Ricardo A. Salas de la Vega
Academia Malagueña de Ciencias
Como tituló acertadamente, en la conferencia dictada en el Memorial Jose A. Carrera correspondiente a este año 2025, el Dr. Ingeniero de Montes, Ignacio Pérez-Soba, «El agua no sale de los ríos«, que viene a ser lo mismo que el agua no sale de los cauces, puesto que lo que realmente ocurre es que el agua procedente de las diferentes cuencas o subcuencas, que son la superficie de terreno receptoras de las precipitaciones, y cuya escorrentía superficial fluye en su totalidad a través de esta serie de cauces hacia un cauce mayor y finalmente al mar por una única desembocadura, circula por estos al constituir la red de drenaje de estas superficies.
Cuando las precipitaciones son intensas, se elevan anormalmente los niveles de los cursos de agua, y se producen entonces las avenidas, pudiéndose llegar a generar una situación en la que esta red de drenante se ve incapaz de transportar los caudales líquidos y sólidos generados en esas cuencas vertientes, dando lugar a desbordamientos. Antiguamente estos desbordamientos no tenían mayor importancia, puesto que el hombre no sólo convivía con ellos, sino que se beneficiaba de las llanuras de inundación producidas en ese territorio fluvial, ya que aportaban gran cantidad de sedimentos procedentes de horizontes del suelo erosionados ricos en nutrientes y que incrementaban la fertilidad de este espacio fluvial. Actualmente la invasión antrópica de ese territorio de forma permanente, provoca en los episodios de inundación una colisión entre estos caudales y sus ocupantes, produciéndose daños a personas y bienes que variarán su magnitud en función del flujo desbordado. La hidrología y la hidráulica nos van a indicar, por un lado, la generación y comportamiento de caudales extraordinarios, función de las precipitaciones y de las características de las cuencas y, por otro lado, el estudio hidráulico del movimiento de dichos caudales por la red de drenaje, dependiendo de su cuantía y de la geometría y características del tramo estudiado.

Analizaremos desde la perspectiva hidrológica el suceso del que estamos tratando, y de esta manera incidir en los aspectos que en él concurren y sobre los que podremos actuar. La génesis del mismo la tenemos en las precipitaciones, parte importante del ciclo hidrológico, provocadas por la condensación del vapor de agua atmosférico que, al elevarse y enfriarse, forma las nubes. Al incrementarse el tamaño de la gota de agua, por tanto, su peso, provocará que se precipiten cayendo al suelo. Evidentemente en este comportamiento del meteoro o fenómeno atmosférico, al ser debido a causas naturales, la técnica poco puede hacer, pero sí que podemos analizar lo que sucede una vez que la lluvia llega a las diferentes cuencas y subcuencas, y de esa manera comienza a formarse la escorrentía superficial. En nuestro caso nos referiremos a la cuenca vertiente topográfica, y no a la cuenca vertiente real.
Nuestro objetivo consistirá en lograr mediante las oportunas medidas que la red fluvial drenante sea capaz de transportar los caudales que reciba y a ser posible, con las menores cuantías y velocidades, en definitiva, con la menor energía. En consecuencia, se hace necesario que los tiempos de concentración (Tc) sean lo más amplios posibles para demorar el tiempo que tardan esas gotas de agua desde que caen hasta que salen de la red de drenaje. Esa demora de dos a tres horas en la llegada del agua a las zonas que van a sufrir daños a bienes y personas puede significar la diferencia entre ser o no, una tragedia. Pero antes de hablar de estos tiempos, hemos de tener en cuenta, otros coeficientes como el denominado umbral de escorrentía,que es el valor de precipitación a partir del cual el agua comienza a escurrir sobre la superficie del terreno. Esto ocurre cuando los suelos tienen una capacidad de infiltración menor que las lluvias recibidas, provocándose una escorrentía superficial que aparece al tiempo de iniciarse las lluvias, una vez agotada su capacidad de almacenamiento. Dicha capacidad va a depender del tipo de suelo, contenido de materia orgánica, grado de compactación, etc., dando lugar a procesos erosivos, en láminas y regueros, acumulando estos sedimentos en los piedemontes y en las cuencas de drenaje con un orden superior.
