Juan Camacho Martínez*
Academia Malagueña de Ciencias
1.- Introducción: Estapé y Rumeu de Armas
Transcurría el año 1951 cuando Fabián Estapé, Catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona, rebuscando en una librería de viejo encontró un folleto de 1812 editado en la imprenta de Sancha, escrito por un tal Juan López de Peñalver y titulado “Reflexiones sobre la variación del precio del trigo” y en el que para obtener algunas conclusiones económicas utilizaba datos estadísticos simultaneados con razonamientos matemáticos. No dudó Estapé en comprender que se encontraba ante un estudio de econometría, realizado por un desconocido llegando a la conclusión de que a López de Peñalver se le podían adjudicar los adjetivos de matemático, economista, desconocido y olvidado.
Treinta años después, en 1980, el académico y catedrático de Historia Rumeu de Armas escribiendo “Ciencia y Tecnología en la España Ilustrada”, profundizando en la documentación que manejaba, concluyó que Peñalver era una figura científica con una personalidad indiscutible y al mismo tiempo con intereses en la ingeniería y en la literatura. Es decir, en la Ciencia, en la Tecnología y en la Cultura.
2.- Tres investigadores y tres instituciones
En la década de los 90, otro historiador, investigador, catedrático de Economía y ministro del Gabinete de Felipe González, Ernest Lluch, tras leer la documentación de los mencionados profesores, y hurgando en pistas sueltas que había encontrado con anterioridad, editó “Escritos de López de Peñalver” con 12 textos originales, algunos de ellos escritos exclusivamente por éste y otros, especialmente los de ingeniería, con Agustín de Betancourt.

Encabezaba el libro un Estudio Preliminar con una pequeña biografía de Peñalver en la que destacaba su actividad como químico (preparación de aguafuertes para Goya), geólogo (informe para Carlos III sobre las explotaciones mineras de Almadén y que le valió para ser pensionado en la Escuela de Scheminitz de Hungría), traductor literario del matemático Euler y de Montesquieu (El espíritu de las leyes), por supuesto matemático, economista y políticamente liberal.
Por su parte, Juan Brotons, doctor Ingeniero de Caminos y adscrito a la Demarcación de Andalucía Oriental del Colegio de Ingenieros de Caminos, conociendo dicha publicación invitó a Ernest Lluch a presentar el libro en Málaga, aportando Brotons el documento del Archivo General Militar de Segovia que testificaba que Juan López de Peñalver “nació en la ciudad de Málaga el 20 de febrero de 1763” resolviendo de esta forma la duda existente en todos los estamentos sobre su fecha de nacimiento.
Así mismo, Brotons, expuso los conocimientos que poseía Peñalver sobre ingeniería (dibujo, caminos, canales y máquinas), su gestión como director de empresas públicas (Canal Imperial de Aragón y del Real de Castilla, Junta General de Comercio, Moneda y Minas), sus actuaciones científicas (intervención en la medida del arco del meridiano entre Dunkerque y Barcelona), observaciones astronómicas (en presencia de Humboldt del paso de Mercurio ante el Sol) y su actuación como representante español del movimiento racionalizador, emanado de la Revolución Francesa, para implantar una unidad universal de medida.
Por último, Siro Villas Tinoco, catedrático de Historia Moderna y Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y de la Academia Malagueña de Ciencias, publicó en la revista Péndulo -del Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales de Málaga- un magnífico artículo sobre López de Peñalver. En él recogía cronológicamente la mayor parte de su obra, dedicando un especial interés a sus estudios en Madrid, Hungría y París, la creación de la Escuela de Ingenieros de Caminos y Canales con Agustín de Betancourt así como su enseñanza en ella como profesor y examinador principal, sus actividades como Académico de las Reales Academias de Bellas Artes de San Fernando y la de Artes y Ciencias de Barcelona, sus Discursos publicados en la revista “Mercurio de España”, su actividad como Editor de la “Gaceta de Madrid”, su Dirección del “Correo Político y Económico de las Provincias” y su relación con los literatos Nicasio Álvarez Cienfuegos, Jovellanos y Meléndez Valdés.

Todos estos datos aportados por los profesores e investigadores anteriormente citados, sirvieron de base al Ayuntamiento de Málaga y a la Universidad de Málaga y a la Real Academia de Ingeniería de España, para asignar respectivamente el nombre de Juan López de Peñalver a la avenida principal de entrada al Parque Tecnológico de Andalucía, al primer Aulario del Recinto de Universitario de Málaga y a uno de los dos Premios Jóvenes Investigadores -el segundo lleva el nombre de Agustín de Betancourt- para los ingenieros que hubiesen realizado trabajos de investigación en cualquiera de las ramas de ingeniería.
