Juan Antonio Camiñas Hernández
Academia Malagueña de Ciencias
La cooperación animal se ha definido de diferentes maneras, ya sea como la acción simultánea o consecutiva de dos o más individuos mediante comportamientos iguales o diferentes para lograr un objetivo común o, también, como un tipo de comportamiento de un individuo que proporciona un beneficio a otro. Los individuos pueden pertenecer a la misma especie o a especies diferentes. La denominada cooperación intraespecífica implica a dos o más individuos de la misma especie. Las especies que exhiben tales comportamientos a menudo viven en grupos sociales. Por otro lado, la cooperación interespecífica supone interacciones que benefician a dos o más especies al mismo tiempo. En la literatura ecológica, tales interacciones se denominan mutualismo. Los mutualismos más conocidos involucran especies de diferentes niveles tróficos. Sin embargo, existen algunas que se producen entre especies del mismo nivel trófico (Bronstein y Sridhar, 2024).
La cooperación entre animales o distintas especies de fauna terrestre o marina, es un hecho notable de la evolución estudiado ampliamente por etólogos y que ha dado origen a interesantes obras científicas. La cooperación, como otras formas de evolución del comportamiento social, generalmente tiene efectos positivos para especies que conviven en el mismo ecosistema, que se alimentan o pueden alimentarse al mismo tiempo en un mismo nivel trófico, y en el que una especie aprovecha el esfuerzo o la actividad alimentaria de la otra para alimentarse a su vez. Este último es el caso de las gaviotas que son vistas en ocasiones a escasos metros de la orilla frente a las playas del Palo o de la Malagueta en Málaga.
Las gaviotas que aprovechaban esa cooperación frente a nuestra costa, en su gran mayoría de la especie patiamarilla (Larus michahellis) se aprovechaban del trabajo de un grupo activo de delfines alimentándose. Los delfines mulares observados (Tursiops truncatus) son frecuentes en la costa de Málaga y bien conocidos por los pescadores de cerco y artesanales, porque son capaces de comer parte de la pesca de las traíñas y también de los trasmallos, rompiendo durante el proceso de hacerse con parte de la captura el arte de pesca para acceder a sus especies favoritas. Evidentemente los pescadores nunca han estado conformes con tener que compartir con los delfines los recursos que habían capturado.
El delfín mular es un cetáceo marino cuyo tamaño medio es de unos 3 m para los machos, y algo más pequeño para las hembras, aunque hay bastante variabilidad en las tallas. Su coloración es gris oscuro casi negro en el dorso y flancos, y prácticamente blanco en la parte ventral. Presenta aspecto robusto, hocico corto y se observa formando grupos en los que conviven machos, hembras y crías. Forman grupos de tamaños muy variables, entre 2 y 25 animales, aunque en algunas ocasiones se han llegado a ver grupos de cerca de un centenar.
Los cetáceos se agrupan en manadas para realizar su vida normal, pero, algunas especies, utilizan tácticas de grupo para los momentos del día en los que se alimentan, persiguiendo distintos bancos de peces a los que arrinconan cerca de la superficie, por lo que algunas de las presas, en su huida, salen fuera del agua, siendo aprovechado ese momento por las aves marinas para capturarlos. Hemos podido observar en distintas ocasiones y años, el aprovechamiento de las gaviotas que habitan las costas del mar de Alborán con la presencia de delfines alimentándose, un espectáculo que solo requiere atención a lo que ocurre en el mar y, en ocasiones, unos pequeños prismáticos que nos permitirán observar detalles del comportamiento de las aves y los delfines.
Las presas perseguidas (pueden ser sardinas, alachas, caballas u otros pelágicos) salen a la superficie el momento en que las persiguen, y en la huida se produce un intento de escape hacia la capa más próxima del aire, saliendo durante unos instantes fuera del medio marino donde viven. Es en ese momento cuando las gaviotas, aprovechan para capturar los peces, un poco atontados por la persecución y las sacudidas que les han propinado los delfines. Las gaviotas comen en la superficie marina porque no bucean y no pueden perseguir a los peces, como sí hacen, por ejemplo, los cormoranes que también vemos en nuestra costa. Detenerse a observar el revoloteo de gaviotas mientras aparecen las aletas de los delfines alrededor y ver saltar los peces es participar de un espectáculo único que, podemos ver en documentales de televisión, pero también cerca de nuestras playas paleñas.
En las áreas tropicales de los océanos mundiales son frecuentes distintas especies de túnidos que han sido pescados tradicionalmente por flotas locales, pero que a partir de finales (años 90) del siglo XX, comienzan a ser explotados por flotas muy tecnificadas de países europeos, americanos, asiáticos, etc. Para la pesca de esas especies de atunes se utiliza, principalmente, un arte de cerco con jareta que tiene grandes dimensiones y que puede alcanzar 2.000 m de longitud y unos 300 m de calado, variando en función de las características y potencia del barco, así como de las especies objetivo. La pesca la realizan aprovechando la alta tecnología que llevan a bordo, pues esta flota está dotada de los más avanzados equipos para la detección, captura y conservación de los atunes, incluyendo una moderna red de comunicaciones y sistemas de teledetección, que proporcionan información vía satélite de la localización de los cardúmenes asociados a objetos flotantes balizados, permitiendo planificar la estrategia pesquera. También se equipa el puente de mando con radares (incluso de aves, ya que éstas se asocian frecuentemente a los bancos de atunes), sonares, sondas y otros sistemas de posicionamiento y detección. Habiendo llegado esa pesca a límites no deseables, dañina para las especies asociadas y la naturaleza, se han creado instrumentos legales y de control para evitar la matanza indiscriminada de delfines y otras especies asociadas a las pesquerías de túnidos, como son tiburones, tortugas, rayas, aves, etc.
