Vie. Sep 18th, 2026

Tras el reciente fallecimiento del Exmo. Sr. Federico Mayor Zaragoza, Académico de Honor de la Academia Malagueña de Ciencias, queremos dedicar una serie de artículos escritos por diversos académicos que han tenido con él una estrecha relación personal y profesional. El vicepresidente de la AMC profesor Núñez de Castro nos ofrece, con su proverbial sensibilidad, un magnífico relato sobre su trayectoria como científico y gestor.

Ignacio Núñez de Castro

Academia Malagueña de Ciencias

El 19 de diciembre inesperadamente nos dejaba el Excmo. Sr.  D. Federico Mayor Zaragoza a la edad de 90 años. En breves palabras lo definiría como el ciudadano del mundo. A grandes rasgos a manera de aguafuerte describiré una de las personalidades más ricas de nuestra España de mediados el siglo XX y comienzos del XXI.  Esta sencilla cuarteta de su autorretrato poético:

                        «Cuando me pidan

                        cuál es mi estirpe

                        diré que soy linaje

                        del universo entero«.

nos revela una de las características más acusada de su personalidad: la universalidad. Universalidad por su educación, por su amplia mirada a la realidad, por su espíritu humanista universita­rio, por su preocupación por todos los desamparados del mundo, que carecen del pan de la cultura y por su quehacer por 12 años al frente de la UNESCO.

Federico Mayor nació en Barcelona el 27 de enero de 1934 a orillas de ese mar de vocación universal y de ser tejido conjuntivo de las culturas que navegaron por sus aguas. Estudió el Bachillerato en el Colegio Virtelia, continuador de la Institu­ción Blanquerna que con su nombre quería, de alguna manera, heredar el espíritu de nuestro medieval más universal, Raimundo Lulio. Esa época forjará para toda la vida un talante abierto, liberal, seriamente comprometi­do consigo mismo, con los demás y con las convicciones más profundas del hombre. También en un poema nos ha sintetizado Federico Mayor cuáles son sus convicciones:

«El espíritu

no convertido

en rito,

que conoce y siente

las cosas esenciales”.      

Estudió Licenciatura en Farmacia en la Universidad Complutense, donde se gradúa de Doctor bajo la dirección de D. Ángel Santos Ruiz, introductor de la Bioquímica moderna en España en la década de los años cuarenta. Muy joven fue Profesor de Bioquímica y Biología Molecular en la Facultad de Ciencias de la Universidad Complutense y presentó su Tesis Doctoral sobre: «Estudio de la descarboxilasa glutámica de origen vegetal». Contrajo matrimonio con María de los Ángeles Menéndez, Cheles, así la ha llamado siempre Federico con la que tuvo tres hijos, Federico, Chelines y Pablo; en su madurez le dedicó este poema:

«En los surcos de tu piel

está grabada nuestra historia,

cada instante está impreso

cada sonrisa

y cada llanto”.

Durante su estancia post-doctoral en la Facultad de Farmacia de la Sorbona, la Profesora Fernande Chategner, “Fan-Fan”, como la conocimos siempre en nuestro entorno, le presentó al Profesor Sir Hans Adolf Krebs, con el mantuvo tal amistad. que una vez asentada la Cátedra de la Facultad de Farmacia de Granada, decidió hacer una larga estancia en el laboratorio de Krebs en Oxford.

Desde su llegada a Granada en 1964. como Catedrático de Bioquímica de la Facultad de Farmacia, se pusieron de manifiesto sus cualidades personales: la urgencia esperanzada, la tenacidad en el trabajo, su mirada universal y la no afectada brillantez del joven catedrático. Un día se hace un gran revuelo en los pasillos de la Facultad de Farmacia de Granada, aparece el anuncio de la visita y Conferencia del Dr. Krebs. Había que ver la cara de admiración de los estudiantes que se preguntaban: «¿Viene Krebs? ¿Pero el que da la Conferencia es Krebs, el del ciclo?»

Corría el año 1966 cuando llegué a Granada a comenzar mi Licenciatura en la Facultad de Teología y tuve mi primer contacto con Federico Mayor, dos años después comencé mi Tesis bajo su dirección. Como decía antes la urgencia esperanzada se manifestó una vez más. El joven Catedrático, fue también el joven Rector. Como Rector de Universidad fue Procurador en las Cortes Españolas y estuvo tremendamente implicado en la Ley General de Educación de Villar Palasí. Se fundan nuevas Universidades y Federico Mayor marcha a la Universidad Autónoma de Madrid donde, con gran visión de futuro, fundó el primer Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad española en la Facultad de Ciencias y la Especiali­dad de Bioquímica común para las Licenciaturas de Biología y Ciencia Químicas; era el mes de Septiem­bre de 1973, con él nos desplazamos Magdalena Ugarte, Fernando Valdivieso, José María Medina, Alberto Machado y yo. Es verdad que D. Federico fue siempre a “Contraviento” (así se titula el primer libro de Poemas). Uno de sus lemas preferidos era el de los remeros de la Eneida; «Possunt quia posse videntur«.

