Rafael Garesse Alarcón
Academia Malagueña de Ciencias
Cada año se publican numerosos rankings de universidades a nivel mundial, que, aunque reciben críticas de un amplio sector de la comunidad universitaria, es incuestionable que tienen un considerable impacto, tanto académico cómo social y, en gran medida, están asociados a la reputación institucional. En un contexto de universidad global, donde la internacionalización es una de las líneas estratégicas de la mayoría de las universidades, incluidas las españolas, parece sensato admitir que los rankings son útiles y, probablemente, incluso necesarios.
Aunque los rankings de mayor prestigio utilizan una amplia variedad de indicadores específicos, en términos generales todos utilizan indicadores relacionados con la calidad de la investigación desarrollada por las universidades, que suele tener una influencia muy significativa en el resultado final. En este sentido, el más conocido y esperado cada año es el llamado Ranking de Shanghai, el primer ranking de universidades que se publicó y el que otorga un mayor peso a la investigación de excelencia.
El Ranking de Shanghai, el Academic Ranking of World Universities (ARWU), se publicó por primera vez en junio de 2003 por el Center for World-Class Universities (CWCU), Graduate School of Education of Shanghai Jiao Tong University, China, y desde entonces se actualiza anualmente. Desde 2009 se publica por la Shanghai Ranking Consultacy, una organización independiente del gobierno y las universidades. Sus resultados se hacen públicos a mediados de agosto, y tienen una amplia repercusión mediática
ARWU utiliza seis indicadores: número de alumnos (10%) y profesores (20%) que han obtenido el premio Nobel o la medalla Fields; número de investigadores altamente citados (seleccionados por Clarivate, 20%); número de artículos publicados en Nature y Science (20%); número total de artículos publicados en Science Citation Index Expanded y Social Sciences Citation Index en la Web of Science (20%); y estandarización per cápita de los resultados de la universidad (10%). Se clasifican más de 2.500 universidades, aunque solo se publican las 1.000 primeras. Teniendo en cuenta estos indicadores hay dos factores muy determinantes: en primer lugar y de forma destacada la calidad de la investigación y, en segundo lugar, también influye considerablemente el tamaño de la universidad ya que los resultados estandarizados por tamaño solo contribuyen el 10%.
España es actualmente una potencia científica, y ocupa la novena posición mundial en el número de artículos publicados. A ello contribuye de manera decisiva la universidad española, fundamentalmente la universidad pública, que es la responsable de aproximadamente el 70% de los documentos publicados. A priori, deberíamos esperar por tanto que las universidades españolas ocuparan posiciones destacadas en ARWU, algo que está muy lejos de suceder, ya que el ranking no mide sólo el volumen de la investigación realizada, sino muy especialmente su calidad, la investigación de excelencia, aquella que está en la frontera del conocimiento y tiene un alto impacto en la sociedad. Y en este punto, el déficit de la investigación de las universidades españolas es muy grande. Solo hay que recordar que a lo largo de su historia España solo ha tenido dos investigadores galardonados con el premio Nobel en Ciencia, Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa, en este caso por la excelente investigación que realizó en Estados Unidos.
Si revisamos los resultados de 2026 de ARWU, encontramos que solo tres universidades españolas aparecen entre las 300 primeras, la Universidad de Barcelona (posiciones 151-200; las universidades se agrupan y se listan por orden alfabético) y las universidades Autónoma de Barcelona y Complutense (posiciones 201-300). Otras cuatro universidades ocupan las posiciones 301-400 y otras cinco las posiciones 401-500. Es decir, solo 12 universidades aparecen entre las primeras 500, y otras 18 de entre las posiciones 500 y 1.000. Durante los últimos cinco años 10 universidades españolas han desaparecido del ranking, pasando de 40 (2022) a 30 (2026).
