BREVE APUNTE SOBRE EL CALOR DEL MEDITERRANEO: LOS «MEDICANES»
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BREVE APUNTE SOBRE EL CALOR DEL MEDITERRANEO: LOS «MEDICANES»

Francisco Sánchez Gallardo

Academia Malagueña de Ciencias

La cuenca mediterránea se ve afectada regularmente por fenómenos meteorológicos severos, a veces de difícil predicción, que están relacionados con los intercambios energéticos entre el aire y el mar, y con la actividad ciclónica en la región. En las últimas cuatro décadas se ha acelerado el calentamiento, sobre todo en su parte más oriental, observándose una reducción de los gradientes de temperatura entre la tierra y el mar durante el invierno, proceso físico que es interpretado como la causa de una disminución de las precipitaciones durante la época lluviosa.

Se sabe que la tierra y el mar actúan a modo de grandes depósitos de energía calorífica de la atmósfera, y sus diferentes acciones influyen de forma importantísima en la distribución geográfica y temporal del clima a lo largo y ancho del mar Mediterráneo. Y aunque el tiempo atmosférico pudiera tener la reputación de ser caprichoso, lo mismo que todas las demás manifestaciones de energía, sigue las leyes de la física y a un principio fundamental de la misma: la energía es convertible sin pérdidas. En estas líneas se pretende dar unas pinceladas sobre los procesos térmicos en el Mediterráneo que en septiembre de 2023 alcanzaron varios records debido al extraordinario calor que se había producido en los meses anteriores (la temperatura máxima del agua del mar en Baleares durante el mes de agosto fue de 31.21oC, registrada en la boya situada junto al islote de Dragonera el 24 de agosto a las 15:00 horas); de ahí el interés en conocer las variaciones energéticas a lo largo del año como indicador climático y su importancia ecosistémica en la región.

Ello da idea del efecto termostático del mar, que le permite actuar de manera inercial como almacén de calor en los meses fríos del año (bondad climática de las costas mediterráneas). En verano el mar Mediterráneo es un sumidero de calor mientras que, en otoño, en cambio, es una importante fuente calorífica respecto de la atmósfera, fenómeno típico de los climas marítimos.

Figura 1

Entre Italia y las Islas Baleares (Figura 1) se han estudiado durante dos años consecutivos en los meses de enero, abril, julio y octubre -como meses representativos de las cuatro estaciones-, los intercambios de calor entre el aire y el mar, resultando ser negativos en primavera y verano, lo que significa que la atmósfera cede calor al mar, mientras que lo contrario sucede en invierno y particularmente en otoño.

Si este intercambio de energía entre el mar y la atmósfera coincide con la llegada de una masa de aire frío en niveles bajo y medio de la troposfera, como consecuencia del debilitamiento de la circulación anticiclónica de verano en Europa, y a la vez las aguas cálidas en el mar alcanzan temperaturas cercanas a sus máximos anuales, se pueden producir unos sistemas convectivos de gran inestabilidad atmosférica originando el fenómeno conocido como medicane -término anglosajón que proviene de la contracción «mediterráneo» y «huracan» (MEDIterranean hurriCANES)-. La disponibilidad de imágenes de satélites ha revelado que su estructura tiene similitud con la de los huracanes del golfo de Méjico: sistemas intensos de baja presión, área libre de nubes en el centro (el «ojo»), bandas espirales con convección profunda a su alrededor y fuertes vientos superficiales. Además, y para una mayor similitud, se ha comprobado que en verano la distribución vertical de la energía en el Mediterráneo occidental es análoga con la de los huracanes del Caribe y los tifones del sudeste asiático.

Figura 2

Es al final del verano o en otoño cuando suelen producirse este tipo de fenómenos, iniciándose con una transferencia de energía entre el mar y la atmósfera durante varias horas hasta que el sistema alcanza su madurez y nace el medicane; fenómeno siempre peligroso por su incidencia en las pobladas costas del sur de Europa y norte de África. Así ocurrió a principios de septiembre de 2023 con la tormenta «Daniel» (Fig.2) en las costas de Libia, que a medida que circulaba por aguas más cálidas del Mediterráneo oriental la depresión adquirió gran cantidad de energía calorífica y elevado índice de humedad, evolucionando hasta convertirse en un medicane.                                                                                                                                

Y aquí surge la pregunta de por qué, particularmente desde la década de 1980, la cuenca mediterránea (principalmente en su parte más oriental) se ha estado calentando significativamente más rápidamente que otras regiones de características climáticas similares dentro de la misma zona latitudinal. Calentamiento que para el período 1981-2020 se estima superior a 0,4o/década, incremento muy superior al promedio mundial en tierra (0,28o/década).

También en esa época del año los procesos de inestabilidad atmosférica se traducen en la formación de enormes nubes de desarrollo vertical llamadas cumulonimbos capaces de transportar calor y humedad hasta la tropopausa (entre 9.000 y 10.000 metros de altura aproximadamente) y a veces por encima de ella. Los miles de estas torres nubosas que existen en todo el mundo constituyen uno de los principales eslabones energéticos en la circulación atmosférica global y tienen una enorme importancia para la vida del hombre. Ellas producen más de las tres cuartas partes de la lluvia que riega nuestro planeta, son la maquinaria que determina el movimiento constitutivo del conjunto del sistema de vientos planetarios, y finalmente actúan como válvulas reguladoras de la radiación que llega y sale de la Tierra.

Pues bien, más allá de su valor como indicador climático, conocer y predecir los cambios de temperatura en aguas superficiales y las variaciones energéticas entre el agua y la atmósfera en cada estación del año, es también importante para el conocimiento del ciclo biológico de muchos organismos marinos, contribución en la mitigación de los riesgos que puedan producir los medicanes, así como beneficios socioeconómicos y turísticos en los países que conforman y delimitan el mar Mediterráneo. 

Francisco Sánchez Gallardo es Académico de Número, Doctor en Ciencias Físicas y Meteorólogo Superior del Estado (Jubilado).