Ernesto Fernández Sanmartín
Academia Malagueña de Ciencias
El naturalista Alexander von Humboldt (1769-1859), autor de la obra “Cosmos o Ensayo de una descripción física del mundo”, decía en el preámbulo: Para que esta obra sea digna de la bellísima expresión de Cosmos que significa el orden del Universo, y la magnificencia en el orden, es necesario que abrace y describa el gran Todo; es preciso clasificar y coordinar los fenómenos, penetrar el juego de fuerzas que los producen y pintar, en fin, con animado lenguaje, una viviente imagen de la realidad.
Humboldt fue un científico cuyo interés por la naturaleza será difícilmente superado. Puso especial énfasis en la recolección de datos sobre el terreno y fue un ejemplo para las generaciones posteriores de científicos. Darwin llevaba en el Beagle entre sus libros uno de Humboldt: “Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Mundo”, y en una carta a Henslow (su maestro) en la que decía: Mis sentimientos de admiración por Humboldt se elevan cada vez que lo leo.
Treinta años antes de que Darwin viajara a Suramérica, Humboldt ya había explorado Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Méjico, Cuba y Estados Unidos. Se convirtió en el padre de una ciencia a la que bautizó como Geografía Botánica, y logró determinar la posición del Ecuador magnético de la Tierra confirmando así que los campos magnéticos del planeta varían según la latitud.

Humboldt, que era un hombre con grandes capacidades intelectuales, era una mezcla de geólogo, botánico, zoólogo, y puede decirse que es uno de los iniciadores de la geografía física y la geografía botánica que es la base de la ecología botánica. También puso los cimientos de la climatología, la oceanografía y la meteorología, iniciando una metodología de trabajo que hoy es el fundamento de los estudios de biodiversidad.
Por ello, la Academia Malagueña de Ciencias se propone realizar próximamente una exposición y un ciclo de conferencias sobre tan importante científico. Pero hay algunos aspectos de su trayectoria científica que conviene citar ahora. En primer lugar, se forma como geólogo en la Escuela de Minería de Freiberg (Sajonia, Prusia) donde conoce a los hermanos Elhuyar, logroñeses descubridores del wolframio. Posteriormente, en su estancia en Méjico se relacionará con Fausto de Elhuyar que era entonces director del Seminario de Minería de Nueva España.
Durante su estancia en España esperando el salvoconducto de Carlos IV para desplazarse por la América española, Humboldt realizó toda una serie de mediciones que le permitieron dibujar los dos perfiles topográficos (Sureste-Noroeste, de Valencia a La Coruña, y Noroeste-Sureste, de Tarbes en Francia a Motril) que ponen de manifiesto la existencia de las mesetas ibéricas.
El salvoconducto que le concede Carlos IV decía: Por cuanto ha resuelto el Rey que, Dios guarde, conceder pasaporte a Don Alejandro Barón de Humboldt, Consejero de Minas de S.M. el Rey de Prusia para que acompañado de su Ayudante Don Aimé Bonpland, pase a las Américas y demás posesiones ultramarinas de sus Dominios a fin de continuar el estudio de las Minas y hacer colecciones, observaciones y descubrimientos útiles para las Ciencias naturales; por tanto ordena S.M. a los Capitanes Generales, Comandantes, Gobernadores, Intendentes, Corregidores y demás Justicias o personas a quienes tocare, no pongan embarazo alguno, ni le impidan oír ningún motivo la conducción de Instrumentos de Física, Astronomía y Matemáticas, ni el hacer en todas las referidas posesiones ultramarinas las observaciones y experimentos que juzgue útiles, como tampoco el colectar libremente plantas, animales, semillas y minerales, medir la altura de los montes, examinar la naturaleza de éstos y hacer observaciones astronómicas y descubrimientos útiles para el progreso de las ciencias: pues por el contrario quiere el Rey que todas las personas a quienes corresponda, den al expresado Don Alejandro y a su ayudante todo el favor, auxilio y protección que necesiten. Firmado por Mariano Luis de Urquijo, en Aranjuez a 7 de mayo de 1779.
En sus viajes suramericanos se relaciona con los científicos españoles y entre ellos singularmente con el gaditano José Celestino Mutis, que lo acoge, lo aloja y lo obsequia con una colección de cortezas de quina y cien láminas de su Flora de Nueva Granada. Humboldt, siempre acompañado de Bonpland en Suramérica, trazó mapas de todos los lugares visitados, realizó una carta de navegación de los ríos Orinoco y Negro y demostró la existencia del río Casiquiare que por el Amazonas conectaba el Orinoco y el Negro. Coronó varias cumbres y volcanes y fue registrando altitudes, longitudes, latitudes, temperaturas y datos sobre el magnetismo terrestre. Junto con Bonpland recogió unos 60.000 ejemplares botánicos, 3.000 de los cuales eran nuevos para la ciencia, fruto de lo cual fue su “Ensayo sobre la geografía de las plantas”.
También se relacionó con ilustrados suramericanos, como Bolívar, y durante su estancia a lo largo de un año en Méjico (donde se interesó sobre todo por la economía, principalmente la minera) le permitió escribir su obra escrita en español: “Tablas geográficas políticas del Reino de Nueva España”.
Finalmente, y como colofón a esta sucinta reseña, dice Humboldt de su obra “Cosmos”: Tengo la disparatada idea de plasmar en una sola obra todo el universo material, todo lo que sabemos sobre los fenómenos del cielo y la tierra. El título previsto era “Ensayo de una descripción física del mundo”. Sólo vio editados los cuatro primeros tomos y murió cuando el quinto volumen estaba a medio hacer.
El 6 de mayo de 1859 fallece. Poco más de cinco meses después, el 24 de noviembre, publica Darwin el “Origen de las especies”. Seguro que a Humboldt le hubiera gustado leerlo, como a Darwin los trabajos de Mendel.
*Ernesto Fernández Sanmartín es catedrático de Ciencias Naturales y académico de número, vocal adjunto a la sección de ciencias Matemáticas, Físicas y Naturales.