Y nos hemos acercado a una de las vertientes más fecunda de su personalidad, su formación científica. La personalidad científica de Federico Mayor viene avalada por su labor producti­va en la Ciencia en los años de Oxford, Granada y Madrid. Para D. Federico estaba muy claro que la tarea del Profesor Universitario era enseñar y enseñar a enseñar, e investigar y enseñar a buscar la verdad. Alrededor de sí en Granada y Madrid creó una escuela de Docencia e Investigación en Bioquímica y Biología Molecular. La simple inspección de su producción científica en las revistas de gran difusión interna­cional garantiza esta afirmación. Con su palabra fácil y pausada enseñó a enseñar. Con su intuición en temas básicos como la bioquímica del ejercicio, la regulación de enzimas claves en la biosíntesis del colesterol, la regulación del ciclo de los ácidos tricarboxí­licos, la bioquími­ca perinatal, o los modelos experimentales de fenilcetonuria y de sobrecarga de bilirrubina, enseñó a investi­gar y sobre todo comunicó a la escuela entusiasmo por la ciencia y la investiga­ción. Pero ¿Por qué? ¿Cuál era el motor que movió a Federico Mayor a consagrar su vida primeramente en la Universi­dad como Catedrático y como Rector, y después, en el campo de la política científica, como Subsecretario del Ministerio de Educación, como Vicepresidente del Consejo Superior de Investiga­ciones Científi­cas y como Ministro de Educación y Ciencia, como Presidente de la Comisión Asesora de Investigación Científica y Técnica y más tarde como Consejero de la Universidad de las Naciones Unidas en Tokio? De nuevo, como he dicho antes, la respuesta fue siempre la urgencia esperanza­da. Veamos sus palabras en su obra Mañana siempre es tarde: «La Universidad debe bajar a la arena de este mundo sobrecogido y turbado, y decir que todavía estamos a tiempo de mudar la tribulación actual en esperanza. No nos encerre­mos en nuestras torres de marfil, por muchas justificaciones que podamos hallar para ello. Salgamos los universitarios y proclamemos con valentía a los cuatro vientos la urgente necesidad de un cambio de rumbo para, que la proa de los países se enfile hacia la paz y no hacia la guerra, hacia la plena realización de todos los hombres y no hacia los intereses de unos cuantos«.

Decía anteriormente que nos enseñó a investigar y nos contagió el entusiasmo por la investigación. En Oxford había conocido a un hombre tímido, pero que era, en palabras de Federico Mayor, de los hombres que tienen una vida digna de ser vivida, el Prof. Louis Woolf, quien había puesto a punto una analítica sencilla y eficaz para la detección de algunas anomalías metabólicas. La urgencia esperan­za­da de Federico le hizo concebir que era posible en Granada, -donde todo es posible-, crear, una vez más «a contravien­to» un centro de prevención de enfermedades metabólicas y cromosómicas. Un joven Profesor de la Universidad de Granada, el Profesor Antonio Martínez Valverde creyó en el proyecto y en la persona de Federico para llevarlo adelante. Había nacido el CIAMYC. Se montó un pequeño laboratorio en la entonces Jefatura Provincial de Sanidad bajo la dirección de la Doctora Magdalena Ugarte y un día de septiembre de 1971 el autoanalizador de aminoácidos empieza a dar un pico elevado de fenilalanina en el plasma de una niña recién nacida, María Luisa; se había detectado y se podía salvar la primera niña fenilce­to­núrica de España; estaba yo en el laboratorio del CYAMIC en aquel momento y pude comprobar la emoción del equipo. María Luisa tiene hoy cincuenta años largos, sacó las oposiciones de administra­tivo de la Junta de Andalucía y ha trabajado en la Dirección Provincial de Sanidad donde fue diagnosticada y curada. Años más tarde nacería su hermano Paco, también fenilcetonúrico, que se licenció en Matemáticas. Actualmente, la detección de algunas metabolopa­tías se hace rutinariamente a todos los niños recién na­cidos en nuestro país, la semilla la dejó caer Mayor en Granada.

