Esther Cruces Blanco
Academia Malagueña de Ciencias
Calamidades naturales derivadas del cambio climático y de situaciones geográficas e históricas bien conocidas; conflictos ancestrales que permanecen y guerras que surgen debido a los siempre inestables equilibrios geopolíticos; exilios provocados por esas catástrofes naturales y/o por las hecatombes que derivan de todo hecho violento; emigraciones obligadas para buscar protección y para sobrevivir. Los medios de comunicación y las redes sociales -con mayor o menor veracidad- bombardean con estas situaciones con una aproximación directa a las motivaciones políticas y económicas que de forma global estructuran el mundo actual; esta información muestra un acercamiento menor a las circunstancias personales, a la realidad de los individuos que han de arriesgar sus vidas en barcos inestables, en fronteras amuralladas y alambradas y, siempre, dependiendo de redes de delincuencia que han hecho del tráfico de personas un negocio lucrativo. Aquellos avocados a la movilización forzosa ¿qué portan en las mochilas, en las pequeñas maletas, en fardos y bultos de todo tipo?, sin duda, documentos.

En todas esas circunstancias, en las evidencias de esos hechos, las noticias y las imágenes están cargadas de violencia -una percepción indirecta pero que, como la lluvia fina, cala en la conciencia, en la percepción de lo ocurrido-, pero existe un factor relevante sobre el que escasamente se informa: la pérdida de documentos vitales, de documentos esenciales para ser, estar, poseer, acreditar. El abandono de documentos personales es a veces una necesidad para que la identidad no sea conocida y con ello evitar la persecución política, por ejemplo; en otros momentos los documentos son un bien con un gran valor añadido: las mafias que comercian con personas se hacen con pasaportes y con otros documentos de identidad, de manera que el individuo queda sometido a quien esgrime el poder de poseer los documentos vitales, que sólo podrán ser recuperados tras pagar elevadas cuantías y permanecer en un régimen comparable a la esclavitud.
Y ahí están, arribando a las costas europeas y españolas -principalmente a Canarias- personas a las que se les denomina sin papeles y simpapeles -ambas grafías son admisibles- tanto porque no portan, en muchos casos, documentos como porque a la llegada a lo que suponen un posible paraíso, estos individuos no tienen permiso para residir y trabajar legalmente; permiso, otro documento vital.

Si la existencia de documentos puede causar la ruina de un individuo e, incluso, conducirlo a la muerte, la ausencia de documentos vitales provoca situaciones de indefensión. Los medios de comunicación nos han acostumbrado a la palabra “indocumentado”, en el sentido de persona que no lleva consigo documento oficial mediante el cual pueda identificarse, quien carece de prueba fehaciente, de testimonio válido. Estos “sin papeles” están relacionados con la inmigración ilegal, el abandono de niños, el asentamiento irregular y en precario, con el reasentamiento, con los refugiados, con la repatriación, con los desaparecidos, entre otros factores.
La catástrofe sufrida en diversas zonas de España -especialmente municipios de la Comunidad Valenciana, el 29 de octubre de 2024- causada por la Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) ha puesto, también, el foco de las noticias en los documentos vitales. Las Administraciones Públicas, con una agilidad que ha sorprendido, han habilitado oficinas provisionales para la obtención de esos documentos esenciales que han desaparecido arrastrados por el agua y el lodo, destruidos por estas avalanchas, amontonados sin posibilidad de recuperación alguna; documentos en soportes tradicionales -escrituras notariales, libros de familia, contratos públicos y privados, pólizas de seguro-, DNI y pasaporte, pero también en otros soportes y sistemas de producción que se custodiaban en ordenadores personales o sistemas de empresas. Sin bienes y sin documentos, tal como lo expresaba el presidente de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA) en la Comunidad Valenciana: “La norma dice lo que dice, pero hay una cuestión: hay cosas de derecho que no se pueden solicitar, porque son de imposible consecución. Si se le pide a un contribuyente la escritura del piso, pero ya no hay piso, ni escrituras, ni nada, ¿cómo se va a demostrar?”. El Colegio Notarial de Valencia, el Colegio de Registradores de la Propiedad o el Consorcio de Compensación de Seguros, entre otros, han facultado sistemas para la expedición de documentos esenciales, necesarios para reemprender la vida personal, administrativa, laboral, empresarial. Documentos vitales para ser, estar, poseer.
Los documentos vitales están presentes en todo y para todo; también son necesarios para la memoria, para aferrarse al recuerdo del ser querido que desapareció. Existen definiciones sobre “documento vital”, pero esta categoría se alcanza, también, en función de cada individuo. En el mes de noviembre de 2024, tras el cierre administrativo y judicial del naufragio del pesquero gallego ‘Villa de Pitanxo’ -hundido en la madrugada del 15 de febrero de 2022 en aguas de Terranova (Canadá)- una persona allegada a un desaparecido exponía: “queremos un papel físico para saber dónde están nuestros muertos”-veintiún marineros fallecidos-; los familiares saben que no se hallarán los cuerpos, pero un documento les reconforta, les acerca a sus seres queridos.
De manera general la ausencia de documentos personales -por diversos motivos- se puede extrapolar a la pérdida y a la destrucción de archivos, porque esos documentos que se custodian en los domicilios, en las empresas, en las administraciones públicas, en los centros de docencia y de investigación, constituyen archivos; por ello es oportuno recordar la afirmación del archivero francés Jean Favier -persona relevante de la Archivística internacional, Director de los Archivos de Francia, Presidente de la Biblioteca Nacional de Francia, Presidente del Consejo Internacional de Archivos- quien manifestó: “El hombre guarda sus archivos por necesidad, por dignidad también”.
*Esther Cruces Blanco es Doctora en Historia por la Universidad de Málaga y académica de número, y directora del Archivo General de Indias.

¡Enhorabuena por tu artículo, Esther! El tener físico es muy importante; en base a ello se es. “Documentos vitales para ser, estar, poseer”, dices. En estos tiempos en los que las personas, especialmente las jóvenes, están renunciando al tener físico (su música, sus películas, sus apuntes, sus papeles, su vida, tienen lugar, se desarrollan y se almacenan en el ámbito virtual), es fundamental fijar la mirada en el carácter esencial de la materialidad. Muchas gracias por tu mirada, Esther
Afortunada síntesis de los parámetros de los documentos vitales físicos.
En secuencia con el comentario de la Dra. Siles Molina en relación con el soporte electrónico, confluye la perspectiva de las Administraciones, caso de las historias clínicas, dispersas en los diversos sistemas informáticos autonómicos de salud y que, ante una contingencia en territorio nacional, pero distinto al de residencia, esta creando problemas en conflicto con la libertad de movimiento y condicionando la efectividad de la Tarjeta Sanitaria Europea.
Interesantes reflexiones que nos recuerdan la extraordinaria importancia de la documentación archivística. La Historia, como tantas cosas, sería absolutamente imposible sin los documentos que nos acercan al cómo fuimos. Magnífico trabajo. Enhorabuena.