14 Mar EL CRUCERO UNIVERSITARIO POR EL MEDITERRÁNEO DE 1933: ESTUDIOS, CIENCIA Y CONVIVENCIA, Y MUJERES A BORDO.
Esther Cruces Blanco
Academia Malagueña de Ciencias
Terminó el Consejo de Ministros a las dos y media de la tarde…; se informó a los periodistas de que el Consejo ha sido primaveral y optimista, … el Ministro de Instrucción Pública expuso la idea de organizar un crucero mediterráneo universitario a bordo del “Ciudad de Cádiz”. … (La Voz de Madrid. 20 de marzo de 1933).

El crucero universitario por el Mediterráneo se ideó como un retorno a la mediterraneidad, con el propósito de estudiar in situ las fuentes de la civilización europea, la relación entre Oriente y Occidente, los vínculos entre el pasado y el presente. Esta travesía fue mucho más que un viaje de estudios, fue el prototipo deseado para la plasmación de los postulados de la Institución Libre de Enseñanza (ILE). No se ha de obviar que el viaje pretendía ser una especie de embajada de la república española y una carta de presentación de España en el mundo mediterráneo, además debía ser una acción de promoción del turismo.
El crucero tuvo lugar entre el 15 de junio y el 1 de agosto de 1933; 45 días de viaje, partiendo de Barcelona y con llegada a Valencia. El barco fondeó en puertos mediterráneos, aquellos que permitirían el conocimiento de las bases de una cultura común a lo largo de los siglos: Túnez, Susa, La Valetta, Alejandría, Haiffa, Candia, Rodas, Esmirna, Constantinopla, Salónica, Atenas, Nauplia, Itea, Catácolo, Siracusa, Palermo, Nápoles y Palma de Mallorca. Manuel García Morente planteó una escala en Beirut para visitar Damasco, pero la inestabilidad política de la zona –qué poco cambian algunas cosas-, no aconsejó la misma.
Los preparativos, la logística y la financiación estuvieron bien planificadas. El viaje fue aprobado por el Ministerio de Instrucción Pública el 4 de abril de 1933, destinado a los alumnos de Filosofía y Letras y de Arquitectura de la Universidad de Madrid, si bien se sumaron a esta experiencia un reducido grupo de estudiantes de la Universidad Autónoma de Barcelona y de la Universidad de Valencia. El apoyo institucional fue imprescindible y sustentado por el Ministerio de Instrucción Pública, sin olvidar la colaboración del Ministerio de Marina. El crucero era una costosa aventura, pero tenía un enorme atractivo, de manera que diversas administraciones públicas se sumaron a la iniciativa con apoyo importante económico -Ayuntamiento de Madrid, Diputación Provincial de Madrid, Patronato Nacional de Turismo, la Universidad de Madrid-; los impulsores intelectuales del proyecto dictaron conferencias con el objetivo de recabar fondos -como Ortega y Gasset -, o donaron fondos para el viaje -Gregorio Marañón y Juan Zaragüeta-. La Universidad de Madrid creó un sistema de becas y medias becas para cubrir los gastos de buena parte de alumnado.
La Compañía Transmediterránea facilitó la motonave Ciudad de Cádiz que era un barco destacado en la línea rápida que conectaba Barcelona, Cádiz y las Islas Canarias, y que cumplía las condiciones sugeridas por García Morente. El barco puede ser una metáfora de lo que los años próximos iban a deparar a la historia de España, pues fue hundido -por el submarino italiano Ferraris– en el Mar Egeo el 15 de agosto de 1937.

El viaje era complejo principalmente por los diversos países que iban a ser visitados en un período de entreguerras y de conflictos geopolíticos latentes; el Gobierno ordenó las cuestiones burocráticas y sanitarias necesarias, proporcionó pasaportes diplomáticos a los cruceristas, dio órdenes a cónsules y a diplomáticos.
Se estableció un procedimiento para quienes querían embarcar. El Decano y el Secretario de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, a la sazón Manuel García Morente y José Ferrandis, diseñaron procedimientos y emitieron diversas circulares para los participantes; la primera de ellas –Prevenciones para los señores que han de tomar parte en el crucero por el Mediterráneo”- cómo se debía solicitar la asistencia y aceptar las directrices del crucero. Fueron establecidas una serie de recomendaciones: distribución de los camarotes –con especial atención a la elevada participación de mujeres-, prevención de enfermedades y uso de medicamentos, higiene -circular sobre Prevenciones higiénicas facilitadas por el profesor doctor Don Gustavo Pittaluga-, indumentaria adecuada y enseres básicos, la información permanente en el tablón de anuncios.
El crucero universitario tuvo lugar en un contexto histórico convulso tanto en España como en Europa y en Oriente Medio. 1933 era el año del cénit de la ilusión de la II República, pero eran recientes acontecimientos como el intento golpista del general Sanjurjo (1932), los sucesos luctuosos de Casas Viejas y de las huelgas en Asturias. Mientras que el Ciudad de Cádiz navegaba se consolidó el poder del partido nazi en Alemania y el ascenso de Adolf Hitler, Benito Musolini robustecía la dictadura.
La ILE fue el motor que impulsó el crucero universitario, los postulados de la ILE -una educación integral dentro y fuera de las aulas- motivaron este viaje. En la década de los años 30 del siglo XX varios personajes estaban vinculados con Málaga y con la ILE y trabajaban en algunas de sus instituciones: el rondeño Fernando de los Ríos Urruti; los malagueños Ricardo de Orueta y Alberto Jiménez Fraud -director de la Residencia de Estudiantes-, José Moreno Villa, y el promotor del crucero, Manuel García Morente ligado a Málaga por relaciones familiares y de amistad -con los Jiménez Fraud (o Giménez, según las ramas familiares), con la familia Orueta y con otros personajes que luego volvería a encontrar en Madrid-, por su participación en muy diversas actividades a lo largo del tiempo -publicó en la revista Gibralfaro, impartió conferencias en la Sociedad Malagueña de Ciencias-. Además, tres malagueñas participaron en el viaje como estudiantes: las hermanas Carmen, Enriqueta y Ana María Giménez Ramos, sobrinas de Alberto Jiménez Fraud.
El crucero por el Mediterráneo se sustentaba en las prácticas implantadas por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) con el fin de promover la investigación y la educación científica en España mediante un programa de intercambio de profesores y alumnos para estudiar e investigar en el extranjero; un intento de romper con el pesimismo que arrancaba en 1898; entre los pensionados de la JAE se ha de recordar a Odón de Buen -miembro de la Sociedad Malagueña de Ciencias-. La Junta -presidida por Santiago Ramón y Cajal desde su fundación hasta su muerte en 1934-, creó centros y laboratorios, nunca las Humanidades fueron postergadas.
García Morente ideó el viaje y lo impulsó en todo momento; en esta empresa estuvo apoyado por Fernando de los Ríos, Ministro de Instrucción Pública. Manuel García Morente en el momento de la organización del crucero, era decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid y asumió la dirección del mismo. El objetivo esencial del viaje era que los participantes acumularan conocimiento y experiencias personales. Recordemos que García Morente, Fernando de los Ríos y Ricardo de Orueta eran miembros de la Liga de Educación Política Española -fundada por José Ortega y Gasset- cuya finalidad era la renovación de la sociedad española por medio de la acción cultural y de la pedagogía y el Crucero Universitario del Mediterráneo recogía estas propuestas educativas.

