20 May LOS TERREMOTOS DE 1884 EN EL INFORME DE DOMINGO DE ORUETA
Francisco Cabrera Pablos
Academia Malagueña de Ciencias
El pasado 6 de febrero de 2023 la tierra tembló en amplias zonas de Turquía y Siria. Un seísmo de una magnitud en torno a 7,8 de la escala Richter y extrema intensidad en la de Mercalli causó daños extraordinarios en vidas y haciendas de los cuales, aún hoy, se recuperan con dificultad. En la Navidad de 1884, un terremoto tremendamente destructivo afectó al antiguo Reino de Granada con especial intensidad en la Axarquía malagueña.
Si, en el primer caso, el origen de la catástrofe estuvo en las confluencias de las placas de Eurasia en la región de Anatolia, África y Arabia, mientras que en el sismo malacitano se produjo por el recurrente ajuste entre las placas norteafricana y europea.
No es nuestra intención hacer un análisis pormenorizado de los terremotos en Málaga desde un punto de vista histórico (para lo que sin duda nos faltaría espacio) y mucho menos geológico (para lo que nos faltarían conocimientos). Solo pretendemos acercarnos al informe que sobre el acaecido hace casi 140 años, y que tantos destrozos originó en las tierras malacitanas, realizó un investigador de la solvencia de Domingo de Orueta y Duarte: un joven estudiante de ingeniería a punto de terminar su carrera y que tanto trabajó por nuestra Academia Malagueña de Ciencias, de la cual cumplimos en estas fechas un siglo y medio de vida.

Efectivamente, la zona sur meridional de la Península Ibérica ha sido siempre muy proclive a estos fenómenos por los acoplamientos tectónicos apuntados. A lo largo de la Historia, la documentación recoge, entre otros, los de 1494, 1497, 1522, 1581, 1680, 1722, 1755, 1767, 1804 y 1884.
De los citados, debemos destacar los de 1680, 1755 y el de 1884 que analizara el informe de Orueta objeto de este artículo. En todos ellos, el número de muertos alcanzó cifras importantes, con el colapso además de buena parte de las edificaciones; e incluso algunas subsidencias en terrenos de las zonas afectadas debidas a convergencias o divergencias de las placas en conflicto.

El de 1680 acaeció el 9 de octubre y una Relación verdadera de la lastimosa destrucción que padeció la ciudad de Málaga, conservada en la sección de Manuscritos de la Real Academia de la Historia, hacía una descripción muy acorde con la hiperbólica semántica de la época: “A las siete de la mañana empezó el terremoto. Los peces en el mar lo sintieron antes, de manera que saltaban fuera a la tierra, salían del agua o por encima de los barcos y navíos, dando saltos y huyendo de su habitación natural buscaban refugio fuera de su centro. Los navíos se levantaban en alto fuera del agua, crujiéndose y golpeándose las piezas…”. Naturalmente todo ello se debía a lo “repetido de nuestros grandes pecados” como no podía ser de otra manera.
El 1 de noviembre de 1755 tuvo lugar el de Lisboa, ciudad que sufrió, además del terremoto y el tsunami posterior, un incendio que la arrasó en gran parte, siendo reconstruida por el marqués de Pombal bajo el ilustrado gobierno de José I. Aquel sismo, extendido por todo el sur peninsular, fue recogido en actas del malagueño cabildo que daba noticias del “terremoto experimentado en el día primero del presente mes y los que posteriormente han acaecido, de resulta de los reconocimientos que incesantemente se están ejecutando de las casas y edificios del pueblo, muchas perjudicadas y cada día más y más.”

Eran casi las nueve de la noche del 25 de diciembre de 1884 cuando tuvieron lugar los denominados Terremotos de Andalucía, que afectaron a las provincias de Málaga y Granada causando numerosos muertos e importantes daños en edificios y comunicaciones.
Con tal motivo, la entonces Sociedad Malagueña de Ciencias publicó el detenido estudio de Domingo de Orueta y Duarte, hijo de Domingo de Orueta y Aguirre, primer presidente de la mencionada corporación. Nuestro admirado colega de esta Academia, Luis Linares, realizó en la reedición del informe en 2005 un breve pero completo estudio biográfico de su autor que recomendamos al lector interesado.
Orueta hijo se encontraba en Málaga en el momento en el que se produjo el seísmo y se empeñó desde el primer momento en buscar “alguna luz sobre sus pocas conocidas causas.” En sus primeros análisis afirmó la relación “íntima entre la naturaleza y topografía de los terrenos y la dirección e intensidad del movimiento sismo” o, dicho de otra forma, entre la geología de la zona y su predisposición a sufrir estas tragedias. Esta era la primera parte de su trabajo, describiendo en la segunda las consecuencias del terremoto y los daños causados, terminando con un sustancioso capítulo de “Deducciones”. La obra resulta muy interesante por abordar tales fenómenos de forma rigurosa.

Estos acontecimientos tuvieron una amplia repercusión en toda España, hasta el extremo que Alfonso XII, con una más que deteriorada salud, se desplazó a la zona para comprobar los daños y animar en lo posible la reconstrucción. El Ayuntamiento malagueño, el 17 de enero de 1885, decidió colocar una placa en el Salón de Sesiones en agradecimiento a SM: “Cuando esta capital y varios pueblos de la provincia se vieron desolados y envueltos en las ruinas que produjo el terremoto que por modo tan extraordinario se hizo sentir en la luctuosa noche del veinte y cinco de diciembre de mil ochocientos y ochenta y cuatro, el Rey magnánimo, generoso y caritativo Don Alfonso XII, en medio de los rigores de un invierno crudísimo, acudió presuroso a remediar personalmente los desastres causados por aquel fenómeno, llevando toda clase de socorros y consuelos a estas localidades convertidas en pocos momentos en ruinas.”
Estos hechos no deben hacernos olvidar que Málaga se encuentra en una zona geológicamente inestable, lo que de cuando en cuando provoca seísmos de extraordinaria gravedad. En consecuencia, la Historia, maestra de la vida, nos aconseja que las edificaciones se adapten a las extraordinarias tensiones producidas en tales fenómenos para paliar en lo posible sus perniciosos efectos.
*Francisco Cabrera Pablos es Dr. en Historia y Académico de Número de la Academia Malagueña de Ciencias.