Juan Antonio Camiñas Hernández
Academia Malagueña de Ciencias.
Releyendo con sumo placer el libro Síntesis de una vida del inigualable profesor Odón de Buen (1) me he parado en el capítulo VIII, titulado “Homenaje Jubilar en Madrid”, y no he querido dejar pasar la oportunidad de recordar -aquí en el blog de la Academia Malagueña de Ciencias que siendo Sociedad honró al ilustre maestro con el título de Académico de Honor-, algunos de los aspectos de su forma de ser que se destacaron en el homenaje que se le rindieron en Madrid, con asistencia de representantes del gobierno, entidades científicas, universidades, juzgados, marinos, ayuntamientos, asociaciones, etc.
El 18 de noviembre de 1934 Odón de Buen cumplía 70 años y, como dice en sus memorias, “Por imperio de la Ley, al cumplir los setenta se jubilan los profesores universitarios”. Pero pocos días después, el 22, accediendo a peticiones elevadas al Rector de la Universidad Central de Madrid por los alumnos de la asignatura de Biología que enseñaba en Medicina, del claustro de la Facultad de Ciencias y con el apoyo de muchas firmas de alumnos para que se quedara ese año, el Rector comunica que el profesor De Buen “termine su actuación pedagógica, explicando sus asignaturas hasta el final del curso 1933-1934”. Y allí, en su cátedra y en las facultades de Ciencias y Medicina, continuó impartiendo sus enseñanzas hasta el 1º de octubre de 1934. Se han cumplido, por tanto, 90 años de su retirada de la vida oficial universitaria en su cátedra de la Universidad Central.
El 3 de febrero de 1934 se produjo el homenaje jubilar al profesor De Buen, que recogen los periódicos madrileños, barceloneses o sevillanos del día 4, homenaje que había surgido a propuesta de un grupo de exalumnos de las Universidades de Barcelona y Madrid en las que ejerció su cátedra, veintidós años en la primera y veintitrés en la segunda, y al que se adhirieron con su presencia o por carta muchos personajes de la vida universitaria y política de la época. Los alumnos crean una comisión para el homenaje y preparan una circular para dar a conocer el evento que firman numerosos profesores, entre otros, el cirujano, catedrático en la facultad de Medicina de Barcelona, León Cardenal; el físico, astrónomo y catedrático de Física-Matemática en la Universidad Central, Pedro Carrasco; el geólogo y paleontólogo, catedrático de la Universidad Central, Eduardo Hernández Pacheco; el eminente científico catedrático y académico Blas Cabrera; el farmacéutico, químico oceanógrafo y Presidente de Gobierno de la Segunda República Española, José Giral, compañero de Odón de Buen en el IEO; y un largo etc.
Entre las personalidades que asistieron al banquete de homenaje figuraba el doctor Estadella, Ministro de Trabajo, Sanidad y Previsión Social; el representante del Ministro de Marina; el doctor Cardenal, Rector de la Universidad de Madrid; el profesor F. Dumas del Instituto de Francia y Rector de la Universidad de Burdeos; el Director General del Instituto Geográfico y Catastral; el decano de la Facultad de Ciencias; el almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada; don Teófilo Hernando, presidente del Consejo Nacional de Cultura… continua señalando entre los asistentes la presencia de presidentes de Sala y Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, numerosos ingenieros, catedráticos de institutos, médicos, farmacéuticos, eminentes artistas y amigos particulares con altos cargos, un buen ramillete de periodistas y todo el personal del IEO. Entre las adhesiones figuraron los decanos de Ciencias, Farmacia y Medicina de Barcelona y el decano de Ciencias de Zaragoza; catedráticos de los institutos de Córdoba, Madrid y de Alicante; el Ministro de Gobernación Diego Martínez Barrio; el embajador de Francia; el médico y científico italiano, nacionalizado español, profesor Gustavo Pittaluga; catedráticos universitarios como Casares Gil, Pérez Bueno y Salustio Alvarado, de Madrid, o el profesor Marañón; el ayuntamiento de Zuera, su pueblo natal; capitanes y oficiales de Marina; ingenieros, catedráticos universitarios de Madrid, Barcelona, Valencia; el Ministro del Tribunal de Cuentas, etc.