La expedición estuvo formada por 190 personas: Manuel García Morente como Jefe; José Ferrandis, como secretario; 34 profesores, un bibliotecario –Manuel Lasso de la Vega-, una archivera -Pilar Lamarque de Varela-, 179 universitarios, una enfermera de la Cruz Roja -Susana Maura Salas-, un funcionario de la Marina Civil y dos funcionarios del Patronato de Turismo. Ha de ser destacada la participación de 91 mujeres, un número relevante, significativo, que hay que valorar aún más en el contexto que se produjo: la incipiente asistencia de las mujeres a la Universidad -desde 1910- y la reciente incorporación de las mujeres a la Función Pública, solo a determinados cuerpos.
El elenco de profesores estaba formado por figuras de gran prestigio. Los estudiantes universitarios eran de extracción social muy variada y representaban un amplio espectro ideológico, muchos de ellos serían personajes destacados de la Universidad, la investigación, la cultura y la política española del siglo XX, algunos desde el exilio. El crucero acogió a un grupo diverso y heterogéneo, intergeneracional, multidisciplinar (prehistoriadores, historiadores, arqueólogos, filólogos, arabistas, filósofos, escritores, poetas, arquitectos, cineastas, archiveros y archiveras, bibliotecarios, conservadores y conservadoras de museos). La relevancia del viaje y su éxito supuso que Valle-Inclán, director de la Academia Española de Bellas Artes de Roma, se incorporara al mismo en Nápoles hasta el final del trayecto.
El crucero se concibió como parte de la formación de sus participantes y ésta comenzó antes de partir pues Bosch Gimpera organizó conferencias preparatorias del viaje. Desde el principio, los expedicionarios contaron con una biblioteca que se instaló en la bodega del barco, con la bibliografía relativa a los lugares a visitar.
Durante 45 días el barco se convirtió en universidad flotante. Los estudiantes se dividieron en grupos, a cuyo frente estaba uno o varios profesores que velaban por la formación. Durante la travesía fueron impartidas clases y conferencias – las de García Morente se recordaron como un ejemplo de rigor y elocuencia-. Y, desde luego, las visitas eran esenciales para …el contacto con vidas y civilizaciones anejas a la nuestra…, la contemplación de panoramas y paisajes consagrados en la esplendente belleza para la admiración de los siglos (en palabras de García Morente).
La preparación del crucero y los resultados del mismo estuvieron bien documentados por sus responsables; además, los estudiantes debían llevar un diario en el que anotar lo visitado y entregar, al final, una memoria. Ángel González Palencia, catedrático de literatura arábigo-española, fue el cronista oficioso del viaje a través de sus artículos en la prensa.
El crucero universitario por el Mediterráneo de 1933 se concibió como un modelo a seguir en años posteriores, pero como tantos otros proyectos, éste también se vio truncado por la Guerra Civil; al menos, en esta ocasión, los promotores de esta idea comenzaron con las Humanidades.
Este viaje fue una aventura extraordinaria que supuso un punto de inflexión en las vidas de los participantes; el periplo supuso una experiencia que no olvidarían el resto de sus vidas; García Morente expresó que los frutos de este crucero han de ser extraordinarios para la formación espiritual de todos los que a él han asistido. De ello dejaron testimonio dos de las argonautas, oigámoslas:
Isabel García Lorca: …este viaje sirve tanto como la carrera, no por los conocimientos que sacas de las cosas, sino porque todo lo que has visto se te queda dentro y notas que eres mucho más persona.
María Elena Gómez Moreno: En adelante, nuestra vida arrancaría de una nueva era: antes y después del Crucero, y el hecho de haber participado en él nos uniría a todos a lo largo de los años.
*Esther Cruces Blanco es Doctora en Historia por la Universidad de Málaga y académica de número.