El otro factor a considerar es el coeficiente de escorrentía, de gran importancia resulta que sus valores sean los menores posibles, ya que es el cociente entre el caudal de agua que circula por una sección de una cuenca a consecuencia de un suceso lluvioso (lluvia neta), y el volumen de agua que ha precipitado sobre la misma (lluvia total). Por consiguiente, si el volumen escurrido es muy alto en relación a la precipitación, tendremos elevados coeficientes de escorrentía y la velocidad de la escorrentía llegando al cauce será muy alta y por tanto el tiempo de respuesta de la cuenca al cauce será muy corto (poca diferencia de inicio y terminación del hidrograma), de igual manera a mayor pendiente, mayor coeficiente de escorrentía.
Retomando el concepto, tiempo de concentración como el tiempo de viaje de una gota de lluvia que cae en el punto hidráulicamente más alejado de la cuenca y escurre superficialmente hasta su salida, se calcula a partir de variables que pueden medirse en cartografía como la longitud y la pendiente, y otras como la altura de la lámina de escorrentía que depende de la intensidad de la precipitación, la rugosidad de las laderas, el tipo y porcentaje de vegetación que cubre la cuenca vertiente, los usos del suelo, compactación de grandes superficies, etc. El tiempo de concentración influye notablemente en la forma de los hidrogramas, dependiendo del grado de intervención humana en la cuenca, especialmente los relacionados con la cubierta vegetal, bien sea por su creación, restauración o conservación, la compactación de los suelos y las diversas actuaciones hidráulicas realizadas en los cauces fluviales que reducen considerablemente el tiempo de concentración de las escorrentías, retrasando la formación de avenidas.
Vemos por tanto que nuestras actuaciones, una vez producidas las precipitaciones, han de ir encaminadas por un lado a lograr que la infiltración se incremente, reduciendo la escorrentía y sus fenómenos erosivos y a lograr que esta agua caída tarde el máximo tiempo posible en llegar a las zonas susceptibles de hacer daño. A modo de bibliografía, podemos apoyarnos en el estudio que realizó la Universidad de Málaga, para la Comisaría de Aguas de la Junta de Andalucía, titulado: “Determinación de la vulnerabilidad y riesgos de erosión en las cuencas aguas abajo de la presa del Limonero” del que extractamos lo siguiente: “Las tasas de erosión según la RUSLE (Ecuación Universal Revisada de Pérdida de Suelo) en la margen derecha, son superiores a 250 Tm/ha/año equivalentes a una vulnerabilidad alta y muy alta y en la margen izquierda los valores medios son de 75 Tm/ha/año, siendo incluso menores de 50 Tm/ha/año en las zonas repobladas, por tanto vulnerabilidad baja y muy baja frente a la erosión es decir la tercera parte del suelo perdido (movilizado) del correspondiente, a la margen derecha”, y si nos preguntarnos el porqué de esa diferencia, la respuesta es sencilla, en la margen izquierda tenemos terrenos pertenecientes al Parque Natural Montes de Málaga y en la derecha no.
En consecuencia, podemos afirmar, apoyados también en la historia reciente que indica que debido al Guadalmedina no se han producido inundaciones en Málaga, desde la última de septiembre de 1907, fruto de la construcción del embalse regulador del Agujero y los diques transversales y las repoblaciones realizadas en su cuenca, germen de ese espacio protegido, basadas en correcciones hidrológico-forestales. Actuaciones estas que deben ser prioritarias para mitigar los posibles daños que se produzcan, ya que además de reducir las tasas erosivas, van a incrementar las filtraciones y los tiempos de concentración, con lo que la red de drenaje va a mantener en gran medida su capacidad hidráulica, reduciendo las avenidas y los desbordamientos, al tiempo que se incrementa el tiempo para que la ciudad pueda responder a ese extraordinario evento natural.
*Ricardo A. Salas de la Vega es jefe del Servicio de Gestión del Dominio Público Hidráulico. Dirección General de Planificación y Recursos Hídricos. Demarcación Hidrográfica Cuencas Mediterráneas Andaluzas. Junta de Andalucía.

Estupendo articulo y didáctico. Gracias
Enhorabuena Ricardo por este artículo preciso, académico y contundente. Has dejado patente la necesidad de realizar trabajos de restauración hidrológico forestal en las cabeceras de nuestras cuencas hidrográficas, como se han venido haciendo en Málaga por nuestros compañeros ingenieros de montes, y que tú sigues realizando en el Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, y en el Parque Forestal de la Ciudad de Málaga.
Un abrazo.
Gracias. Un análisis riguroso y en detalle que nos permite entender mejor los procesos del agua que fluye hasta los cauces y darnos cuenta, una vez más, de la importancia de las acciones y correcciones forestales que realizáis en los montes sin vegetación. Que lo sigáis haciendo en muchos sitios más