17 Dic HISTORIA DEL LABORATORIO QUÍMICO Y LA FARMACIA DEL AYUNTAMIENTO DE MÁLAGA (I)
María Pepa Lara García
Academia Malagueña de Ciencias
Hace más de veinte años, publiqué en una revista un artículo sobre esta misma materia. Quizá porque es una historia a la que estoy vinculada muy particularmente -mis padres y yo misma trabajamos en la Farmacia Municipal-, he estado dándole vueltas a la idea de volver a escribirlo, corregirlo, aumentarlo o en su caso, reducirlo, y actualizándolo, pues sé por experiencia que, pasado los años de la publicación, el tema pierde vigencia y se olvida. He procurado darle mayor protagonismo al Dr. Gálvez, creador de la citada Farmacia -pues, después de varios intentos, se inauguró gracias a su decidida intervención-, nombrando a la primera mujer concejal del Ayuntamiento, Teresa Azpiazu y Paul. El resultado es este relato que espero os resulte interesante.
El Laboratorio Químico Municipal
En la sesión de Cabildo del 12 de agosto de 1887 se leyó un informe presentado por la Comisión de Beneficencia y Sanidad, para la aprobación de la convocatoria y programa para los ejercicios de oposición a las plazas de director del Laboratorio Químico municipal, con el haber anual de 3.000 pesetas, y otra de subdirector farmacéutico del mismo, con el sueldo de 2.000 pesetas, creado en el presupuesto de aquel mismo año. También se aprobó la citada convocatoria y el programa; el Ayuntamiento se reservaría el nombramiento de los vocales del tribunal de oposición, acordando pedirle al gobernador que fuera el presidente de estos actos, por reunir la cualidad de ser doctor en Ciencias Físicas y Naturales.
Los opositores a la plaza de subdirector: Manuel García y Guerrero y Emílio Maresca Serrano, enviaban un extenso escrito a la Corporación, el 17 de noviembre de 1887, en el que solicitaban que, para dicha plaza, debía nombrarse otro tribunal compuesto exclusivamente por farmacéuticos. Añadían, era una contradicción que, para el puesto de director, el Ayuntamiento entendía debía ser doctor en medicina, farmacia o ciencias, mientras que para el de subdirector sólo podía ser farmacéutico; además, el tribunal elegido estaba compuesto en su mayoría por médicos -los cuales no eran competentes en materia farmacéutica-, y un solo farmacéutico experto en la materia requerida.
En la sesión de Cabildo del día 18 de noviembre, se debatió ampliamente el escrito enviado por los opositores, hubo votación secreta, y el resultado fue desestimar el escrito presentado. Unos meses después, el 13 de abril de 1888, se acordó se celebrasen los exámenes el 23 del mencionado mes, a las tres de la tarde en el salón de actos de dicha Corporación, para la plaza de director, y el día 24 para subdirector. El 19 de abril Juan Rosado Fernández, opositor a la plaza de director, enviaba un escrito en el que decía que, entre uno de los miembros del tribunal, el doctor en medicina Francisco Martos Pérez, y él existía una enemistad manifiesta, y al mismo tiempo, había una estrecha e íntima amistad entre dicho señor y el otro oponente a la plaza de director, Francisco Rivera Valentín, por lo que había esperado que, sin previa recusación, Francisco Martos en modo alguno hubiese aceptado el cargo de juez de este tribunal, teniendo en cuenta las especiales circunstancias; dado que no había sido así, solicitaba al tribunal fuese recusado como juez el señor Martos Pérez.
Realización de los exámenes
Las oposiciones siguieron sus trámites oportunos como estaba previsto. En el Archivo Municipal se encuentra el expediente completo de dichos exámenes, con la inclusión de las Memorias aportadas por lo opositores, así como las incidencias, paso a paso, que tuvieron esas pruebas. Omitimos la descripción pormenorizada por resultar reiterativas. Con la mención de los resultados, podemos fácilmente deducir aquellos acontecimientos. En la sesión de 11 de mayo de 1888 se leyó la comunicación enviada por el presidente del tribunal de oposiciones, en la cual proponían para director del Laboratorio a Francisco Rivera Valentín -probablemente hermano del arquitecto Manuel Rivera Valentín-; y para subdirector a Luis Gil de Montes y Tauroni. Después se procedió a votación secreta, resultando, por unanimidad de los treinta y un concejales, aprobada dicha propuesta.
