Tras el reciente fallecimiento del Exmo. Sr. Don Federico Mayor Zaragoza, Académico de Honor de la Academia Malagueña de Ciencias, queremos dedicar una serie de artículos escritos por diversos académicos que han tenido con él una estrecha relación personal y profesional. La Dra. Magdalena Ugarte describe hoy en primera persona (como discípula y colaboradora suya), de forma entrañable, algunas de sus impresionantes aportaciones a la humanidad.
Magdalena Ugarte Pérez
Academia Malagueña de Ciencias
“Las palabras -como los hombres- no existen si no se las pronuncia” …
Así empiezan unos versos de Federico Mayor, escritos en enero del año 1990, como denuncia a tanta injusticia que estaba viendo desde su atalaya en la UNESCO. Yo retomo hoy sus versos y tomo la palabra en esta ocasión para hablar de él, de lo que han sido sus iniciativas y enseñanzas a lo largo de tantos años, especialmente en el campo de la prevención de las enfermedades genéticas, en la que he tenido la fortuna de seguirle.
Federico Mayor, fue mi profesor de Bioquímica Dinámica, como se denominaba entonces a la Bioquímica Metabólica, en el último año de la Licenciatura de Farmacia. Fue sin duda el profesor más brillante que había conocido, con un entusiasmo contagioso y una claridad en la exposición poco habitual. Pero tengo que confesar, y nunca se lo he dicho, que me encantó aquella primera clase, lo que iba a ser la asignatura de bioquímica, ¡el mensaje… pero no me enteré de nada! Sin duda era el efecto de la primera dosis de la droga “federikina”, a la que desde entonces he confesado mi adicción. Y así nació una de las muchas vocaciones que D. Federico inspiró.
Tengo un testimonio personal, que voy a desvelar, una carta suya donde decía textualmente: “Yo he soñado y sueño con este grupo de Granada, de gente joven, con calidad humana y científica, ejerciendo sobre ellos mi influencia y dejando que ellos me influyeran y mejoraran a mí”, y en otra parte de la carta seguía: “Iremos haciendo lo único positivo: aprender, estudiar, situarnos con modestia en una situación de razonable altura en comparación con los centros eficientes. En España y en Granada nos comparamos con “pequeños” y parecemos “grandes”. Yo quisiera, dentro de unos años, compararme con los grandes y no verme tan pequeño”. Cuantas veces a lo largo de estos años he recordado esta frase, en los momentos difíciles, cuando el esfuerzo era, quizás, excesivo.
Durante el curso 66-67 Federico Mayor estuvo de sabático en Oxford, con el Prof. Hans Krebs. Era la primera vez que nos “abandonaba”, pero como ocurriría en otras ocasiones más tarde, su vuelta estaba llena de nuevas ideas y proyectos. Ésta fue muy especial. En un laboratorio próximo al del Prof. Krebs, quizás en una conversación de pasillo, puede que mientras centrifugaba sus muestras, conoció al Dr. Louis Wolf que estaba diseñando en aquellos momentos lo que sería uno de los primeros grupos de detección precoz de metabolopatías en el mundo.
Se acababa de demostrar por el grupo de pediatras de Heidelberg, liderado por Horst Bickel, que la fenilcetonuria, una enfermedad metabólica de origen genético que conducía inexorablemente a un daño neurológico irreversible en los niños que nacían con ese defecto, se acababa de demostrar digo, que, conocida esa condición genética, y tratada cuanto antes después del nacimiento, el daño neurológico era evitable.
Y como “mañana siempre es tarde”, no es sólo el título de uno de sus libros, sino su forma de ser y pensar, no esperó a hacer un análisis de la situación sanitaria de nuestro país en aquellos momentos, ni de donde conseguir dinero para ello, ni si seríamos capaces de sacar adelante el proyecto. Al contrario, vio clarísimo que un problema “bioquímico” lo tenían que resolver los bioquímicos, pero como en realidad era también un problema sanitario tuvimos que trasladarnos desde la Universidad a lo que entonces se llamaba Jefatura Provincial de Sanidad de Granada.
La Sanidad Pública de Inglaterra en esos momentos, finales de los años 60, era un ejemplo para Europa. Sin embargo, en España, ni siquiera existía Ministerio de Sanidad, sólo una dirección General de Sanidad, dentro del Ministerio de la Gobernación. Pero eso sí, con una gran persona al frente. El Dr. García Orcoyen, era ginecólogo y conocía bien los problemas relacionados con el nacimiento y la vulnerabilidad del cerebro de un bebé en el momento de nacer y confió en Federico Mayor.
En octubre de 1968 se creó el Centro de Investigación de Enfermedades Metabólicas y Cromosómicas (CIAMYC), centro piloto para la detección e investigación de alteraciones metabólicas. A la inauguración asistió el Dr. García Orcoyen, como he dicho, máxima autoridad sanitaria del país, el alcalde de Granada y el presidente de la Diputación. Federico Mayor era Rector en aquellos momentos, o sea, ¡pleno de autoridades! ¡Primera página en la prensa local! Se iniciaba el programa preventivo que hoy se conoce como “prueba del talón”.
