¿ES URGENTE INICIAR LA EXPLOTACIÓN DE LOS RECURSOS MINERALES ESTRATÉGICOS SUBMARINOS?
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¿ES URGENTE INICIAR LA EXPLOTACIÓN DE LOS RECURSOS MINERALES ESTRATÉGICOS SUBMARINOS?

Víctor Díaz-del-Río Español

Academia Malagueña de Ciencias

A los efectos de lo que hoy vamos a tratar en este artículo, me referiré únicamente a los recursos minerales que se localizan aguas afuera de la jurisdicción nacional de los estados ribereños y que, en atención a la Convención Internacional sobre el Derecho del Mar (UNCLOS, son las siglas en inglés de United Nations Convention on the Law of the Sea) están gestionados por la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISBA), que es un organismo autónomo dependiente de la ONU. Este inmenso y profundo espacio submarino que posee una riqueza mineral incalculable, se denomina la Zona en la reglamentación internacional.

Solo a modo de apunte, no resultará ocioso recordar que el fondo marino que circunda los continentes esconde gran cantidad de recursos minerales, en su gran mayoría de origen terrígeno. Están vinculados a procesos continentales como la erosión y la meteorización de las rocas (placeres y depósitos sedimentarios de playa o de plataforma ricos en metales como el bario, cromo, oro, hierro, titanio, torio, tungsteno o circonio; también gases hidratos o petróleo, sulfuros y fosforitas, etc.). Es fácil imaginar la cantidad de minerales que acarrean los ríos y que alcanzan la mar para formar tales depósitos. Poseen un gran interés económico, razón por la cual constituyen unas reservas que en caso de necesidad se pueden prospectar y explotar, al igual que se hace con los recursos energéticos (gas y petróleo). Por lo general, se encuentran bajo las aguas jurisdiccionales de los diferentes estados con límites marinos, por ello su explotación depende única y exclusivamente de las decisiones que tomen sus gobiernos.  

Así pues, los minerales estratégicos (críticos) sobre los que hablaremos ahora y que son objeto de permanente controversia por causa de su posible explotación, son los que se encuentran en la Zona: nódulos polimetálicos (ricos en manganeso, níquel, cobalto, hierro, cobre, iridio, uranio, Tierras Raras -p.e.: neodimio y disprosio-, y otros), costras de cobalto y ferromanganeso (ricas en platino, hierro, cerio, molibdeno, paladio, rutenio, osmio, vanadio, telurio y otros) y sulfuros polimetálicos (ricos en cobre, hierro, zinc, plata, oro, platino, níquel, indio, tierras raras y otros). A diferencia de los minerales genéticamente vinculados a procesos continentales anteriormente citados, estos tres grupos derivan de procesos que tienen su origen en el fondo marino, fundamentalmente relacionados con la apertura oceánica, o bien son de origen mixto, fruto de la combinación de procesos continentales y de cuenca oceánica. Tratando de buscar un símil didáctico podríamos imaginar que los nódulos polimetálicos se presentan como una extensa plantación de patatas sobre el fondo marino, mientras que las costras polimetálicas lo hacen como un grueso tapiz que recubre las cumbres y faldas de algunos montes submarinos, y por último los sulfuros polimetálicos son como chimeneas que expulsan nubes de vapor producidas en el interior de la corteza terrestre. Como vemos, la actividad minera no necesitaría perforar galerías submarinas para explotar los minerales, sino que los extraería de la misma superficie del fondo. Esta es la razón por la cual su impacto podría ser terriblemente perjudicial para la vida marina, no solo en el área de extracción sino también en la circundante.  

La ISBA ha discutido durante las dos últimas décadas los reglamentos que deben de regir las actividades de prospección y exploración de los tres principales grupos de recursos minerales existentes en la Zona. A su vez, a fecha 31701/2023, ha realizado 30 contratos de exploración con una duración de 15 años (19 para nódulos, 7 para sulfuros y 4 para costras). Para darnos una idea de lo que esto supone, baste con mencionar que las localizaciones de los contratos que hace la ISBA (La Empresa en términos contractuales) se distribuyen por el Océano Pacífico, Océano Índico y la Dorsal Atlántica Centro-Oceánica. No menos impresionante son las dimensiones de cada una de las concesiones: 75.000 km2 para los nódulos polimetálicos; 10.000 km2 para los sulfuros polimetálicos; 3.000 km2 para las costras polimetálicas ricas en manganeso. Cierto es que los contratos permiten únicamente la investigación sobre la existencia de yacimientos minerales, y más particularmente el estudio de los factores ambientales, técnicos, económicos y comerciales a tener en cuenta para el caso de que se conceda licencia para su explotación. Cierto es también que todas estas actividades no conceden ningún derecho exclusivo sobre los yacimientos explorados. A pesar de ello, no han sido menores las fricciones entre los estados patrocinadores de estos contratos y la ISBA, hasta el punto de que muy recientemente las amenazas veladas de algún estado promotor que parecía querer iniciar unilateralmente la explotación de nódulos polimetálicos, provocaron la reacción inmediata de la secretaría general de la ISBA conminándole a reconvenir su actitud o, en caso contrario, se le penalizaría retirándole la concesión contratada. No tardó demasiado tiempo dicho Estado en retractarse de lo dicho. Pero las tensiones continúan, pues se incrementan los precios de los metales y tierras raras en el mercado, junto con el progresivo agotamiento de dichos recursos en continente, amenazan a algunos países con entrar en una grave crisis económica e industrial pues estos minerales son componentes esenciales para la producción de tecnología industrial y de comunicación.