Nombramiento de director del Laboratorio
A las dos de la tarde, del día 14 de junio de 1888, se reunieron en el despacho de la alcaldía los vocales de la Comisión de Beneficencia y Sanidad, bajo la presidencia de Miguel Segura Luna, a efectos de entregar al nuevo director del Laboratorio municipal, Francisco Rivera Valentín, todos los utensilios del mencionado Laboratorio, cuyo inventario se uniría al acta firmada por todos los presentes.
No terminó aquí el asunto, puesto que el 12 de julio de aquel mismo año, volvió a enviar un escrito Juan Rosado Fernández al Ayuntamiento y, días después, remitía al gobernador otro escrito de 19 folios explicándole todos los antecedentes del caso para que resolviese el recurso de alzada que había interpuesto contra el Ayuntamiento. En la sesión de 17 de agosto de 1888 se aprobó el nombramiento, a propuesta de la Comisión de Beneficencia y Sanidad, de Salvador del Pino y Ardoyno para la plaza de ayudante del Laboratorio Químico municipal, con el haber designado en el presupuesto. El 6 de agosto el vicepresidente de la Comisión Provincial de la Excma. Diputación envió un prolijo informe al alcalde de la ciudad, en el cual resolvía desestimar el recurso de alzada del señor Rosado. En 1894, el 2 de noviembre -después de celebrarse unas oposiciones-, se nombraba a Adolfo de la Blanca y Pérez subdirector del Laboratorio, por unanimidad.
Creación del Parque Sanitario en 1911. Traslado del Laboratorio Municipal a dicho Parque en 1923.

En la sesión de Cabildo de 13 de octubre de 1911 se acordó instalar el Parque Sanitario y Hospital de Observación en los almacenes de Martiricos, en la Avenida del Dr. Letamendi -la actual de José Gálvez Ginachero-; para ello, era necesario adquirir una parcela adosada a dichos almacenes, en la que existía una casilla construida, y cuyo importe ascendía, aproximadamente, a unas 830 pesetas. Se discutió esta propuesta por varios concejales, y el Ayuntamiento acordó, finalmente, adquirir la parcela referida, abonándose su importe con cargo al capítulo de imprevistos, en su apartado de “Calamidades”. También se autorizó al alcalde y síndico para el otorgamiento de la correspondiente escritura.
En un informe realizado años después por el archivero, Francisco Bejarano Robles, sobre la creación del citado Parque Sanitario, adjuntaba un documento en el cual se dibujaba un pequeño plano de situación, y una nota que decía: El Ayuntamiento acordó adquirir una parcela de terreno de 122’84 m2 en el cual había edificada una casilla, y cuyos lindes eran los siguientes: Por el N, con el Arroyo de los Ángeles, por el S. y el E. con los almacenes de Martiricos, y por el O. con el Asilo de Martiricos. Continuaba el informe diciendo que, en el año 1914, se formó expediente para la construcción de un departamento destinado a la asfixia de perros, en el patio trasero del Parque Sanitario, sin que en dicho expediente se mencionase nada de terreno, lo que hacía suponer que todo el edificio era ya propiedad del Ayuntamiento. En el mismo patio se instaló, además, un horno crematorio y una caldera-estufa de desinfección, lindando con el jardín del convento de San José de la Montaña.
Cuando se inauguró el nuevo Ayuntamiento, en su emplazamiento del Parque, el 11 de abril de 1919, el Laboratorio municipal fue situado en la nueva Casa Capitular. Pero unos años después, en la sesión de 20 de abril de 1923, diose cuenta de una comunicación del director del Laboratorio municipal, proponiendo el traslado de esta dependencia al local del Parque Sanitario, el cual aseguraba que, con ello, se mejorarían todos los servicios de ambos centros, asegurando que esto ya había sido previsto por la legislación de aquel año de 1923 en lo que a los laboratorios de higiene y Parque de desinfección se refería. El Ayuntamiento, unánimemente y sin discusión, acordó su traslado.