3.- Escuelas, Academias y Museos
Es difícil hablar de estas instituciones sin hacer referencia, aunque sea someramente, a la Revolución Científica generada en el siglo XVII y de la que España, como sabemos, quedó aislada, y a la Revolución Cultural en la que, por todo lo contrario, España fue pionera mundialmente. No obstante, fue en el siglo siguiente, el Siglo de las Luces, cuando los científicos, Betancourt y Peñalver y otros, pensionados por el Conde de Floridablanca, dieron un gran paso hacia adelante incorporándose al grupo de científicos más importante de Europa y creando a su vez, probablemente sin conocimiento de ello, el primer Museo de la Ciencia y Tecnología de España, elemento de unión entre la incipiente ciencia española y la desarrollada cultura.
Si consideramos la Escuela como la institución que imparte enseñanza, no pudo Peñalver asistir a mejor institución que a L’ Ecole des Ponts et Chaussées de París que era en ese momento el “alma mater” del pensamiento científico europeo. Al finalizar sus estudios y volver a Madrid, trasladó junto con Betancourt, gran cantidad de libros, planos, maquetas, material científico, así como los Estatutos, normas de funcionamiento y de enseñanza de L’ Ecole para la creación de la Escuela de Ingenieros de Caminos y Canales y el Real Gabinete de Máquinas, todo ello previsto por Floridablanca en el Palacio del Buen Retiro.
Según el significado que le atribuye el diccionario de la Real Academia Española al término “Academia”, esta es una “Sociedad Científica, literaria o artística establecida con autoridad pública”. Al recordar en la cronología de Peñalver los títulos académicos que poseía, comprenderemos la valía del personaje que nos ocupa: Académico de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Académico Numerario de la Real Academia de Artes y Ciencias de Barcelona y Académico-secretario de la Sección de Ciencias de la Academia Nacional de Ciencias y Letras.
Me ha parecido necesario recordar también que el Museo es un lugar de exposición, conservación y estudio de objetos artísticos, científicos o de interés cultural y justamente ese fue el cometido del Real Gabinete de Máquinas del Buen Retiro siendo por ello por lo que se le ha asignado el título de Primer Museo de Ciencia y Tecnología de España (¿y quizás de Europa?).

Por último, añadir, aunque sea una simple anécdota, que reinando Carlos IV la construcción de la Escuela de Caminos se detuvo en cimientos para seguir sobre éstos la edificación del Museo del Prado. Nadie podía imaginar que la Institución Cultural más importante hoy en España, se construiría sobre los cimientos de la Institución Científica más importante de aquel momento.
Epílogo
Hasta ahora, los términos en los que se ha desarrollado este artículo han sido generales y referidos a Europa y a España, tanto al hablar de la Revolución Cultural y Científica, como de las Escuelas, Academias y Museos, sin embargo, me ha parecido conveniente trasladar estos conceptos a la ciudad Málaga.
En 1757 se constituyó en Málaga la Academia de Ciencias Naturales y Buenas Letras; en 1849 lo hizo la Academia de Bellas Artes; en 1872 se fundó la Sociedad Malagueña de Ciencias -hoy Academia Malagueña de Ciencias- y un año después, en 1873, su Museo de la Ciencia, siendo el primero de estas características creado en Málaga.
Así mismo, merece una mención especial en este apartado el MECYT (Museo Escolar de Ciencia y Tecnología) de Málaga -hoy llamado Centro de Ciencia Principia- que como su nombre indica nació como laboratorio para los escolares de secundaria de los institutos malagueños en 1993, siendo los mismos profesores y alumnos los autores de las maquetas, que, realizadas con materiales reciclados, sirven para las prácticas.
En 1972, se crea la Universidad de Málaga alcanzándose a lo largo del tiempo prácticamente todos los conocimientos en las distintas facultades, tanto de ciencias como de letras. Posteriormente, en la década de los 90 la ciencia aplicada y la tecnología se establecieron en el Parque Tecnológico y es en el cambio de siglo cuando se complementan todas ellas con un gran desarrollo de actividades culturales impartidas en las instituciones existentes y otras de nueva creación. Por último, la aparición de numerosos museos especializados de notable categoría y el desarrollo urbanístico del centro de la ciudad, han completado la Revolución Cultural y Científica que Málaga estaba esperando. Queda solo un detalle, un punto de unión, el eslabón que debe unir la Cultura con la Ciencia y el Medio Ambiente y que no es otro que el Museo de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Málaga.
