Tras el reciente fallecimiento del Exmo. Sr. Don Federico Mayor Zaragoza, Académico de Honor de la Academia Malagueña de Ciencias, queremos dedicar una serie de artículos escritos por diversos académicos que han tenido con él una estrecha relación personal y profesional. El Dr. Rafael Garesse Alarcón, académico correspondiente y ex rector de la UAM, describe sus vivencias con quien fuera su rector en Granada y luego compañero, como catedrático, rector y científico en Madrid.
Rafael Garesse Alarcón
Academia Malagueña de Ciencias
La primera vez que tuve referencia de Federico Mayor Zaragoza fue a principios de los años 70 del siglo pasado, en Granada, ciudad a la que llegué con 18 años recién cumplidos para estudiar Farmacia después de terminar el curso selectivo en el Colegio Universitario de Málaga. En los corrillos de la antigua facultad se comentaba con cierta frecuencia la suerte que teníamos que uno de nuestros profesores, catedrático de Bioquímica, fuera el rector de la universidad: ¡el rector más joven de España, se decía con orgullo!
Aunque debido a sus múltiples obligaciones no nos impartió muchas clases, cada vez que venía a la Facultad, se convertía en un auténtico acontecimiento ya que se trataba de un profesor extraordinario que levantaba pasiones. A nuestra clase se incorporaban estudiantes de otras licenciaturas, Química, Física y hasta Derecho o Filosofía, por el simple placer de poder escuchar su brillante oratoria y por qué no decirlo, su elegante presencia.
A sus dotes de comunicador se unía su destacada trayectoria científica, con importantes contribuciones en el campo de la Bioquímica. Su impulso permitió poner en marcha el diagnóstico precoz de alteraciones metabólicas, que fue la base que permitió desarrollar a finales de los años 70 el entonces llamado “Plan Nacional de la Prevención de la Subnormalidad” que tantas vidas ha salvado. De esta época es su maravilloso ensayo Mañana siempre es tarde, y cómo continuación de esta iniciativa se creó posteriormente en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) el Centro de Diagnóstico de Enfermedades Moleculares (CEDEM), que con tanto talento ha impulsado y dirigido la profesora Magdalena Ugarte, una de las primeras discípulas del profesor Mayor Zaragoza.
Una cualidad que siempre ha acompañado a Federico Mayor toda su vida es su excelente humor. Cuando lo conocí personalmente años después, siempre me contaba multitud de anécdotas y experiencias, algunas de su época de Granada. Coincidiendo con su nombramiento como rector en junio de 1968, numerosas personas le paraban por la calle para felicitarle y darle ánimos. Solo el portero de su casa, Olegario, excelente persona y normalmente sonriente, le miraba con intenso pesar y cuando lo veía hacía gestos de profunda desaprobación “Que pena me da, Don Federico, que pena tan grande me da, repetía. ¿Por qué, querido Olegario, por qué le doy tanta pena?” Le preguntó un día Federico. “Quite usted, quite usted ¡Tener que luchar con tanto enterao!” Nunca ha sido fácil ser rector.
En 1973 se trasladó a la Universidad Autónoma de Madrid, donde uno de sus éxitos más notables fue ser impulsor en 1975 junto a Severo Ochoa, de la creación del Centro de Biología Molecular, un centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la UAM, al que se incorporaron investigadores del prestigio de David Vázquez, Eladio Viñuela, Margarita Salas y Antonio García Bellido. Aunque actualmente cerca de la mitad de los centros del CSIC son centros mixtos con universidades españolas, en aquel momento fue una idea completamente innovadora, que tuvo que vencer más de una reticencia para salir adelante.

En 1977, me incorporé al Instituto de Enzimología del CSIC, que se había trasladado a la Facultad de Medicina de la UAM para que su director, el Dr. Alberto Sols, se hiciera cargo de la enseñanza de la Bioquímica. Todas las semanas nuestro grupo de investigación, liderado por el profesor Roberto Marco, participaba en unos seminarios en el CBM, en la última planta del módulo C-X de la Facultad de Ciencias, muy cerca del despacho del profesor Mayor Zaragoza. En estos años la ciencia española estaba todavía en construcción, y en su desarrollo tuvo un papel fundamental Federico Mayor que ocupó cargos políticos de enorme relevancia y fue ministro de Educación y Ciencia durante los años 1981 y 1982. Aunque la primera Ley de la Ciencia de nuestro país data de 1986 siendo ministro José María Maravall, muchas de las ideas que se plasmaron en la ley provenían de la etapa de Federico al frente del ministerio, con lo que su impacto en el desarrollo de la ciencia española ha sido de enorme trascendencia.
De 1987 a 1999 Federico Mayor fue director general de la UNESCO, una etapa intensa de su vida que le marcó profundamente. Conoció a numerosas personalidades que han influido de una manera muy importante en el mundo, y que Federico repasa con su habitual maestría en su libro Recuerdos para el porvenir. Referentes y valores para el siglo XXI. Su labor al frente de la UNESCO fue extraordinaria, con importantes logros para mejorar el bienestar de todos, el bienestar bien entendido cómo le gustaba decir, y donde cultivó la amistad con políticos de la talla de Nelson Mandela y Mijaíl Gorbachov.
A su regreso de la UNESCO, el profesor Zaragoza se reincorporó a la UAM y creó en el año 2000 la Fundación Cultura de Paz, que se instaló en uno de los pabellones del campus de Cantoblanco y desde donde desarrollaba multitud de actividades con el objetivo de implementar la declaración y programa de acción aprobada en 1999 por la Asamblea General de la Naciones Unidas. Cito textualmente:
«La cultura de paz es un conjunto de valores, actitudes y comportamientos que reflejan el respeto a la vida, al ser humano y su dignidad. Que pone en primer plano los derechos humanos, el rechazo a la violencia en todas sus formas y la adhesión a los principios de libertad, justicia, solidaridad y tolerancia, así como la comprensión entre los pueblos, los colectivos y las personas»
Por sus innumerables méritos, en 2004, la UAM concedió al profesor Mayor Zaragoza su máxima distinción, la medalla de la Universidad.
Aunque habíamos coincidido en algunos Congresos de Bioquímica, mi primer encuentro en la UAM con Federico tuvo lugar durante mi época de vicerrector de investigación y política científica, durante los años 2009-2017, cuando formaba parte del equipo de gobierno del rector José María Sanz. Durante estos años, el profesor Mayor Zaragoza, que siempre ha tenido como referencia vital la universidad, participó en numerosos actos académicos siempre con una enorme implicación y generosidad. Aquí descubrí otras de sus cualidades más importantes, la valentía. Era capaz de defender sus ideas y su punto de vista en cualquier lugar, ante cualquier auditorio, con convicción, pasión y siempre con sutileza y elegancia.