Pocos meses más tarde supimos lo que era la fenilcetonuria, con su realidad brutal cuando no se trata a tiempo de ser evitada. Dos hermanas de 2 y 4 años, de un pueblecito cercano a Granada, con un retraso mental profundo, deformadas por los eczemas, y lo que era peor, sus miradas perdidas, incapaces de sonreír. Fue terrible, pero nos dio fuerza para seguir trabajando.
Y también tuvimos la inmensa suerte, dos años más tarde, de detectar el primer caso asintomático de fenilcetonuria. Ella, ahora se asombra cuando comentamos con sus padres lo que significó para todos nosotros el verla crecer como una niña normal, a ella y a su hermano que nació tres años más tarde. Para nosotros era el “milagro” de la prevención, que afortunadamente hoy se extiende a millares de niños con enfermedades metabólicas.
Los objetivos de aquel primer proyecto eran no sólo la extensión de la detección precoz de enfermedades metabólicas a otros centros en España, para que no quedara ni un solo niño por analizar, sino la investigación sobre las bases moleculares de esos defectos genéticos. Y todavía en Granada se iniciaron los estudios sobre “Etiología molecular del daño neurológico en fenilcetonuria”. No era posible hacer en aquellos momentos ratones transgénicos, pero Fernando Valdivieso y Cecilio Giménez desarrollaron un modelo experimental de fenilcetonuria que nos permitía estudiar en el cerebro de las ratas lo que sucedía en el de los niños con fenilcetonuria.
Aún en Granada, en junio de 1973, organizamos un Simposio Internacional sobre “Avances en el tratamiento de los Errores Congénitos del Metabolismo” que nos dio la oportunidad de conocer a los científicos más importantes en este campo. En septiembre de 1973, D. Federico se traslada a la Universidad Autónoma de Madrid y con él nos fuimos varios de sus discípulos de Granada.
D. Federico, desde todos los puestos que iba desempeñando -vicepresidente y presidente en funciones del CSIC, Subsecretario del Ministerio de Educación, director general de la UNESCO-, además de abogar por la investigación en general, ha apoyado la investigación de las enfermedades causantes de daño neurológico y su prevención. Y fruto de muchas acciones orientadas a este fin fue la creación del Plan Nacional de Prevención de la Subnormalidad (PNPS). La financiación del Plan, y aquí también participó D. Federico con su imaginación y capacidad persuasoria, fue en parte del dinero procedente sobre la tasa del juego que se acababa de legalizar en España.
Nuestro grupo actual, concebido sobre la idea original de D. Federico: hacer diagnóstico e investigación. El diagnóstico que continuamos realizando para todos los centros hospitalarios de España como Centro de Diagnóstico de Enfermedades Moleculares (CEDEM) de la UAM y la investigación constituye una de las líneas del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO), la de “Bases Moleculares de las Enfermedades Metabólicas”. Ambas actividades del grupo han crecido juntas -ojalá que nunca se separen- y han crecido no sólo en cantidad sino sobre todo en calidad.
Pero Federico Mayor sabía que con su iniciativa y su esfuerzo continuado durante muchos años ha conseguido ganar esta batalla pacífica, y que miles de niños tengan hoy una vida absolutamente normal, evitando así el sufrimiento de tantas y tantas familias.
Y ya termino, porque hemos tenido y tenemos unos días muy tristes largos e intensos, desde que nos dejó, aunque siempre llenos de satisfacción y orgullo para todos los que le queremos. Le diría tantas cosas, pero creo que he tenido la suerte de poder decírselas a lo largo de estos 60 cortos años. Solo quiero añadir que ha sido una suerte inmensa haberle conocido, un privilegio haberle tenido como maestro y amigo y un lujo tener a la familia Mayor como nuestra otra familia. Muchas gracias jefe por haberme enseñado a hacer un trabajo tan gratificante.
*Magdalena Ugarte Pérez es académica correspondiente de la Academia Malagueña de Ciencias y catedrática de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Autónoma de Madrid. Es directora Fundadora del Centro de Diagnóstico de Enfermedades Moleculares.
IMAGEN DE CABECERA: Inauguración del Centro de Investigación de Enfermedades Metabólicas y Cromosómicas, CIAMYC (como se llamaba el primer centro de diagnostico neonatal de enfermedades metabólicas). De izquierda a derecha: Dra. Magdalena Ugarte, Prof. Federico Mayor, Dr. García Orcoyen y el Alcalde de Granada.

Tuvimos la suerte, mi promoción de Biología de la Universidad se Granada, 63-73, de que D. Federico fuera profesor, catedrático, de Bioquímica, que aunque nos dió pocas clases, conocimos sus valía como docente e investigador. Posteriormente tuve la oportunidad de encontrarme con él varías veces. La última en Madrid, en el Ateneo, 31 enero 2024, cuando presentó su último libro. Le recorde que fui alumno suyo y miembro de La Academia de Ciencias. Una vez más demostró su afecto a esa época y a la Academia. Nunca lo olvidaré.
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