Ricardo A. Salas de la Vega
Academia Malagueña de Ciencias
Recientemente, en una conferencia impartida en la sede de nuestra Academia y cuyo contenido versaba sobre innovación y tecnología, salió a relucir el término de Ecosistema Digital, el cual, aunque empieza a manejarse, más popularmente, en los últimos años, su origen podemos asociarlo a los inicios de este siglo. La pregunta de un licenciado en Ciencias Biológicas al conferenciante mostrando su extrañeza por la utilización del concepto ecosistema en el contexto tecnológico digital, nos brinda la oportunidad de reflexionar acerca de esta cuestión.
Antes de hacer un poco de historia de los conceptos Ecología y Ecosistema, exponemos sus definiciones más utilizadas por los científicos, es decir: Ecología “Parte de la biología que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con el medio en el que viven, junto con los procesos ecológicos”, y Ecosistema “Parte de la Ecología que se ocupa de los componentes bióticos y abióticos de una comunidad biológica estable que opera como una unidad funcional ”, se emplea también el término ecosistema para indicar una “unidad natural de partes vivientes o inertes, con interacciones mutuas para producir un sistema estable en su medio ambiente”. El biólogo británico Tansley (1935) lo definió como un ‘‘sistema biológico constituido por una comunidad de seres vivos y el medio natural en que viven’’.
El naturalista alemán Alexander Von Humboldt (1769-1859) en sus estudios no sólo pretendía, describir como otros naturalistas de su época, sino que buscaba siempre explicaciones y relaciones entre el medio y los organismos que lo poblaban. Al entender que la naturaleza era una gran red de interrelaciones, anticipa la noción de ecosistema al tiempo que intuye el significado de las especies clave.
El término ecología fue utilizado por primera vez mediante el neologismo Oekologie, procedente del griego Oikos, que significa, “el espacio físico donde habita la unidad social básica”, por el naturalista alemán Ernst Haeckel (1834-1919) en el año 1866. En 1869 dio una definición más concreta entendiendo como ecología, al conjunto de conocimientos referente a la economía de la naturaleza. Se puede entender, por tanto, que su idea al describir esta ciencia era integradora al tratar sobre el organismo y el lugar donde vive, el medio ambiente. Las ideas de Charles Darwin (1809 -1882), tuvieron gran influencia sobre el pensamiento de Haeckel.
La química Ellen Swallow (1842-1911), fue la primera científica que utiliza la palabra ecología, en el año 1892. Definió la ecología como un concepto muy ligado a las personas: “la ciencia de las condiciones de salud y bienestar de la vida humana diaria” (Dyball & Carlsson 2017). Esta definición más humanista y adelantada a su tiempo puesto que venía a relacionar los aspectos ambientales y sociales, es decir incluía al hombre como especie, fue tan novedosa que no se aceptó por la comunidad científica de su tiempo y se retomó la definición de Haeckel que se puede considerar la que ha servido de base a todas las definiciones posteriores del término ecología. Al principio era un término científico de uso restringido, y se popularizó a principios de la década de los sesenta, con los movimientos de carácter ecologista y ambientalista.
Como hemos dicho, el ecosistema se ocupa de la composición y la estructura de los organismos y su relación con el medio ambiente, siendo la estabilidad una propiedad inherente al mismo. Consta por tanto de la biocenosis o conjunto de organismos vivos, y el biotopo o medio ambiente en que viven estos organismos.
A partir de los años 80, el ‘boom’ de la conciencia ambientalista se incorpora en nuestras vidas, evidentemente con efectos positivos en muchos aspectos pero actualmente también con un enfoque no tan claro y que podríamos identificarlo con ese ecologismo “urbanita” que, desde las ciudades, contempla los bosques, el medio natural en definitiva, como “paisajes” o “museos” que hay que conservar intactos a toda costa sin intervención humana, sin ser conscientes de que es precisamente esa intervención la que permite cuidar esos ecosistemas y protegerlos.
