Vie. Sep 18th, 2026

HACIA UN OCÉANO SANO, RESILIENTE Y COMPRENSIBLE: EL VALOR ESTRATÉGICO DE LA OBSERVACIÓN MARINA SOSTENIDA.

Mari Carmen García Martínez

Academia Malagueña de Ciencias

La meteorología se ha sustentado y se sustenta en una densa, robusta y permanente red de observaciones: estaciones en superficie, radares, radiosondas operadas desde globos meteorológicos, boyas, aviones y, por supuesto satélites. Este entramado, financiado de forma continuada por los estados, y coordinado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), ha hecho posible que podamos contar con pronósticos fiables, como los recientes sobre las repetidas “danas” que estamos sufriendo, con sistemas de alerta temprana que protegen vidas y bienes y, además, ha permitido que se haya generado una cultura de prevención del riesgo. Estas observaciones a largo plazo han permitido, asimismo, conocer en profundidad cuál es el clima de cada región del mundo, cuáles son los rangos naturales de variabilidad de las temperaturas, las precipitaciones, etc., y detectar y cuantificar los cambios asociados al calentamiento global. El océano, que es un elemento fundamental del sistema climático global, necesita exactamente el mismo enfoque: sin observaciones sistemáticas y sostenidas, no hay predicción marina fiable, no hay evaluación sólida del cambio climático ni gestión informada de recursos marinos ni seguridad marítima.

Un nuevo marco global: de Niza al Pacto Europeo. El año 2025 marcó un punto de inflexión en la gobernanza marina mundial. La Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos (UNOC3), celebrada en Niza, consolidó el compromiso global de proteger al menos el 30% de los océanos para el año 2030. Este evento no solo subrayó la urgencia de ratificar el Tratado de Alta Mar, sino que sirvió de plataforma para el lanzamiento del Pacto Europeo por el Océano el 11 de junio de 2025.

Este Pacto Europeo es una estrategia integral que busca armonizar la salud del océano con una economía azul competitiva. Entre sus prioridades destacan la protección de la biodiversidad, el apoyo a las comunidades costeras y, de manera crucial, el avance en el conocimiento y la investigación marina. Es aquí donde la observación deja de ser una actividad puramente científica para convertirse en un pilar de la diplomacia y la soberanía de la Unión Europea.

La subida del nivel del mar, el aumento de la intensidad de los temporales, las olas de calor marinas o la proliferación de episodios de hipoxia y contaminación costera impactan directamente en la seguridad, la economía y el bienestar de las zonas litorales. Sin el conocimiento científico adecuado no es posible diseñar estrategias de adaptación costera sólidas ni evaluar su eficacia en el tiempo. Sin embargo, este conocimiento solo puede existir si se sostiene la infraestructura que lo genera: los sistemas de observación.

El principal problema para la observación marina es que el océano, aunque suene a obviedad, está formado por “agua”. Esta afirmación, que puede resultar como mínimo chocante, tiene su importancia, ya que el océano es un medio hostil, vasto y dinámico, difícil de estudiar y entender para seres “terrestres” como nosotros los humanos. A pesar de ello, en las dos últimas décadas se ha construido un sistema que permite la observación del océano, que, aunque aún incompleto, ya sostiene la predicción operativa, los balances climáticos y numerosas decisiones socioeconómicas. Al igual que en el caso de la meteorología, este sistema se basa en tres pilares: continuidad temporal, cobertura y resolución espacio-temporal y calidad de los datos. Sin continuidad, no es posible desarrollar estudios climáticos, sin adecuada cobertura y resolución, no hay pronóstico, y sin calidad, no hay confianza.

A escala global, el sistema de observación oceánica combina plataformas que realizan medidas in situ con observaciones remotas realizadas desde satélites o estaciones costeras, organizadas de forma coordinada por redes internacionales. Los satélites proporcionan cobertura casi global de variables clave como la temperatura superficial del mar (SST), color marino (biogeoquímica superficial), nivel del mar por altimetría, hielo marino, y cada vez con mejor resolución, salinidad superficial. Estos datos son esenciales para estudiar balances de energía entre el océano y la atmósfera, detectar olas de calor marinas, mapear corrientes o monitorizar el aumento del nivel del mar, pero tienen la importante limitación de que proporcionan información solo sobre la superficie del océano.

Para adentrarnos en el conocimiento de lo que en ciencias marinas llamamos la “columna de agua” de forma autónoma, uno de los mayores éxitos de la oceanografía moderna ha sido la creación de la red de perfiladores Argo, que permiten medir la temperatura y salinidad de 0 a 2000m de profundidad cada 10 días con una elevada precisión y de forma autónoma. Esta red cuenta en la actualidad con alrededor de 4200 perfiladores distribuidos por todo el océano (figura 1). Algunos de ellos, los Deep Argo, son capaces de descender hasta los 6000m y los BGC-Argo, añaden variables biogeoquímicas (oxígeno, clorofila, pH, etc.) abriendo la puerta a una vigilancia global del estado ecológico del océano.

Figura 1. Situación de los perfiladores Argo desplegados en el océano en diciembre de 2025.