Después de los años de Madrid, llegaron los años de la UNESCO; primeramente, como miembro del Comité consultivo para la Investi­ga­ción científica y las Necesidades Humanas en el bienio 76-77, después como Director General Adjunto, llamado por el Director General, el senegalés Amadou-Mahtar M’Bow, para llevar un aire fresco a la organiza­ción y en 1987 fue elegido Federico Mayor Director General  de la UNESCO y reelegido por unanimidad con sólo tres abstenciones, para un segundo mandato de siete años, el 6 de Noviembre de 1993. Uno de sus grandes logros en la UNESCO fue lograr en 1997 la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y Derechos Humanos, aprobada por unanimidad y aclamación,para establecer “la garantía del respeto de los derechos y libertades fundamentales y la necesidad de garantizar la libertad de investigación”. Al cumplir sus sesenta años un comité internacional, presidido por Keba M’Baye se reúne en la UNESCO, con el fin de ofrecerle una miscelánea bajo el título: Federico Mayor Amicorum Liber. El libro recoge las reflexiones de un centenar largo de mujeres y hombres del mundo de las letras, de las artes, de la ciencia y de la política que se honran de la amistad de Federico Mayor. Temas fundamentales como la paz, la solidaridad, la justicia, los derechos humanos y la libertad vertebran, juntamen­te con los testimonios de gratitud personal, dos volúmenes de mil cuatrocientas páginas. Al cumplir los setenta en la Universidad Autónoma de Madrid se le brindó otro homenaje de las personas más íntimas. El resto de sus años Federico Mayor los ha dedicado a llevar adelante su fundación Cultura de Paz, para “impulsar el tránsito desde una cultura de la violencia e imposición a una cultura de paz y tolerancia”.

A grandes brochazos he querido mostrar el aguafuerte de Federico Mayor (Aguafuertes es el título de su segundo libro de Poemas). Libro que, como el primero A contraviento es, en gran parte, autobiográfi­co. Autobiogra­fía de un espíritu que ha sentido hondamente la urgencia de la búsqueda, porque, no lo olvidemos: Mañana siempre es tarde. Búsqueda urgente, pero esperanza­da. Con este poema, que una vez más busca la esencia última de las cosas, se cierra el libro Aguafuertes:

«¡Ir a Tu encuentro

cada noche

sin hallarte!

Aquí reside

la más alta facultad

que Nos has dado:

vivir en la libertad

merodeando interrogantes

y certezas

hasta que un día, al fin

sepamos.

Hoy, sólo Tus huellas”.

Federico Mayor era una persona de la raza, de los que no pueden esperar. Para él “todavía era posible forjar un futuro común más acorde con la dignidad humana y muy especialmente, con quienes creen lo contrario«. Mayor siempre estaba listo para dialogar «con todos los que están dispuestos a esclarecer los horizontes sombríos«. El diálogo nace espontáneamente; hombre sencillo, atento a los pequeños y grandes problemas de la vida de sus colaboradores. Cercano en las muertes prematuras de Antoñita, su secretaria en el Rectorado y de Alfonso Cano, el más brillante de sus colaboradores, «que buscaba la luz con tanto esfuerzo«, a quien Federico dedica uno de sus poemas más profundos.

La esperanza de Federico viene siempre teñida por la urgencia del hoy: «Hoy es preciso atreverse a saber y a hacer: a saber, hacer (a crear lo inédito) a hacer saber (a enseñar así lo sabido) y a dar vigencia social a lo que se sabe y se enseña«. (Son sus palabras en Mañana siempre es tarde). Uno de sus colaboradores en la UNESCO, Tom Forstenzer, escribió que esta «ética del tiempo», «la urgencia de actuar a tiempo, más bien que cobijarse tras la necesidad de mayor información» es el primer imperativo ético del Director General.

*El Dr. SJ Ignacio Núñez de Castro es académico de número y vicepresidente segundo de la Academia Malagueña de Ciencias. Es catedrático emérito de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Málaga y licenciado en Filosofía y Teología.

2 comentario en “FEDERICO MAYOR O LA URGENCIA ESPERANZADA”
  1. Enhorabuena por este brillante trabajo. Tu sensibilidad y erudición son el hilo conductor de este preciosísimo artículo en memoria de Federico Mayor Zaragoza.

    No solo resaltas la extraordinaria trayectoria de Mayor Zaragoza como docente, investigador, gestor y humanista, sino que también transmites la esencia de una vida dedicada a la «cultura de paz».

    Gracias por este inspirador relato de la vida y el inmenso impacto de la figura de Federico Mayor Zaragoza.»

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