Uno de los casos más conocidos de asociaciones de especies en el océano y que ha traído largas controversias internacionales es la existente entre delfines, atunes y aves marinas en el océano Pacífico. Esa asociación ha sido el origen de importantes investigaciones científicas de biólogos marinos y de especialistas en especies explotadas por la pesca (entre ellos un buen número de científicos españoles), con el fin de comprender mejor el comportamiento de la asociación entre los delfines, los atunes y las aves marinas. Según estudios de la Comisión Internacional responsable de la conservación y ordenación de atunes y otras especies marinas en el Océano Pacífico oriental, en la región oriental tropical son comunes grandes agregaciones mixtas que incluyen especies de delfines, atunes, tiburones, y aves marinas. Especies fundamentales de esas agregaciones son el delfín manchado (Stenella attenuata) y el atún aleta amarilla (Thunnus albacares), esta última es especie objetivo de las pesquerías de flotas locales y foráneas.
Los pescadores han aprovechado esta asociación durante décadas porque los delfines son más fáciles de ver a distancia, y así lo es también seguir y capturar los bancos de atunes que nadan debajo de ellos. Inicialmente, los pescadores localizaban las manadas de delfines por la presencia de aves marinas que las sobrevuelan para aprovechar los peces que saltan, como vimos en el caso de Málaga; luego echarían peces vivos al mar como cebo para atraer a los atunes a la superficie y capturarlos con sus aparejos de caña y sedal, de forma selectiva y artesanal. Pero hacia mediados de la década de 1960, la pesquería con caña fue mayoritariamente sustituida por otra dominada por grandes barcos atuneros con redes de cerco que usaban los delfines no solo para localizar los atunes asociados, sino que se les perseguía y cercaba intencionadamente para capturar los atunes. Esas prácticas producían la captura también de miles de delfines al año y la muerte de un gran número de ellos.
Tras años de discusiones y protestas contra esa pesquería industrial de cerco asociada a los delfines, se creó la marca Dolphin Safe para incluirla en las etiquetas de las latas de atún capturado bajo determinadas premisas: surgió para proteger a los delfines que nadan sobre los bancos de atún e indica que los atunes enlatados con ese indicativo han sido capturados sin dañar a los delfines acompañantes y también que no se utilizaron redes de cerco sobre delfines para capturar el atún. Es una certificación internacional gestionada por el Earth Island Institute (EII), que garantiza que el atún fue capturado sin acosar, perseguir, herir o matar delfines. Pero la propia Comisión de atunes del Pacífico mencionada, estableció su marca certificada y alcanzó un Acuerdo sobre el Programa Internacional para la Conservación de los Delfines de 1998 (APICD), que incluye su certificación “APICD Dolphin Safe”, que requiere un documento expedido por la autoridad nacional competente, probatorio de la calidad Dolphin Safe del atún y productos derivados, de conformidad con la definición del Sistema de Seguimiento y Verificación del Atún del APICD.
El asunto de protección de los delfines asociados a la pesca de atunes ha tenido un impacto mundial. En Estados Unidos, el Programa de Seguimiento y Verificación del Atún, establecido en virtud de la Ley de Información al Consumidor para la Protección de los Delfines, es el medio mediante el cual NOAA Fisheries (el departamento de Pesca de la Agencia Nacional de Estados Unidos para los Océanos y la Atmósfera) supervisa el cumplimiento del etiquetado del atún que garantiza la protección de los delfines. En Europa, teniendo en cuenta que entre Francia y España capturan del orden de 500.000 toneladas de atún por año en la región del Pacífico oriental, el acuerdo APICD no podía quedar fuera de la normativa comunitaria. La UE reconoció el certificado APICD y ratificó el Acuerdo sobre el Programa Internacional para la Conservación de los Delfines (APICD). Además de cumplir con el APICD, en el mercado europeo coexisten sistemas de certificación privados, como el Dolphin Safe. Y a través de normativas como el Reglamento (UE) 2024/897, promueve que el atún comercializado sea capturado sin dañar a delfines.
Por lo que se refiere a España, en 2001 aprobó un Real Decreto por el que se procedía a regular el sistema de seguimiento y verificación del atún capturado por buques españoles en el Área del Acuerdo relativo al Programa Internacional para la Conservación de los Delfines (APICD), de todos los desembarques y transbordos de dichas capturas en puertos y aguas españolas, así como de las operaciones de procesamiento que se realicen en el territorio nacional para su comercialización interna o con destino a la exportación. Todo ello sin perjuicio de la aplicabilidad directa de los Reglamentos comunitarios que se aprobarían con posterioridad. La finalidad era facilitar la aplicación del programa de seguimiento y verificación del atún capturado en el Área del Acuerdo APICD.
Sin irnos tan lejos, también en la costa Ibérica del Golfo de Vizcaya, tanto pescadores franceses como españoles tienen problemas importantes de interacciones con delfines afectando a una flota muy importante que deberá cumplir un riguroso plan impuesto por Bruselas, que necesita de la colaboración ciencia-pesca-administración, para encontrar las soluciones y reducir la importante captura de delfines por la pesca. La asociación entre especies marinas ha servido para sorprendernos del comportamiento colaborativo de distintas especies marinas, pero también para que los pesqueros encontraran con mayor facilidad los bancos de peces, lo que en muchas ocasiones ha causado importantes problemas a los ecosistemas marinos que la legislación internacional trata de revertir.
*Juan A. Camiñas Hernández es académico de número y científico titular del Instituto Español de Oceanografía. Es secretario de sesiones de la Academia Malagueña de Ciencias.
