Vie. Sep 18th, 2026

José Damián Ruíz Sinoga

Academia Malagueña de Ciencias

Las últimas DANAs han vuelto a traer el debate acerca de la seguridad del rio Guadalmedina a su paso por nuestra ciudad, cuando más bien debería ser relativo a como logra subsistir, sin perder su identidad, un rio convertido en una gran acequia y rodeado de unos importantes contingentes demográficos e infraestructuras, propias de una gran ciudad como es Málaga. Y todo ello en una constatada dinámica de cambio climático en la que ya es visible esa sucesión de eventos extremos, de tal manera que a una importante sequía puede sucederle e incluso solaparse sin solución de continuidad, varios eventos extremos de carácter torrencial que nos muestren la peligrosidad de nuestro sistema hidrológico, así como la vulnerabilidad de algunas ciudades mediterráneas. Las consecuencias de los acontecimientos de Valencia nos deben hacer reflexionar y mucho en esta materia.

Pero ¿qué sucedería si aquí lloviera igual que en Valencia? Como es práctica habitual en hidrología, algunos investigadores de la Universidad de Málaga (Paloma Hueso y José Antonio Sillero) hemos recurrido a la modelización y a la simulación, para poder responder a dicha cuestión, aunque vaya por delante que dentro incluso de la excepcionalidad, es bastante improbable que se produzca una precipitación similar a la de Turís, puesto que la termodinámica del mediterráneo en el mar de Alborán es diferente. Eso no es óbice para que no asumamos que dos caudales similares pueden ser generados por diferentes eventos pluviométricos de diferente intensidad, dependiendo de las características eco-geomorfológicas de las cuencas receptoras, por lo que consecuencias parecidas a las de Valencia se pueden producir aquí con bastante menos precipitación, lo que nos lleva a la necesidad de repensar y redimensionar seriamente indicadores como los cacareados “periodos de retorno” porque pueden confundir. De hecho, en lo que va de siglo hemos tenido varios eventos de un periodo de retorno de 25-30 años que han generado avenidas de los 100 años. Y en el cálculo hidrológico no conviene hacernos trampas puesto que hay mucha población expuesta a un peligro ya constatado. Es la ciencia, amigo, y su continua revisión de criterios y parámetros, tanto para explicar lo sucedido como para prever y activar actuaciones futuras.

Empecemos por el final: el río Guadalmedina en su tramo urbano actualmente ofrece un muy alto grado de seguridad hidrológica. Sabemos que dentro de la fenomenología torrencial y máxime en este contexto de cambio climático la seguridad absoluta no existe, pero se trata de una rambla mediterránea que está regulada por la Presa del Limonero, y que está encauzada permitiendo la evacuación de caudales de hasta 600 m3/seg. Si es cierto que hay unos 25 Km2 aguas debajo de la presa que no están regulados, no lo es menos que en una parte importante de ellos, al menos en los más conflictivos, se han llevado a cabo hidrotécnias mediante presas de acarreos o restauraciones hidrológico-forestales que están contribuyendo a dicho estándar de seguridad. Y así, para una avenida de un periodo de retorno de 500 años, el río llevaría en su tramo primero (hasta el arroyo de la Virreina) unos 310 m3/seg, en el segundo (hasta el puente de la Palmilla) 377 m3/seg, y desde el puente de Armiñan hasta el final 535 m3/seg. Es decir, muy cerca del límite de su desbordamiento, pero sin llegar a hacerlo.

Sin embargo, recientemente ha habido cierta polémica por la modificación de las normas de explotación, debido a que “por prudencia” fueron modificadas hace un par de años, bajando el máximo nivel de embalse y reduciendo el alivio de la presa para situaciones extremas de avenidas de 400 m3/seg a la cifra de 150 m3/s, aunque el aliviadero, es de 614 m3/seg. Y es ahí donde puede estar la clave de todo el debate, porque los caudales de avenida pueden ser los 150 m3/seg de los actuales técnicos, los 400 m3/seg de los anteriores o los 614 m3/seg del ingeniero que construyó la presa y del equipo que la supervisó, que alguna idea de hidrología e hidráulica seguro que tenían. En cualquier caso, y a efectos de nuestra modelización y simulación, hemos aceptado los 150 m3/seg. como caudal de avenida.

Aceptado este supuesto, en los 25 Km2 de arroyos no regulados aguas abajo, hemos de distinguirentre la margen izquierda reforestada en la cabecera de la cuenca, de la margen derecha, bastante más degradada pero en la que se han llevado a cabo actuaciones hidrológico forestales recientes, que podrán tener efecto en unos 20 a 30 años, y especialmente en el arroyo de Mendelin (cuya cuenca se extiende por el 13% de la superficie total no regulada), todo un sistema de trampas de acarreos, propio de morfologías alpinas.