Aunque es cierto que las primeras posiciones la suelen ocupar las universidades de Estados Unidos y China, la presencia de universidades europeas en las primeras 100 posiciones (que en este caso no se agrupan, sino que se ordenan una a una) es significativa (32) y se muestra en la siguiente tabla.
| País | 100 primeras posiciones | 300 primeras posiciones | Número de habitantes (M) | |
| Reino Unido | 8 | 25 | 69.5 | |
| Suiza | 5 | 7 | 9.0 | |
| Alemania | 4 | 21 | 84.0 | |
| Francia | 4 | 10 | 66.6 | |
| Países Bajos | 2 | 9 | 18.3 | |
| Suecia | 2 | 6 | 10.6 | |
| Bélgica | 2 | 6 | 11.7 | |
| Israel | 2 | 4 | 5.6 | |
| Dinamarca | 2 | 3 | 6.0 | |
| Noruega | 1 | 2 | 5.6 | |
| Italia | 0 | 8 | 59.0 | |
| España | 0 | 3 | 49.0 | |
| Finlandia | 0 | 1 | 5.6 | |
Desde el mundo académico se insiste con frecuencia que con la escasa financiación que recibe el sistema universitario en nuestro país los resultados son muy buenos, y es un éxito tener a 29 universidades públicas españolas y una privada (la Universidad de Navarra) entre las 1.000 primeras del mundo, es decir en el top 5% mundial. Aunque esto es cierto, y sin quitar ningún mérito al milagro universitario español, con grandes logros y sin duda esencial en la transformación de España durante los últimos 50 años, también es indudable que estos resultados no se corresponden ni con el potencial económico, ni con el potencial científico de nuestro país. Objetivamente, son resultados muy malos.
En términos generales, es por tanto necesario asumir que, aunque en la universidad española se publica mucho, no se realiza de modo significativo una investigación de excelencia. Esto se puede comprobar también analizando un indicador casi universalmente reconocido que se asocia a la investigación de frontera y excelente en todas las áreas de conocimiento, los Grants del European Research Council (ERC). Recientemente se han publicado los resultados de la convocatoria de 2025 de los Advanced Grants. Este indicador es especialmente relevante ya que se conceden a los investigadores seniors, y por tanto refleja con bastante precisión la presencia de grupos de investigación excelentes consolidados en la institución.
En esta convocatoria, España ha obtenido unos resultados magníficos, en consonancia con el potencial de su sistema científico. Ha sido el cuarto país que más proyectos ha obtenido, 29, solo por detrás de Reino Unido, Suiza y Alemania, superando a Francia. Ello se debe mayoritariamente al éxito de investigadores del CSIC y otros OPI del Estado y de los Centros Regionales, particularmente de Cataluña. La aportación de las universidades ha sido sin embargo muy modesta teniendo en cuenta su relevancia cuantitativa en el sistema científico-técnico español. Han obtenido solo 8 proyectos, cinco de ellos en Cataluña (UPF, 3; UAB y UB) y uno en País Vasco (EHU), Aragón (UNIZAR) y Galicia (USC).
Estos resultados también se justifican con frecuencia en el mundo académico: debido a las actividades docentes, cada vez más exigentes, el tiempo que queda para investigar es reducido. ¡No se puede pedir más a las universidades! Incluso a nivel de responsables ministeriales se ha afirmado en alguna ocasión que las universidades no son centros de investigación, pero olvidando decir que un entorno de investigación de alta calidad lleva asociado casi inevitablemente una docencia de alta calidad.
Puesto que la misión fundamental de todas las universidades es la docencia, ¿qué sucede en otras universidades europeas? Con esta premisa, sería lógico pensar que la aportación del profesorado universitario en la obtención de proyectos del ERC debería muy moderada. Sin embrago, la situación es muy diferente, según se deduce de la siguiente tabla
| ERC Advanced Grants concedidos en la convocatoria 2.025 | ||||||
| Total | Universidades | % Universidades | ||||
| Reino Unido | 62 | 58 | 93.5 | |||
| Alemania | 46 | 25 | 54.3 | |||
| Suiza | 32 | 29 | 90.6 | |||
| España | 29 | 8 | 27.6 | |||
| Francia | 26 | 5 | 19.2 | |||
| Países Bajos | 22 | 18 | 81.8 | |||
| Italia | 19 | 17 | 89.5 | |||
| Bélgica | 12 | 12 | 100.0 | |||
La aportación de las universidades es prácticamente total (80-100%) en la mayoría de los países excepto en España, con otras dos excepciones. En Alemania las universidades han obtenido 58 proyectos, lo que representa el 54.3% del total. Este menor porcentaje respecto a otros países se debe a la fortaleza científica de los Institutos Max Plank, que en la mayoría de los casos son centros que incorporan temporalmente a investigadores de primer nivel de diferentes países, la mayoría de ellos profesores universitarios.