Esa sociedad hipersensibilizada, tanto ante elementos trascendentes, como el cambio climático, la liberación a la atmósfera de toneladas de CO2, la pérdida de biodiversidad, como a otros más nimios, como puede ser la corta de un solo árbol, una gastronomía más saludable, una cultura del ejercicio físico, del bienestar y que ha escogido como referentes, palabras tales como sostenibilidad, medio ambiente, naturaleza, biológico etc., es al mismo tiempo una sociedad cada vez más tecnológica y en la que la información digital tiene un gran protagonismo. Esta revolución tecnológica se acelera hace algo más de veinte años en que se empiezan a desarrollar las tecnologías basadas en las TIC, que son técnicas de información y comunicación digital. Empresas líderes en este campo, como las integrantes de las GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) que empezaron a funcionar a caballo entre los siglos XX y el XXI, son claro ejemplo de los trascendentales cambios que se produjeron en este periodo y que hoy día ya forman parte de nuestras vidas.
Se define como ecosistema digital a “una red de usuarios, productos y servicios tecnológicos que funciona con el fin de alcanzar unos objetivos, al compartir datos y funcionalidades, generando y gestionando enormes cantidades de datos big data”. En consecuencia, en él se pueden realizar conexiones interactivas al tiempo que se facilita el intercambio con otros ecosistemas vinculados, pero que son controlados por cada ecosistema digital. Son como stakeholders ampliados a productos y servicios, es decir externalidades que influyen en una organización pero que a su vez están siendo influenciadas por ella. Este cambio en la generación y contenido de la información, da lugar a nuevas actitudes sociales de consumo, participando el usuario, bien consciente o inconscientemente, en el desarrollo e implantación de los productos.
Los ideólogos del concepto se apoyan en que, así como en la naturaleza somos parte de un ecosistema que nos conecta unos con otros, también existen ecosistemas y entornos en el mundo digital. En ese universo se establecen relaciones entre usuarios, productos y servicios cuyo impacto se extiende sobre todas las esferas de actividad humana. La tecnología forma parte de nuestras vidas y en la que cada vez nos apoyamos más para vivir, trabajar y socializar.
Un crecimiento desordenado del ecosistema digital, puede dar lugar a situaciones de inestabilidad, circunstancia que no se suele dar en los ecosistemas naturales en los que la estabilidad ha de ser una de sus principales características. Ejemplo de esto lo tenemos en la reciente crisis en el denominado ecosistema de Silicon Valley, motivado por la caída del “organismo” financiero SVB, del cual dependían gran cantidad de empresas tecnológicas emergentes con grandes posibilidades de crecimiento, por tanto, necesitadas de financiación, y que se comercializan a través del uso de las tecnologías TIC (startups). Esta situación puede provocar un cambio en el sector financiero tecnológico, empezando por arrastrar a otros bancos similares, incluso en Europa, tal y como estamos viendo en estos días de marzo de 2023. El medio ambiente digital, en este caso se caracteriza por la globalidad.
Podemos establecer este concepto de Ecosistema Digital, como fruto de la adición de dos palabras que definen a nuestro mundo, actualmente con tendencia a la incertidumbre.
*Ricardo A. Salas de la Vega es jefe del Servicio de Gestión del Dominio Público Hidráulico. Dirección General de Planificación y Recursos Hídricos. Demarcación Hidrográfica Cuencas Mediterráneas Andaluzas. Junta de Andalucía.
La imagen de cabecera está tomada de www.unplash.com y se debe a Joshua Sortino.

Muchas gracias Ricardo. Es curioso ver como a las palabras les ocurre como a los ríos, que periódicamente desbordan su cauce original e inundan y fertilizan nuevas tierras. Así con la palabra ecología, que surgida para nombrar las relaciones entre los seres vivos entre sí y su medio ha terminado para identificar cualquier espacio en donde haya interconexiones, como ocurre hoy en tu excelente artículo con la ecología digital. Nada que objetar salvo advertir del peligro de las palabras comodines que lo mismo sirven para un roto que para un descosido.
En todo caso Ricardo enhorabuena por aclararnos las ideas
Felicitaciones por la breve lección magistral sobre este concepto.
Ecosistemas Naturales o Digitales y Comunidades Sociales, los primeros tienen la fortuna de la objetividad y las Comunidades Sociales, como sistema organizativo, incorporan intencionalidad subjetiva, que puede ser desafortunada, como la referenciada gestión bancaria o el desenlace en conflictos bélicos, en ambos casos con cualificado soporte digital.