En la sesión de 10 de agosto de 1923 se aprobó el presupuesto de obras de reformas en el Parque Sanitario, cuyo importe ascendía a 1.924’50 pesetas. En la reunión de Cabildo del 10 de octubre de 1923 se aprobó el presupuesto de obras de ampliación y reformas en dicho Parque para la instalación del Laboratorio municipal, las cuales ascendían a 6.061’79 pesetas, acordándose realizar dichas obras por administración, en atención a su reconocida urgencia, pidiéndose al efecto la excepción de subasta, y solicitárselo así al gobernador civil. Finalmente, el 2 de octubre de 1924, el alcalde leyó un oficio del gobernador, el cual mostraba su satisfacción por la inauguración del Laboratorio municipal y “Refugio nocturno”, en el Parque Sanitario.
La Farmacia Municipal de Málaga
En la sesión de Cabildo, 21 de septiembre de 1894, fueron aprobadas las bases formuladas por la Junta directiva del cuerpo de médicos, para proveer la plaza de farmacéutico titular de la ciudad, publicándose los oportunos anuncios en la Gaceta de Madrid y Boletín Oficial de la Provincia. Sin embargo, la sesión de Cabildo del 12 de diciembre de 1894 fue especialmente conflictiva y muy extensa; en ella se leyó la moción presentada por el concejal Antonio López de Molina; al parecer, los farmacéuticos malagueños no habían visto con buenos ojos la creación de una Farmacia municipal, e incluso habían presentado un recurso de alzada contra el acuerdo de creación de la mencionada Farmacia. El alcalde, visto la opinión de los dos concejales, y después de un amplio debate, opinaba que por razones de economía podían suspenderse o aplazarse los acuerdos municipales, Así pues, vemos como se mantuvo el acuerdo de creación de la farmacia, pero aplazándola para cuando las circunstancias fuesen más favorables, y el estado de la Hacienda municipal pudiese permitirse el gasto de mantenerla.

Ya hemos comprobado cómo se acordó dejar para más adelante la creación de la Farmacia municipal. Hubo otro intento fallido de instalación en mayo de 1917. En dicho año, el Colegio Farmacéutico de Málaga se negó a seguir suministrando las medicinas a los pobres pretextando problemas económicos (suponemos que debido al retraso en el pago por parte del Ayuntamiento). La factura del año 1916 había ascendido a 69.231 pesetas.
Por ello, el alcalde, Salvador González Anaya, el 16 de de mayo, presentaba una Moción solicitando que se municipalizase el servicio creando una Farmacia municipal. Exponía que existía una Real Orden de 11 de mayo de 1903 que prohibía a los Ayuntamientos sostener farmacias municipales, pero que las permitía si la Corporación costeaba un hospital municipal (caso del Hospital Noble). Ponía como ejemplo las ciudades de Murcia y Sevilla, las cuales tenían farmacias municipales; y por último añadía que, la Ley de Autorizaciones facultaba al ministro de Hacienda a dictar disposiciones en ayuda de las haciendas locales -dado que la instalación de la Farmacia municipal resolvería una cuestión económica que habría de traducirse en una importantísima reducción de gastos-, éste podría ayudar a la Corporación en aquella empresa. Se acordó pasase esta Moción a informe de las Comisiones de Beneficencia, Hacienda y Jurídica, y también consultar, simultáneamente, al gobernador. En el mes de julio de 1917 el Ministro de Gobernación enviaba una Real Orden al Gobierno civil, en la cual decía que era normal el aumento del diez por ciento en los medicamentos, puesto que esto había ocurrido en toda Europa; y según la R. O. del año 1903, que se dictó con carácter general, los Ayuntamientos no eran personas autorizadas para establecer farmacias, por lo tanto, S. M. el Rey había decidido disponer que el Ayuntamiento de Málaga se atuviera a lo preceptuado sobre farmacias y servicio benéfico del suministro de los medicamentos a los pobres, no facultándole para el establecimiento de creación de la farmacia que solicitaba. Unos días después, el gobernador civil remitía este escrito al alcalde de la ciudad.