¿Debemos iniciar la explotación de estos minerales estratégicos para paliar este riesgo? Esta cuestión es de candente actualidad después de que un Estado de la Micronesia tan desconocido para muchos como es NAURU (21 km2 y 12.500 habitantes), pusiera patas arriba toda la planificación sobre la que la ISBA lleva trabajando desde hace décadas. Pues bien, Nauru ha propuesto a la ISBA el inicio inmediato de la explotación de los minerales del fondo marino en la zona del Océano Pacífico denominada “Clarion-Clipperton”, donde patrocina una concesión liderada por la empresa NORI (Nauru Ocean Resources Inc., filial de la compañía canadiense TMR) aprobada para la exploración de nódulos polimetálicos. Tal es la circunstancia actual que, hasta una revista de gran influencia en la sociedad, como es The Economist, ha escrito un editorial al respecto invocando una toma de decisiones rápida que pueda tranquilizar a los mercados ante la escasez de determinados minerales estratégicos que se explotan en continente y que son significativamente abundantes en ciertas zonas del fondo marino.

No me cabe duda que, si solamente invocamos razones de mercado, la decisión que habría que tomar sería la de proceder al inmediato inicio de las explotaciones de los nódulos polimetálicos. Pero la decisión a tomar no depende solamente de ellas, por muy urgente que sea la necesidad de disponer de tales minerales, sino que la razón primordial es de naturaleza ambiental. Los científicos tienen serias y razonables dudas sobre los impactos que puede causar la extracción de los nódulos polimetálicos del fondo del Pacífico, a pesar de que hay abundantes estudios científicos sobre los ecosistemas que ocupan la zona, tanto bentónicos como nectobentónicos y pelágicos. La principal controversia consiste en la interpretación que unos y otros hacen de los estudios de impacto ambiental que prevén una removilización sedimentaria del fondo marino que provocaría la destrucción de los ecosistemas que viven vinculados al fondo, generando una suerte de “tormentas de fango en suspensión” que asfixiarían la vida submarina más allá de la zona de explotación. Es más, la liberación de Carbono orgánico depositado en los fondos marinos, o bien el que se encuentre diluido en las aguas intersticiales, supone un problema añadido de extrema gravedad.

En lo que respecta a las especies que habitan los fondos ricos en minerales críticos, o aquellas cuya supervivencia está vinculada a dichos fondos, el asunto aún se complica más. La eliminación de los depósitos sedimentarios formados a lo largo de millones de años causaría estragos en la biodiversidad del océano. Sabemos que desaparecerían especies que no son únicas, pero también sabemos con certeza que con ellas desaparecerán especies que aún no conocemos (hace muy pocos días conocíamos el hallazgo de vida escondida y aislada en cavidades bajo las chimeneas de las dorsales); y no hablamos solo de macrobiota sino también de microorganismos que se han revelado como una fuente fundamental para combatir determinadas enfermedades graves. Son los llamados recursos biogenéticos. Pero el asunto se ha complicado aún más con el descubrimiento reciente del «oxígeno oscuro» que se relaciona con los nódulos polimetálicos. Este oxígeno se generaría por electrolisis del agua del mar con lo que convierte a los nódulos en verdaderas “geobaterías”. Según publica la prestigiosa revista NATURE, los nódulos polimetálicos son capaces de producir oxígeno en ambientes profundos (4000m) y condiciones de temperatura muy bajas. Se midieron tensiones en nódulos individuales de 0.95v llegando a ser mucho más significativo en nódulos agrupados (solamente 1.5v es suficiente para provocar la electrolisis del agua del mar). Esta circunstancia plantea la capacidad de los nódulos de sostener comunidades aeróbicas en los fondos profundos y la importancia que puede tener este hecho a escala global.

Algunos arguyen que la minería submarina es inevitable (es más una cuestión de cuando y en que forma) y que las empresas mineras deben agruparse para defender esta idea, puesto que la demanda mundial de minerales críticos está creciendo exponencialmente. Pero es conveniente preguntarse ¿no es más prudente entonces priorizar el principio precautorio y discutir los enfoques centrándose en la redacción de prudentes regulaciones mineras antes de alimentar con premura la insaciable glotonería del mercado?

Víctor Díaz-del-Río Español es Doctor en Geología y Científico Titular (J) del Instituto Español de Oceanografía y miembro de la Academia Malagueña de Ciencias.