Vie. Sep 18th, 2026

Mari Pepa Lara García

Academia Malagueña de Ciencias

Según podemos comprobar en el plano de Carrión de Mulas de 1791, venía perfectamente señalada, delante de la Aduana, “la playa de las mujeres”, en la Cortina del Muelle, especialmente en una playita que existía junto a la Aduana que no ofrecía peligro alguno, de ahí que la utilizaran los ciegos, por lo que recibió también el nombre de “baño de los ciegos”. Aunque se cree que el nombre se le dio por el escaso peligro que representaba para cualquiera. En la playa de la Pescadería sólo podían bañarse los hombres. Ambos sexos debían hacerlo a partir de las diez de la noche. Conocemos un bando del alcalde, José María Coronas Serrano, de 1852, en el cual daba las normas de cómo debían efectuarse estos baños. Entre otras destacaremos: “Se prohíbe bañarse juntas a personas de distinto sexos, acercarse las unos a las otras, bajo la pena de uno a cuatro días de arresto. Nadie podrá bañarse de día, cerca de la Cortina del Muelle, ni en los mismos muelles, ni cerca de las playas de Sanidad, Pescadería, ni Espigón, aun cuando use del traje conveniente; etc.” Para bañarse de día había que ir a un balneario.

Existieron tres balnearios en el Puerto:  Diana, inaugurado en 1845 en la Cortina del Muelle, entre el espacio que se extendía desde la Aduana al Cuartel de Levante, fue el primero de este tipo en Málaga, construido dentro del mar, de madera sobre puntales de hierro, y circunvalado por una verja de hierro, siendo su propietario Roselló. Aunque en un principio fue bastante reducido, cada año se iba ampliando y mejorando, como cuando en 1861 se instaló «una bonita portada colocada sobre la misma muralla”.

La Estrella, lo inauguró Manuel Díaz de Antoñana en 1859 en la playa próxima al edificio de Sanidad. Debido a la proximidad de las alcantarillas; después de un duro enfrentamiento entre el Ayuntamiento y el Gobierno Civil, en junio de 1862 se trasladó a la zona del puerto conocida como «Baños de ciegos» o «Baños de mujeres«. Dos autores malagueños difieren ligeramente en cuanto a su ubicación exacta en la Cortina del Muelle. Así, para Narciso Díaz de Escovar, «se trasladó algo más arriba, lindero con los baños de Diana y frente al Postigo de los Abades y calle del Cañón” mientras que Francisco Bejarano nos refiere que «estaba situado hacia Poniente, a la derecha de la antigua casa llamada de Orueta, que es la que la actual Cortina del Muelle hace esquina a la calleja de Don Juan de Málaga«. Las personas que asistían a este balneario eran más jóvenes, bullangueras y alegres que los que acudían a los de Diana.

Y, finalmente, Apolo, se inauguró en 1879 frente al Postigo de los Abades, junto a los balnearios Diana y La Estrella, sobre un saliente que allí formaba la Cortina del Muelle. Era muy amplio en su emplazamiento primitivo, nutriéndose de las aguas de Torremolinos en todas sus dependencias. Con la instalación de los tres balnearios, toda la zona comprendida desde la Cortina del Muelle hasta el cuartel de Levante presentaba en los meses de verano un animado aspecto.

A partir de ese momento, privando intereses comerciales, el gobernador, Antonio Guerola, prohibió los baños en la playa de la Cortina del Muelle. Éste, el 28 de junio de 1862, daba las siguientes normas en materia de baños: “Las mujeres desde la batería de San José hasta llegar al frente de la Pescadería, y los hombres desde la batería de San Rafael hasta llegar también hasta la misma Pescadería, quedando todo el frente de este edificio, como terreno que sirva de separación a ambos sexos. El servicio de baños podrá utilizarse desde el primero de julio próximo.

Carrión de Mulas, 1791. Aduana-Baño mujeres. Vista parcial

Sin embargo, a causa de la poca o nula salubridad de estas playas, donde en aquellos años fondeaban diariamente unos cincuenta buques por término medio, cuya tripulación fluctuaba alrededor de doscientos hombres; donde en la playa de Pescadería, además, desaguaban cuatro almadrabas, y los pescadores ejercían sus faenas de pesca; también al comienzo del Parque, y a las próximas obras del Puerto. Por ello, el 20 de mayo de 1886, la Junta de Sanidad acordó no permitir los baños, pues constituían un verdadero peligro para la salud, quedando totalmente prohibida en las mencionadas playas. Y los balnearios, en 1887, debieron trasladarse a La Malagueta. Pero, eso ya es otra historia.

*Mari Pepa Lara García es archivera y doctora en Historia. Académica de número de la Academia Malagueña de Ciencias, académica de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, académica correspondiente de la Real Academia de Historia y académica correspondiente de la Real Academia de Nobles Artes de Antequera.

2 comentario en “BAÑOS DE MAR Y BALNEARIOS EN EL PUERTO (SIGLO XIX)”
  1. Muchas gracias por tu artículo, Mari Pepa.

    Qué cansado intelectualmente vivir en un mundo en el que mujeres y hombres debían estar separados para evitar tentaciones y peligros, y se tenía “el tema» permanentemente presente. En algo se parece a nuestra existencia actual: la presencia continua de lo sexual. Ocupar la mente en esos asuntos evita dedicarla a otros.

    También nuestra sociedad actual se parece a aquella en lo de legislar “privando intereses comerciales”.

    Afortunadamente, hemos mejorado en muchas otras cosas, en particular, en la consideración de lo público.

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