Llegado a este punto, entiendo que merece la pena apuntar las siguientes conclusiones:
1. El Real Gabinete de Máquinas, el Museo de la Sociedad Malagueña de Ciencias, así como el Centro de Ciencia Principia deben tener un lugar reservado -para su recuerdo y su conocimiento- en el futuro Museo de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Málaga.
2. Considero que López de Peñalver es un personaje tan esencial que es digno de tenerse en cuenta para nominar cualquier evento, institución científica o cultural. En concreto, un Museo de la Ciencia.
3. Creo que el adjetivo “casi desconocido” atribuido a Peñalver ha quedado totalmente eliminado, al menos para todo aquel que haya leído este artículo. Sin embargo, el adjetivo “olvidado” volverá a ser válido dentro de poco tiempo si no se establece una actuación especial que mantenga vivo su nombre y esa es, a mi entender, la creación en Málaga de un “Museo de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente” con el nombre de “Juan López de Peñalver”.
*Juan Camacho Martínez es Ingeniero de Caminos Canales y Puertos.
Académico de Número de la Academia Malagueña de Ciencias.

Enhorabuena Juan por tu excelente artículo. Solo me queda aplaudir y adherirme a la iniciativa de creación en Málaga de un Museo de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, una vieja aspiración de la AMC.
Enhorabuena
Me ha parecido interesantísimo tu artículo Juan, sobre todo teniendo en cuenta de que solo conocía de oidas al personaje, no me podía imaginar su excelente trayectoria. Enhorabuena y gracias por darnosla a conocer.
Magnífico artículo Juan. Efectivamente una gran personalidad y viene muy bien que se la conozca más. Enhorabuena!
Ahí queda eso!
En pocas líneas has dejado clara la situación y la justificación de una ausencia injustificable en la Málaga modena de los museos.
Solo con que unamos a lo indicado que Severo Ochoa estudió el bachiller en Málaga y que de las clases de química recibidas aquí surgió su vocación científica que le llevaría a descubrimientos definitivos sobre la química de la vida, sería suficiente para que nadie dudará de la necesidad expresada en el artículo de Juan. Pero seguro que se pueden esgrimir más valores que ahora no es preciso citar.
Gracias y enhorabuena, Juan Camacho.
Magnífico artículo que nos rescata del olvido a un ingeniero que mucho tuvo que ver en el desarrollo de la Ciencia en aquella complicada España que le tocó vivir. Lamentablemente, su «historia» le llevó por otros horizontes alejados de los malagueños, aunque sus aportaciones científicas en muchos campos fueron indudables. Ojalá que los deseos de Juan Camacho puedan hacerse realidad y podamos contar con un Museo de la Ciencia más pronto que tarde. Enhorabuena por esta importante aportación sobre el pasado de un malagueño tan ilustre como olvidado.
Gracias Juan por tu claro artículo para los que como yo no conocíamos a López de Peñalver. La mejor forma de rememorar personalidades como la que explicas es dando su nombre a una entidad o institución permanente. Y el museo que falta todos lo mencionamos.
En un reciente blog de la Academia yo sugerí que se aproveche cuanto ya tenemos, como es el material procedente del Museo Oceanográfico de Málaga que estuvo activo medio siglo XX en el Paseo de la Farola, para un museo de la ciencia. Así que aunando esfuerzos e ideas tal vez consigamos ese museo que falta en Málaga para enseñar a los jóvenes todo lo que la ciencia española ha aportado al mundo.
Mi identificación con el contenido del artículo y mis deseos de que el protagonismo del autor y del Colegio profesional de cuya Junta Directiva formaba parte, en la incorporación de López de Peñalver a su avenida en el Parque Tecnológico de Andalucía y a Aula Magna de la Universidad de Málaga, se complete con el Museo López Peñalver de la Ciencia.
Los «Aprovechamientos Medios» generados por la consolidada actividad urbanística en el municipio de Málaga y el destino institucional que la legislación dispone, para este patrimonio municipal, podrían y deberían materializar el Museo López Peñalver de la Ciencia en Málaga.