En nombre de los organizadores ofrece el homenaje el profesor doctor don Rafael Folch y Andreu, catedrático de farmacia de la Universidad de Barcelona. Recuerda en su alocución que la comisión organizadora estaba formada por varios antiguos alumnos “que se acuerdan siempre de las enseñanzas que de vos han recibido y son conocedores de vuestro valer en el mundo intelectual”. Recuerda a continuación las excursiones que el profesor de Buen organizaba con sus alumnos por España y al extranjero, a las que él no podía asistir por falta de recursos, señala, y refiere la anécdota de que, encontrándose en Mallorca, donde les había llevado de excursión a observar los desembarcos de los barcos pesqueros que les facilitaban animales marinos para las prácticas, comentando su entusiasmo con los pescadores, a los que ayudaron a varar sus barcas, y lo agradecidos que estaban por estar allí gracias al profesor Odón de Buen, uno de ellos respondió ”¡Oh! ¡Es que Don del Bien es muy sabio!”. Así lo llamaban aquellos pescadores que, dice el profesor Folch en su discurso, no andaban equivocados.
Odón de Buen cerraría el acto con un discurso recordatorio de su larga vida profesional en las universidades de Barcelona y Madrid, de su viaje de circunnavegación a bordo de la fragata Blanca que le abrió los ojos a la Oceanografía y se convirtió en motivo de vida y de su lucha para crear el Instituto Español de Oceanografía y organizar las actividades de los laboratorios marinos que creó en Palma de Mallorca, Málaga, Vigo y el adscrito de Santander creado por Augusto González Linares, y hacer presente a nuestro país en los organismos internacionales. “Enseñé Naturaleza en la Naturaleza”, dice Odón de Buen, “y di a conocer maravillas desconocidas, como la Ciudad Encantada de Cuenca”, que visitó con Cajal en 1912 y que le valió el reconocimiento de esa ciudad que dio su nombre a una calle, pero que posteriormente fue eliminado por la dictadura franquista. Acaba su discurso diciendo a la honorable concurrencia “predicad y practicad, en bien de España, la santa tolerancia que en este acto resplandece. Sólo en ella podrá fundarse una base inquebrantable de la vida nacional, para honra de la Patria y el bienestar de los ciudadanos”. Algún autor ha dicho que con su decisión de dejar las actividades políticas (fue senador por Barcelona) para dedicarse a la investigación y a la oceanografía había supuesto la pérdida de un gran político para España.
Pero de nada le sirvieron sus palabras entrecomilladas. Solo unos pocos años más tarde al gran reconocimiento público seguirían su captura por los sublevados y el envío en 1936 a la cárcel en Palma de Mallorca, la excarcelación del enfermo, gracias a la intervención del cónsul danés y del británico, que presionaron para su liberación. Después de un año en prisión, fue liberado a cambio de la hija y la hermana de Miguel Primo de Rivera, a quien Odón de Buen conocía bien y había preparado para su ingreso en la Academia General Militar de Zaragoza en 1870. Luego vino el exilio en Banyuls sur mer en Francia y el viaje final y exilio a Méjico a donde se trasladaría desde Marsella vía Orán y Casablanca en abril de 1942, con 78 años, como lo había hecho ya parte de su familia, y ya no regresaría, muriendo el 3 de mayo de 1945. La mayor parte de sus hijos y nietos y algunos de los que le homenajearon en su jubilación, acabaron como él en el exilio mejicano, recordando siempre a su querida España.

