Antonio Heredia Bayona
Academia Malagueña de Ciencias
Muéstrame la Eternidad y yo te mostraré la Memoria
Emily Dickinson
A veces el descanso veraniego nos regala lecturas que en otros escenarios mucho más acelerados quedarían posiblemente ignoradas. Lecturas y reflexiones que nutren nuestra mente y esculpen de manera imperceptible, una vez más, nuestro modo de estar en el mundo. Confieso que la lectura reciente de la obra del profesor José María Ruiz Vargas, La memoria y la vida, un grueso volumen sobre las bases psicológicas de nuestra memoria me ha hecho recordar aquellos veranos juveniles de felices, intensas y atormentadas lecturas en las que quedabas atrapado, milagro y esencia de la lectura, en una narración, en una historia imposible que te desvelaba con trazos gruesos y finos la vida, o en unos argumentos que te acercaban al vértigo de nuestra existencia, a las preguntas nunca respondidas sobre qué somos y adónde nos dirigimos. El libro antes indicado muestra, conduce y disecciona a lo largo de sus capítulos de modo elegante y poético sentencias y enunciados tan sencillos como trascendentes: somos lo que recordamos, la memoria nos hace ser lo que somos y gracias al recuerdo y a la memoria autobiográfica la vida de cada ser humano se llena de sentido a la par que, no nos equivoquemos, no restaura realidades sino vivencias. Vivencias inequívocamente nuestras, dulces y amargas que quedaron plasmadas en grupos de neuronas interconectadas en las que creamos un recuerdo y que solo necesitarán un estímulo propicio para rescatarlo.
El concepto de tiempo, ¿qué es el tiempo? -preguntaba Agustín de Hipona-, y la percepción del mismo es también un tema central en el discurso del libro. Hablar del tiempo es hablar de la experiencia humana en sus dos vertientes más determinantes: el tiempo como código de medida normalizado y la duración, determinado por el filósofo Henry Bergson, como medida singular y subjetiva del transcurrir de nuestra compleja experiencia individual. El tiempo como medida normalizada es, como decía el gran George Steiner, el reloj universal de la ciencia. Exige una eternidad divisible pero invariable. Un nanosegundo, un segundo o un minuto serán siempre, evitando argumentos relativistas, un tiempo objetivo y formará parte de muchas de las ecuaciones de la Física. Como indico todos los cursos en mis clases la flecha del tiempo es unidireccional, pero, espero que mis estudiantes lo acepten ahora, la duración como medida de tiempo subjetivo rompe esa flecha del tiempo porque es nuestra memoria la que trocea el orden temporal construyendo su propio tiempo. Esa atemporalidad de nuestros recuerdos está cargada de misterio a la vez que configura excepcionalmente nuestra manera de estar en el mundo. Como escribió Proust, esos recuerdos no son sino tiempos comprimidos en estado puro.
Pocos temas hay tan fértiles como el efecto del tiempo y la memoria en la creatividad humana en cualquiera de sus vertientes. Sin dejar de mencionar la grandeza de la obra de Proust, En busca del tiempo perdido, hay una miríada de ejemplos. La pintura de Salvador Dalí La persistencia de la memoria que focaliza en unos relojes derretidos el carácter subjetivo del tiempo; el tiempo dramático y vital suspendido que engendra el cuadro de Goya Las Parcas o el cuadro de William Hogarth El tiempo ahumando una pintura podrían servir como ejemplos. La poesía es especialmente fértil en el mismo sentido. Emily Dickinson, quien escribió que al amor se le reconoce por el hueco de la memoria, lo cuenta con su inequívoco estilo: Un dolor tan poderoso / … / Para que la Memoria pueda / Rodearlo, cruzarlo, escalarlo. El desaparecido Joan Margarit, magnífico arquitecto de la memoria a lo largo de su obra en la que destila con vocación de orfebre toda una identidad personal articulada en días sin retorno. T. S. Eliot, célebre por su estrofa Mixing memory and desire, en sus Cuatro Cuartetos nos infunde una meditación especial entrecruzando diversas formas del tiempo: El tiempo presente y el tiempo pasado / están quizá presentes los dos en el tiempo futuro / y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado. / Si todo tiempo es eternamente presente / todo tiempo es irredimible. / … / Hay eco de pisadas en la memoria /.
Hay en la música todo un ejercicio de creatividad especial con el tiempo subjetivo, los recuerdos y la memoria. Hay múltiples ejemplos. Hay miniaturas de Webern que duran menos de un minuto y al oído parecen lentas y espaciosas. Hay movimientos lentos en Beethoven y Brahms que parecen engendrar una comprensión intensa del tiempo. Los adagios de las sinfonías de Bruckner sugieren una y otra vez una eternidad casi palpable. O, en otro extremo musical, el conmovedor canto de Billie Holyday en su Solitude rememorando recuerdos que nunca mueren. Como la sencilla, a la par que la conmovedora, canción de los Beatles, In my life. Recuerdos, memorias, flechas del tiempo rotas construidos desde nuestros primeros años, que perfilan y revelan, como escribió Rilke, que el destino no es otra cosa que la plenitud de la infancia. Quedémonos con el aroma, con la belleza melancólica de esa fosforescencia atemporal que tiene la memoria. Ya Spinoza nos enseñó que de la mente humana queda algo que es eterno. Conectar de modo consciente con la dimensión de la eternidad del filósofo holandés puede producir, intentemos esa aventura, una potenciación de nuestro entendimiento y nuestra capacidad de comprender en cada uno de nosotros. Decididamente, para terminar, Blake lo dejó muy claro: la eternidad está enamorada de las obras del tiempo.
Antonio Heredia Bayona es científico del IHSM-CSIC-UMA y vocal de la sección de Ciencias Matemáticas, Físicas y Naturales de la Academia Malagueña de Ciencias.
Imagen de cabecera: Pixabay

Este Blog me ha hecho revivir muchos momentos como si fueran hoy. Y me ha dejado abiertas las puertas para otras lecturas y para oír otras piezas musicales.
Enhorabuena Antonio
¿Qué será del tiempo cuando ya no haya quien lo evoque?
Antonio, enhorabuena por estas reflexiones, breves y evocadoras. Admiro tu capacidad para abstraerte de tu quehacer diario y escribir sobre «otras cosas».
Qué fecundidad hay en este Blog!
Muy interesante. Me gusta leer este blog que hace cercano lo incomprensible del mundo «cientifico». Felicidades por este hermoso artículo que permite pensar sobre el papel que desempeña la memoria en nuestras vidas.
Felicidades por un magnífico artículo del que subrayo el análisis del comienzo: somos lo que recordamos. Interesante definición que nos acerca al profundo drama de las patologías degenerativas a nivel neurológico. Y el análisis de lo que es el tiempo, algo filosóficamente tan complejo, magistral. Enhorabuena.