos de transferencia en los siguientes epígrafes: (1) Convenios, proyectos y contratos para la realización de trabajos de carácter científico, técnico o artístico que generen valor económico a través de la transferencia de conocimiento. (2) Participación en convenios, contratos y ayudas que tengan por objeto el desarrollo de proyectos con valor social o cultural. (3) Cátedras institucionales y de empresas que constituyan una fórmula de colaboración con instituciones públicas y privadas. (4) Transferencia de conocimiento realizada al amparo de servicios desempeñados en entidades públicas o privadas. (5) Participación en proyectos, en régimen de concurrencia competitiva, para la realización de actividades en el ámbito del fomento de la cultura científica, tecnológica y de la innovación. (6) Derechos de propiedad intelectual en explotación derivados de la actividad investigadora. (7) Participación en el equipo promotor de Empresas Basadas en el Conocimiento a partir de la actividad investigadora. (8) Participación en la realización de ensayos clínicos.
Existe transferencia de conocimiento a la sociedad desde la universidad, así como desde las demás instituciones de educación superior y de investigación, como hemos puesto de manifiesto. Quienes gobernaban nuestro país hace cinco años hicieron una apuesta valiente para poner en valor ese trabajo, cuyo objetivo es que la sociedad se beneficie de la investigación y del conocimiento atesorado por dichas instituciones mediante acciones que contribuyan al bienestar social, cultural, medioambiental, tecnológico, económico, político y ético, entre otros. Queda aún mucho camino por recorrer para que la transferencia de conocimiento sea una actividad asentada en el colectivo investigador y cuente con reconocimiento pleno. Se ha de tener muy presente el principio de reciprocidad: la investigación, el conocimiento, deben llevar consigo compartir y aportar valor a la sociedad. Es de esperar que el nuevo Gobierno de España ponga en marcha una convocatoria estable del sexenio de transferencia para revalorizar ésta y potenciar dicha reciprocidad. Los mimbres están bien armados.
*Mercedes Siles Molina es Catedrática de Álgebra en la Universidad de Málaga. Miembro del IGIUMA. Académica de número de la Academia Malagueña de Ciencias.
Foto de cabecera debida a Hunter Harritt en Unsplash

Interesante planteamiento de base y notable información para los no conectados con la aplicación derivada de la actividad de las universidades y centros de investigación. El complejo sistema investigación-trasferencia- ejecución-mejoras sociales tiene mucho por mejorar, pero puede ser eficiente poniendo interés social en todos los niveles del sistema.