Los restos de Odón de Buen permanecieron en México durante casi seis décadas, hasta que el 4 de abril de 2003 fueron depositados en un mausoleo en el cementerio de Zuera, su villa natal. Previamente, el presidente de la Diputación General de Aragón, Marcelino Iglesias, y el alcalde de Zuera, Javier Poyuelo, habían hecho entrega a la familia, concretamente a sus nietos Jorge y Rafaela, del nombramiento, a título póstumo, de Hijo Predilecto de la Villa. También en ese año 2003 aparecieron publicadas por la Institución Fernando el Católico las Memorias de Odón de Buen.
Entre tanto, el personaje había ido dejando profunda huella en la ciudad de Málaga con la creación del Palacio del Mar, como se conoció al Laboratorio Oceanográfico primero, Acuario y Museo después, que fue la sede internacional del Instituto Español de Oceanografía, por lo que la Sociedad Malagueña de Ciencias Físicas y Naturales lo nombrara Socio de Honor en diciembre de 1910. Málaga, su Ayuntamiento, lo había hecho Hijo Adoptivo en sesión celebrada el 31 de enero de 1936, según se recoge en el volumen nº 345 de las Actas Capitulares, febrero 1936 a agosto 1936. Seguimos esperando desde la Academia Malagueña de Ciencias que la actual corporación municipal del Ayuntamiento de Málaga cumpla con el compromiso adquirido de la entrega de ese título a los familiares, y que ponga su nombre a una calle, o bien que su estatua figure en una plaza frente al antiguo Laboratorio Oceanográfico del Paseo de la Farola, tal como pedimos al Alcalde de Málaga en la sesión de clausura del curso 2022-2023 de la Academia Malagueña de Ciencias celebrada en el Rectorado de la Universidad el 16 de julio de 2023 y que reiteramos por escrito algunos días después, y en escrito de julio de este año 2024. Siguen faltando científicos de referencia en nuestras calles y plazas, y Odón de Buen es nuestro candidato.
Sirvan estos párrafos en memoria de un personaje del que aún hoy muchos seguimos sus pasos en lo posible, y para recordar el nonagésimo aniversario del homenaje al profesor jubilado, un acto extraordinario con repercusión nacional e internacional si nos fijamos en los participantes y adheridos al mismo. No sembró en arenales estériles como el mismo dijo y dejó escrito, particularmente en Málaga, nuestra ciudad, donde su obra está vigente desde 1911 y en cuyo puerto se ha inaugurado el pasado 23 de octubre el nuevo edificio del más que centenario Centro Oceanográfico de Málaga que conserva su memoria y legado científico.
(1) Buen, O. D. (1943). Síntesis de una vida política y científica. Ayuntamiento de Zuera. Institución Fernando el Católico, 1988. Publicación número 1987 de la Diputación de Zaragoza. Edición facsímile de la edición de Buenos Aires: Publicaciones del Patronato Hispano-Argentino de Cultura 1944.
*Juan A. Camiñas Hernández es académico de número y científico titular del Instituto Español de Oceanografía. Ha sido director del Centro Oceanográfico de Málaga.
Imagen de cabecera tomada de la web de la Real Academia de Historia.

Gracias Juancho, por acercarnos la figura del profesor Odón de Buen a los que no teníamos conocimiento de su obra y sus hechos y que con la difusión de su biografía, contribuyes a darle más sentido a que «no sembró en arenales esteriles».
Esperemos que el reconocimiento público que le debe la ciudad de Málaga, se materialice más pronto que tarde.
Enhorabuena!
Gracias Ricardo por tus comentarios. Intentar desde la Academia recuperar a los científicos españoles que fueron borrados o casi por la dictadura no es, creo, una mala formar de apoyar la ciencia.
Magnífico recorrido biográfico e histórico de un personaje singular. Lástima de una Málaga tantas veces madrastra con sus hijos más ilustres. Enhorabuena querido colega por rescatar del olvido a uno de nuestros científicos más notables. Es de desear que las peticiones de la Academia hacia un merecido reconocimiento no caigan en saco roto.
Gracias Paco. Estaremos al pie del cañón hasta conseguir desde la Academia el reconocimiento debido. Me meto en tu dominio histórico porque grano no hace granero, pero…