Existen otros sistemas autónomos de medida como pueden ser los gliders (planeadores submarinos) que pueden operar semanas o meses cubriendo transectos haciendo perfiles de alta resolución física. También se cuenta con líneas de fondeo, ancladas al fondo del mar y a lo largo de las cuales se despliegan equipos a ciertas profundidades para medir múltiples variables oceanográficas durante meses, y que posteriormente son recuperados. A estos sistemas autónomos podríamos añadir boyas de deriva, vehículos autónomos, radares de alta frecuencia (HFR en su acrónimo inglés), etc., (figura 2).

Figura 2. Esquema de un sistema de observación autónomo y satelital. Tomado Whitt et al., 2020.

El problema de estos sistemas es que principalmente aportan datos físicos, y algunos biogeoquímicos, pero no permiten, por el momento, estudiar en profundidad muchos aspectos bioquímicos del ecosistema, por lo que se hace necesario mantener los sistemas de observación clásicos, a partir de campañas oceanográficas que estudian la columna de agua tomando muestras para el análisis físico, químico y biológico, lo que implica la movilización de ingentes recursos no sólo económicos, sino también humanos y tecnológicos. A pesar de estos avances, la observación marina en Europa enfrenta desafíos críticos: fragmentación, falta de recursos estables y una dependencia tecnológica de países no pertenecientes a la UE. Para abordar esto, la Comisión Europea ha lanzado la Iniciativa de Observación del Océano, como elemento transversal del Pacto Europeo para el Océano.

Esta iniciativa responde a una necesidad geopolítica clara. El actual panorama exige que la Unión Europea garantice su autonomía estratégica para que servicios críticos como COPERNICUS no dependan de datos de terceros que podrían verse interrumpidos. El objetivo es pasar de una recopilación fragmentada a un sistema unificado bajo el principio de «recopilación única, utilizaciones múltiples», reduciendo duplicidades y costes administrativos. Además, se proyecta la creación de un Gemelo Digital del Océano (European Digital Twin of the Ocean) operativo para 2030, que permitirá simular escenarios climáticos y evaluar políticas de gestión.

En el ámbito nacional, esta visión se alinea con el Pacto de Estado contra el Cambio Climático y la Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Estos marcos reconocen que las políticas públicas deben cimentarse en el mejor conocimiento científico disponible.

Uno de los puntos más críticos es la necesidad de cambiar el modelo de financiación. La observación del océano no puede seguir dependiendo de proyectos de corta duración o convocatorias competitivas que generan huecos en las series de datos cuando el presupuesto se agota.

La madurez del sistema meteorológico nos enseña que la observación es una infraestructura pública esencial, equivalente a una carretera o un hospital. Por tanto, los sistemas operativos (como las redes de boyas de Puertos del Estado, los programas del Instituto Español de Oceanografía-CSIC, o infraestructuras como el SOCIB) deben estar garantizados a largo plazo mediante compromisos estables de Estado integrados en presupuestos estructurales. La innovación debe seguir siendo financiada por proyectos, pero el mantenimiento del sistema debe ser una responsabilidad gubernamental ineludible.

La Declaración de Niza de 2025 fue clara: nos enfrentamos a una situación de emergencia mundial que requiere un mayor grado de ambición. El Pacto Europeo por el Océano y la nueva Iniciativa de Observación nos marcan el camino hacia una gestión más inteligente y soberana de nuestro entorno marino.

Observar el océano de forma sostenida no es un lujo ni una opción; es una condición necesaria para que cualquier política de adaptación y mitigación tenga fundamento y credibilidad. Solo a través de un compromiso firme, que trascienda los ciclos políticos y se integre en la cultura de prevención del riesgo, podremos asegurar que las futuras generaciones hereden un océano sano, resiliente y capaz de seguir sosteniendo la vida en nuestro planeta.

*Mari Carmen García Martínez es Académica de Número y Dra. en Ciencias. Científica Titular del Instituto Español de Oceanografía.

3 comentario en “HACIA UN OCÉANO SANO, RESILIENTE Y COMPRENSIBLE: EL VALOR ESTRATÉGICO DE LA OBSERVACIÓN MARINA SOSTENIDA.”
  1. una interesante puesta al día de los caminos seguidos hasta la fecha y los que quedan por transitar. Pero en conjunto, todos al unísono, y como base de las políticas nacionales y de la UE en la materia.

    Hemos avanzado poco desde comienzos del siglo XX cuando, reunidos en Madrid los países del Mediterráneo, decidieron crear un programa común de muestreo en estaciones fijas en cada país, para armonizar metodologías y COMPARTIR los datos.

    Un buen artículo que traslada preocupaciones crecientes en relación con los océanos que los comunes mortales desconocen. Enhorabuena

  2. Artículo muy clarificador sobre la importancia de los océanos. He descubierto aspectos que ignoraba sobre los problemas que presentan nuestros mares. Enhorabuena.

  3. Oportuna comparación entre el Sistema Meteorológico y el Sistema de Observación Oceanográfico, y que tiende a aproximar la distancia, que entre ambos existe, por la importancia que tienen los océanos en el clima mundial.

    La estabilidad de la toma de datos que garantizan la rigurosidad en las investigaciones, apoyada en las tres «c» continuidad, cobertura y calidad y apoyada en políticas de estado independientes de las alternancias, deben conducirnos a que la observación oceanografica perseguida sea mas sostenida e inteligente.

    Enhorabuena, M Carmen!

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