La segunda excepción es Francia, donde la mayoría de los Grants los han obtenido investigadores del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS). La explicación es que, en este país, el CNRS está mayoritariamente integrado en las universidades. Su estructura es la de Unidades Mixtas de Investigación (UMR) que son la columna vertebral del modelo francés. Consisten en laboratorios físicos compartidos donde el CNRS aporta investigadores y financiación, y la universidad proporciona instalaciones y personal docente. Por tanto, un número muy significativo de los investigadores del CNRS trabajan en las universidades, y su integración es tal que muchos de ellos ocupan cargos académicos de gestión en los equipos de gobierno universitario.
Que docencia e investigación de alta calidad son compatibles es por tanto evidente, ya que en las universidades europeas se realiza una investigación de primer nivel. Por tanto, la excusa del tiempo dedicado a la docencia para justificar la ausencia de investigación excelente en las universidades parece que es una característica propia de nuestro país que pone en evidencia los déficits estructurales del sistema universitario español.
Sin ninguna duda la mayoría de las universidades españolas cuentan con profesores excelentes que lideran grupos de investigación muy competitivos. Pero a nivel global su presencia es poco significativa y en muchos casos muy voluntarista. Muchos de ellos trabajan además en centros externos a las estructuras básicas de la universidad (Centros Regionales, Centros mixtos CSIC-Universidad, Institutos de Investigación Sanitaria).
Cabe pues preguntarse, ¿es posible realizar en la universidad una investigación de excelencia que tenga un peso muy relevante en el sistema científico-técnico español? Naturalmente que sí. Un ejemplo lo podemos encontrar en Cataluña, que, en un contexto general muy complicado, lidera actualmente de forma muy destacada el sistema científico-técnico español. Ello es debido a la creación de un elevado número de centros de investigación regionales de excelencia en los que participan las universidades, y a la puesta en marcha de programas de atracción de talento (la referencia es ICREA) que integra investigadores de alto perfil investigador en el sistema, muy especialmente en las universidades. Los resultados son evidentes. De las 21 unidades de excelencia María de Maeztu acreditadas, actualmente 12 se encuentran en universidades de Cataluña, frente a las 3 de la Comunidad de Madrid y Andalucía. De los 350 proyectos del ERC obtenidos por España en todas sus categorías durante el periodo 2020-2025, 166 (47.4%) lo han obtenido centros de investigación e instituciones de Cataluña: 76 las universidades, 77 los centros regionales e Institutos de Investigación Sanitaria y solo 13 los centros del Estado. Los resultados de las universidades catalanas en la obtención de Advanced Grants son muy ilustrativos. De los 41 proyectos obtenidos en el periodo 2020-2025 por el Sistema Universitario Español, 24 (58.5%) lo han obtenido investigadores de las universidades catalanas. Por ponerlo en contexto, en el mismo periodo de tiempo los investigadores de las universidades de Andalucía han obtenido 3 y los de las universidades de la Comunidad de Madrid, 2.
Pero el cambio relevante se necesita a nivel general (de Estado), no solo a nivel regional, y es la introducción de cambios estructurales significativos en las universidades, algo que desgraciadamente no hace la LOSU recientemente aprobada. Aunque su análisis requeriría una profunda reflexión, de un modo esquemático la receta es sencilla y todo el mundo la conoce. Y no es sólo una cuestión de mejorar la financiación, una financiación más justa, que permita incentivar el esfuerzo y erradicar la endémica plaga de la burocracia. La universidad pública española necesita además dos cambios estructurales básicos: un sistema de gobernanza eficiente y mecanismos adecuados para incorporar y promocionar a los mejores profesionales: profesorado, personal técnico y personal administrativo.
Los cambios necesarios se conocen desde hace muchos años, y están avalados por numerosos informes y opiniones de expertos. Pero la voluntad para introducirlos, no solo política, sino la de la propia comunidad universitaria, me temo que es inexistente. Esperemos que vengan tiempos mejores.
*Rafael Garesse Alarcón es catedrático emérito de Bioquímica y Biología Molecular, Universidad Autónoma de Madrid y académico correspondiente de la Academia Malagueña de Ciencias.