Tuvieron que pasar 31 años –desde el primer acuerdo- para que esta situación cambiase, y se pudiera llevar a cabo la creación. Hasta este momento, cuando hemos relatado tanto la historia del Laboratorio como de la Farmacia municipal, lo hemos hecho en apartados distintos; a partir del año 1925, lo haremos conjuntamente, ya que los dos estarían en un mismo espacio: toda la esquina del margen derecho de la planta baja del Excmo. Ayuntamiento, situado en la Avenida de Cervantes, 4 -con entrada al público por la espalda de este edificio, en la calle Guillén Sotelo, frente a los jardines de Puerta Oscura-. En el ángulo opuesto, el izquierdo, estaba el Archivo, y en el centro el Real Cuerpo de Bomberos.
El Hospital Noble fue fundado por los herederos del Dr. Noble, como hospital auxiliar para los vecinos y para los marineros de todas las naciones, principalmente en caso de urgencia. El proceso de creación no fue fácil y duró cinco años. Finalmente, se inauguró el 1 de noviembre de 1872. Más adelante, estudiaremos ampliamente su historia y evaluación.
En este momento, queremos destacar que, aunque el Laboratorio municipal sólo hacia un año que había sido instalado en el Parque Sanitario, como hemos comprobado con anterioridad, desde el momento en que se pensó establecer la Farmacia municipal, el Laboratorio volvió a situarse en la nueva Casa Capitular, junto con la Farmacia; pero éste estaba dividido: el Bacteriológico, tenía su emplazamiento en el Hospital Noble, y el Bromatológico, de análisis químicos, en el Ayuntamiento, aunque el jefe de los dos era el mismo: Román Casares.

La Corporación municipal, en su sesión de Pleno del 3 de diciembre de 1924, aprobó el Reglamento para el servicio médico-farmacéutico de la Beneficencia municipal, éste constaba de 26 capítulos. El número 8 tenía el siguiente enunciado: Asistencias al Laboratorio Municipal de los médicos, y el 25: Asistencia farmacéutica. Dicho Reglamento estaba firmado por el secretario, y el alcalde José Gálvez -no olvidemos que éste era medico-. Constaba de 39 páginas.
Desde primeros del citado año 1925, por orden del alcalde, se le encargó al concejal Félix Pérez Souvirón, todo lo relativo a la creación de la Farmacia municipal. Éste, enviaba un oficio a la Corporación, que fue leído en la sesión del 10 de junio de 1925: “Se estaba recibiendo el pedido de medicinas que se había hecho con destino a la mencionada Farmacia, y añadía que era de absoluta necesidad nombrar, aunque fuese con carácter interino, parte del personal que habría de asignarse a dicho servicio, proponiendo a tal efecto, se nombrase dependientes interinos a Antonio Mir Blázquez y Rodrigo Martín Palma, con el haber de 4.000 pesetas anuales cada uno”. El citado concejal, Pérez Souvirón envió otro oficio, que fue presentado en la sesión del 16 de julio de 1925: “Proponiendo los siguientes nombramientos interinos con destino a la Farmacia municipal: auxiliares a las Srtas. Josefa García de la Vega y Enriqueta del Río Madrid, con el haber anual de 1.500 pesetas cada una; y ordenanza a Joaquín Granados Torres con el sueldo de 1.460 pesetas anuales, cuyas plazas se proveerán en su día, mediante las formalidades reglamentarias”.
Un mes después, se aprobó el Reglamento Interior de la Junta Municipal de Sanidad de Málaga en él se especificaba que la Comisión permanente estaría integrada, entre otros, por el alcalde, secretario, farmacéutico, etc., y los vocales serían: el director del Laboratorio municipal, el arquitecto e ingeniero municipal, inspector provincial de Sanidad, etc. El Reglamento, integrado por diez páginas, realizado por el Inspector-secretario Dr. Gerardo de Villegas, tenía la fecha de la sesión de Cabildo en que fue aprobado, 24 de agosto de 1925.