Con todos estos parámetros, hemos establecido 3 escenarios:

(1) El resultado de la modelización de la precipitación de Turís (748 l/m2 en 24 horas, con una intensidad máxima diezminutal de 42 l/m2) muestra que el río llevaría en su tramo primero, un caudal pico de descarga de 762 m3/seg, de los que 597 m3/seg sería caudal líquido y con una capacidad de movilización de 7203 Ton de suelo. A este caudal habría que añadir el propio de desagüe de la presa, que hemos aceptado los 150 m3/seg. Nos tememos que en este escenario la ciudad colapsa.

(2) La modelización de la precipitación de Chiva, (490 l/m2 en 5 horas y una intensidad máxima de 122 l/m2 en 60´), nos muestra como el río llevaría en su tramo primero un caudal pico de descarga de 346 m3/seg, de los que 272 m3/seg sería líquido y se movilizarían 3422 Ton de suelo. A estos habría que sumar los 150 m3/seg generados por el aliviadero, lo que supone un pico de avenida de 496 m3/seg.

(3) Por último, la modelización de la precipitación recogida por el observatorio de Santo Pitar (156 l/m2 con una intensidad máxima en 60´de 49,8 l/m2), nos muestra como el río llevaría en su primer tramo un caudal pico de descarga de 85 m3/seg, de los que 66 m3/seg sería líquido, y con una capacidad de movilización de 630 Ton de suelo. Considerando el aliviadero de la presa nos iríamos a un caudal al pico de 235 m3/seg.

Pero esa cicatriz a la que tanto se alude referida al tramo urbano del Guadalmedina, no deja de mostrarnos año tras año que se trata de un río con una importante capacidad de evacuación de caudales de avenida, como rambla mediterránea que es. En la última DANA ha vuelto a cumplir su función. La modelización realizada nos muestra un adecuado comportamiento hidrológico del río en su tramo urbano excepto para el caso de Turís, con un caudal que rebasaría los 900 m3/seg, lo que supondría el colapso de nuestro sistema hidráulico, y me atrevería a decir que del urbano también. Sin embargo, en la modelización de la precipitación de Chiva, aunque excede al máximo evento registrado en nuestro entorno, las características eco-geomorfológicas de las cuencas torrenciales aguas abajo, pueden potenciar sus efectos hidrológicos, con lo que los picos de avenida calculados sí deberían ser muy tenidos en cuenta a la hora de llevar a cabo actuaciones hidráulicas en el tramo final.

En definitiva, con la actual configuración hidrológica e hidráulica del río Guadalmedina en su tramo final urbano, y aplicando los eventos de Valencia, casi se podría garantizar la evacuación de las precipitaciones de Chiva, es decir, el equivalente a la precipitación anual de Málaga, pero en tan solo unas horas. Sin embargo, en toda esta modelización vuelve a tener crucial importancia el caudal de base de explotación de la presa del Limonero. Hemos aceptado en todo momento esos 150 m3/seg. Pero, la realidad es que en la última DANA el embalse subió 3 Hm3 en apenas unas horas, cantidad nada desdeñable si consideramos su capacidad de tan solo 22 Hm3. El como actuará el ingeniero jefe de explotación de la presa ante crecidas de semejantes características, con los recientes recuerdos de la presa de Forata, también está por ver. Así pues, de cara a posteriores actuaciones hidráulicas no conviene olvidar que estamos ante un peligro al que está expuesta una importante población, con un riesgo de avenidas cada vez más frecuente en la dinámica actual de cambio climático, lo que debiera traducirse en decisiones basadas en la prudencia y en el sentido común.

*José Damián Ruíz-Sinoga es académico de número y catedrático de Geografía Física de la Universidad de Málaga, así como el Vocal Coordinador de la Sección de Medio Ambiente y Territorio de la Academia Malagueña de Ciencias.

2 comentario en “A VUELTAS CON EL GUADALMEDINA”
  1. Interesante artículo de JD y que refuerza los planteamientos expuestos el pasado día 20. El agua *no sale* de los cauces, el agua *circula* por ellos, hasta que por el incremento extraordinario de ese volumen de agua, no tienen capacidad drenante suficiente, produciéndose el desbordamiento.
    Evitemos en gran medida  ese incremento, con medidas de corrección hidrologico-forestal en las cuencas vertientes, que nos conducirán, además entre otras, a una menor vulnerabilidad frente a la erosión hidrica, a un incremento del umbral de escorrentía, a un incremento del tiempo de concentración, a una mayor recarga de los acuíferos, etc..

  2. Magnífico y documentado artículo sobre un enemigo secular que sigue amenazando a la ciudad después de tanto tiempo. La historia nos recuerda de forma constante el riesgo de las inundaciones de esta implacable torrentera, convertida a veces en un terrible y periódico causante de innumerables tragedias. En la inundación de 1628 fallecieron ahogadas más de 500 personas y más de 600 en la de 1661, cuando Málaga era poco más de un villorrio. Un riesgo el de este aprendiz de río que sigue latente para buena parte de la población. Enhorabuena.

Deja un comentario