11 Mar UN TORRENTE DE AGUA SALADA LLAMADO ESTRECHO DE GIBRALTAR
Víctor Díaz-del-Río Español
Academia Malagueña de Ciencias

La Real Sociedad Española de Historia Natural nos anuncia la celebración de su XXV BIENAL que tendrá lugar en la ciudad de Málaga y que hospedará la Universidad de Málaga (Facultad de Derecho). El evento está organizado de forma cooperativa por el Centro Oceanográfico de Málaga (Instituto Español de Oceanografía/CSIC), la Universidad de Málaga y la propia Real Sociedad Española de Historia Natural. Cuenta también con el impulso de la Academia Malagueña de Ciencias. Las fechas previstas para este acontecimiento científico son del 2 al 6 de septiembre del 2023. Este evento científico del que se responsabiliza la RSEHN y que vuelca su mirada al mar, en una zona tan interesante y estratégica como es el Estrecho de Gibraltar, es un hecho memorable que pone al medio marino en el primer plano de la actualidad científica relacionada con la naturaleza. Esta convocatoria coincide precisamente con el anuncio de que la Conferencia de la Década de los Océanos de la ONU de 2024 se celebrará en España (Barcelona). No es menor la trascendencia de esta concurrencia pues es bien palpable que la población mundial percibe con notable sensibilidad la importancia que tiene el medio marino para el sostenimiento de la vida en el Planeta. Pero no es ocioso destacar el hecho de que también se reconoce el posicionamiento que tiene nuestro país en el concierto internacional, en materia de ciencias marinas.
Sin lugar a duda la cita es muy interesante, no solamente por la cantidad de enfoques científicos que los organizadores proponen a los asistentes para analizar a lo largo de las sesiones, sino porque el área en cuestión es crucial en términos ecosistémicos para el mar Mediterráneo y el océano Atlántico, y por supuesto para la provincia de Málaga y la Costa del Sol, dada su proximidad. Es bien sabido su inmenso valor como zona de explotación turística, junto al golfo de Cádiz y sus costas de Huelva y Cádiz, que son provincias costeras adyacentes al Estrecho de Gibraltar, todas ellas beneficiadas por su activa dinámica marina. Entonces, para Málaga y los malagueños, la cita científica resultará de importancia capital, tanto para los ciudadanos como para los gestores de la cosa pública, pues nos permitirá examinar las perspectivas que tienen los diversos científicos de las distintas especialidades, sobre los procesos y problemas que afectan a esta crucial zona marítima de alcance global.

Son muchas las formas que tenemos de contemplar este caudaloso torrente de agua salada que separa dos continentes y que vincula ambas riberas al compartir las aguas superficiales atlánticas y mediterráneas profundas que fluyen a través de él. En ello se han fijado los organizadores de la cita científica al proponer once áreas temáticas que se someterán al análisis y escrutinio de los expertos participantes. No solamente se han fijado objetivos científicos sino también otros de significante proyección social, como la docencia, la comunicación social, ámbitos museísticos, cultura y desarrollo de las sociedades ribereñas, geografía humana y explotación de recursos, usos de los espacios e impactos ambientales, etc. Los enfoques pueden ser tantos como cada cual quiera entender para analizar y exponer delante de sus colegas, siempre que guarden relación con las Ciencias de la Naturaleza y del Medio Ambiente. En este sentido la organización refleja la orientación dual de la ciencia al dirigirse a “procesos y a problemas”.
Estoy seguro de que cada uno de nosotros tenemos una percepción ambientalista particular del Estrecho de Gibraltar, ya sea fruto del estudio de su espacio físico, continental y marino, o de la observación de su función como nexo de unión entre dos continentes y dos culturas bien diferentes que vienen utilizando este espacio natural con muy diversos fines desde que el hombre puebla la Tierra. Así que será conveniente estar bien atentos a lo que se discuta en este foro porque, indudablemente, arrojará luz sobre los problemas que plantea esta zona estratégica de la que depende el propio equilibrio ecológico del mar Mediterráneo como cuenca marina.

Desde luego no han sido pocos los avatares por los que ha pasado el Estrecho de Gibraltar desde que, hace unos seis millones de años, se fracturaron las rocas que ocupaban este espacio y se erosionaron formando dos escarpados torrentes que fueron llenando lentamente la cuenca mediterránea. Sus orillas, europea y africana, y el sustrato que sostiene la columna de agua, han visto mucho más de lo que somos capaces de imaginar. La historia de las sociedades humanas ribereñas es bien reciente, a pesar de que son muy notables las afecciones de las que es víctima, particularmente en términos de explotación de recursos e impactos sobre el fondo marino y sus ecosistemas vulnerables. Pero no es menor la problemática que plantea el intenso tráfico marítimo (comercial, militar -submarino y de superficie-, deportivo, pesquero, etc.), o su papel como vía de comunicaciones submarinas por cable o bien como soporte de gaseoductos submarinos, o su atractivo como espacio físico para establecer un enlace permanente entre África y Europa, o incluso su incalculable valor geoestratégico y militar en términos de seguridad nacional e internacional (con el riesgo añadido del uso de la base naval de la colonia de Gibraltar para buques propulsados con energía nuclear), pues todo ello tiene su traslación al ámbito medioambiental.

No menos significante es el uso del mar territorial para la instalación de parques eólicos, que aun siendo un asunto que se reguló en 2007 y 2013 se ha visto actualizado tras la polémica que generó la reciente publicación en el BOE (diciembre de 2022) de la norma que regula el acceso a los parques eólicos offshore para permitir la pesca tradicional. El acotado de los espacios para la instalación de parques eólicos marinos no tiene porqué entrar en colisión con los intereses que generan otras actividades que se realizan en la plataforma continental. Resulta singular comprobar la complacencia con la que se contemplan los parques eólicos en continente, de inconmensurable impacto paisajístico y visual -por no citar el impacto edafológico o el acústico- y el aparente rechazo que generan los marítimos. Más sorprende ver que no se ha aprovechado hasta el día de hoy la energía eólica, y las que puedan rendir instalándose en los soportes de los aerogeneradores -mareomotriz e hidrocinética-, de alto rendimiento característica del medio marino.
A buen seguro que volveremos sobre el asunto cuando se celebre el evento. Mientras tanto podemos ir volviendo la vista al Estrecho de Gibraltar pues ha de seguir ofreciéndonos noticias permanentemente, científicas, económicas, sociales y políticas. No lo duden.
Víctor Díaz-del-Río Español es Dr. en Geología y Científico Titular (J) del Instituto Español de Oceanografía. Es también académico de número de la Academia Malagueña de Ciencias.