Otra importante cualidad del Profesor Mayor Zaragoza era su capacidad de liderazgo y su visión integradora. A lo largo de 2015 nos reunimos en numerosas ocasiones, en mi caso como vicerrector responsable de los institutos de investigación, para poner en marcha otra de sus innovadoras iniciativas, la creación del Instituto Universitario de Derechos Humanos, Democracia, Cultura de Paz y No Violencia (DEMOS-PAZ) como un instituto mixto entre la Fundación Cultura de Paz y la Universidad Autónoma de Madrid. El instituto contó desde el primer momento con el apoyo entusiasta del rector, José María Sanz, el decano de la Facultad de Filosofía y Letras, Antonio Cascón, la decana de la Facultad de Derecho, Yolanda Valdeolivas y numerosos profesoras y profesores de todas las Facultades y la Escuela Politécnica Superior de la UAM.
Después de numerosas reuniones y mucho trabajo, DEMOS-PAZ fue oficialmente aprobado en el Consejo de Gobierno de la Universidad en febrero de 2016, y desde entonces viene realizando numerosas actividades, que cubren desde la investigación científica, técnica y humanística sobre diferentes temas relacionados con la cultura de paz y la democracia, hasta la difusión en el ámbito internacional y nacional de iniciativas de desarrollo y defensa de los derechos humanos.
Durante mi etapa de rector, entre 2017 y 2021 compartí con Federico no solo numerosos actos académicos, sino muchos momentos de conversación, alguno de ellos de un modo distendido comiendo en uno de sus restaurantes favoritos, un mesón cercano a nuestro campus de Cantoblanco. Siempre creativo, positivo, con buen humor, con una honestidad, generosidad e inteligencia excepcional; su amistad ha sido un auténtico privilegio. En aquellas conversaciones repasaba su estancia en Oxford en el laboratorio del profesor Hans Krebs, sus comienzos en Granada, su paso por la vicepresidencia del CSIC y su abrupta salida de este organismo, las enormes dificultades que se encontraron para crear el CBM y sobre todo sus numerosas anécdotas mientras fue director de la UNESCO. Y con frecuencia repetía su fe el futuro, cada ser humano único, capaz de crear, nuestra esperanza. Hoy es posible, inaplazable, inventar el futuro.
Maestro incomparable, ha sido y seguirá siendo fuente de inspiración para muchos de nosotros y sin duda un ejemplo a seguir para los jóvenes. Siempre con la mirada alta y con una visión a largo plazo sus logros en el ámbito de la educación, la ciencia y la cultura son incontables. Federico tenía sin duda alma de hombre del Renacimiento, y una de sus facetas, quizás algo menos conocida, fue la de poeta, donde cuenta con varios poemarios publicados. Por ello quiero finalizar esta breve semblanza con una de sus poesías, que tuve el honor de que me dedicara, y que guardo como un tesoro:
Atardece,
y la luz
no haya cobijo.
Tendremos que renovar
los sedimentos,
los posos de renuncia
y apatía:
tendremos
que reavivar la lumbre
en el ocaso,
porque la noche
se anuncia larga
y fría.
Nunca
sabemos el trecho
que queda
por delante.
Sólo el crepúsculo
realza la gravedad
y el valor
de cada instante.
Y como termina el precioso obituario que escribió su amigo y estrecho colaborador de DEMOS-PAZ Carlos Giménez, catedrático emérito de Antropología Social y Aplicada de la UAM, “Muchas gracias por todo, y, por favor, sigue estando con nosotros que te seguimos necesitando… y cada vez más”.
*Rafael Garesse Alarcón es académico correspondiente de la Academia Malagueña de Ciencias y Catedrático Emérito de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Autónoma de Madrid.

Muy interesante. Gracias