A PROPÓSITO DE LA VIDA SUBMARINA
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A PROPÓSITO DE LA VIDA SUBMARINA

Víctor Díaz-del-Río Español

Academia Malagueña de Ciencias

Me doy cuenta de que este título puede resultar algo engañoso para muchos lectores, pero ya he probado este subterfugio en más de una ocasión para poner de manifiesto que la mayor parte de la gente interpreta el concepto de vida submarina a través de la contemplación de lo que yo denomino los “animales simpáticos”, principalmente mamíferos marinos, tortugas y, si me apuran, hasta los pingüinos y los osos polares. Es decir, lo que nos muestran los documentales de televisión más bonitos y vistosos, con espectaculares imágenes aéreas y submarinas; los más populares. El planeta azul, el planeta agua, el planeta líquido, la vida marina, etc. Cualquier título vale. En consecuencia, las especies más feas que habitan los mares y océanos no cuentan para el gran público, no existen más que cuando toman marisco o “pescaíto” frito. Pero la vida submarina es mucho más que todo eso, pues engloba desde las especies microscópicas hasta los animales simpáticos. Pero, ¿cuánta vida hay en la mar?

Mucha gente interpreta el concepto de vida submarina a través de lo que denomino los “animales simpáticos”.

Los científicos todavía no sabemos con exactitud cuántas especies diferentes hay en los mares y océanos. A pesar de los esfuerzos que realizamos por solucionar este vacío de conocimiento, resulta una realidad indubitable. Seguimos investigando y a cada paso que damos nos encontramos especies nuevas para la ciencia o nos sorprenden otras que se han adaptado a las condiciones de un nuevo hábitat que catalogamos. A pesar de la aparente lentitud a la que la ciencia avanza, sí que podemos decir que se han dado pasos muy importantes para catalogar las especies marinas que pueblan nuestros mares. Las aguas marinas albergan la mayor parte de la biodiversidad del Planeta, conociéndose en la actualidad unas 250.000 especies del millón y medio que pueden existir conviviendo en este medio. Como vemos, el reto de la catalogación requiere realizar un esfuerzo hercúleo en el que participan investigadores de todo el mundo. Pero los sucesos acaecidos en el mundo provocados por la pandemia han ralentizado muchos estudios y hemos tenido que suspender o posponer numerosas actividades de investigación. Los contagios también se han cebado en las tripulaciones y en los grupos de investigación que trabajan a bordo de los buques oceanográficos y ello ha sido determinante para dicha ralentización.

Reteporella victori n. sp., un nuevo Briozoo descubierto en los campos de volcanes de fango del Golfo de Cádiz.

Hemos de tener en cuenta que los avances científicos se producen a ritmo lento. Son el fruto de largos años de investigación y de elevadas inversiones en infraestructura y medios humanos. Un ejemplo. En un día de trabajo en la mar, por el que se abona una cantidad media que ronda los 10.000 euros en concepto de uso de buque, hemos hallado cinco especies de cuya presencia en la zona de estudio no se tenía noticia, pero además, hemos descubierto cuatro especies nuevas para la ciencia (p.e.: Reteporella victori). ¿Es esto habitual? No, definitivamente, no. Pero ha sucedido. En parte es consecuencia del limitado conocimiento que tenemos de la composición de los hábitats submarinos, y de otra parte, es el resultado del intenso trabajo de los científicos y del impulso que propicia la mayor financiación que recibe la investigación competitiva que permite acceder -con el equipamiento y técnicas de última generación- a estos lugares recónditos del océano. Esta misma semana (1/02/2022) el Instituto Español de Oceanografía (IEO) y la Universidad de Málaga (UMA) daban noticia del descubrimiento de una nueva especie en el mar de Alborán. Se trata de un gasterópodo de apenas dos centímetros de largo que habita en fondos arenosos de la montaña submarina denominada Seco de los Olivos (frente a Almería). La especie se ha denominado Episcomitra angelesae y los científicos creen que también puede estar presente en las cumbres de más montañas submarinas.

El volcán submarino de Hunga Tonga -la erupción volcánica más explosiva del siglo XXI-.

Pero nuestra principal preocupación es la constatación del deterioro, o en algunos casos destrucción, de algunos hábitats marinos y la desaparición de especies conocidas -con la sospecha de que incluso desaparecen otras que aún no conocemos, con el consiguiente desasosiego de pensar que no podemos proteger aquello que todavía no conocemos-. Cierto es que algunos fenómenos naturales causan la pérdida de biodiversidad, pero afectan a zonas limitadas. Ejemplos recientes los encontramos en el volcán submarino de Hunga Tonga -la erupción volcánica más explosiva del siglo XXI-, o la erupción del volcán Cumbre Vieja en la isla de la Palma cuyo impacto se hizo sentir en las aguas del litoral y la reducida plataforma submarina que circunda la isla. Sin embargo tenemos ejemplos que ponen de manifiesto la capacidad de regeneración de los ecosistemas que tiene el medio marino, si se le ofrecen las condiciones para ello -las conocidas reservas y santuarios-, y el volcán submarino Tagoro en la isla de Hierro ejemplifica bien el caso. Pero cabe preguntarse si esta preocupación de los científicos por la pérdida de biodiversidad generada por el uso intensivo del medio marino y litoral, es compartida por el resto de la sociedad.

Apenas iniciado el año 2022, no parece que nuestros avances científicos sobre la materia hayan tenido gran impacto en la sociedad y, a pesar de que algunos problemas -como el Cambio Climático o la contaminación de las aguas- sí que son percibidos como problemas ambientales reales, no podemos decir lo mismo sobre otros asuntos relacionados con la vida en el medio marino. Un buen ejemplo es el de la contaminación por plásticos y microplásticos -con especial énfasis en los gránulos de plástico-  que ya se han introducido en la red trófica marina y forman parte de los sedimentos que recubren el fondo marino. Los plásticos y microplásticos tienen una larga duración en el océano y pueden tardar entre 100 y 1000 años en degradarse. Son contaminantes que llegan al medio marino junto con otros polímeros cuyos efectos sobre las especies desconocemos. No lejos de nuestra ciudad, Málaga, hemos podido constatar la presencia de cantidades significativas de microplásticos en el interior de los depósitos sedimentarios del río Guadalhorce, gran parte de ellos transportados a lo largo del propio cauce del río y depositados en la plataforma continental.

La disminución de especies predadoras de medusas está causando un incremento en su proliferación y un deterioro de la calidad del medio marino.

Un reciente trabajo publicado en Marine Pollution Bulletin y liderado por científicos del IEO, dio a conocer los resultados de un amplio estudio realizado en el Mediterráneo noroccidental que mostraba cómo los microplásticos aparecen en casi el 60% de los ejemplares capturados de sardina (58%) y boquerón (60%). Curiosamente se encontró una relación directa entre la cantidad de microplásticos contenida en sus intestinos y las patologías que presentaban, mostrando peor condición física y un mayor número de parásitos (p.e.: larvas de trematodos y nematodos). Cabe pues preguntarse, ¿qué impacto tendrá para la población humana que se alimentan de este fundamental recurso marino? Yo no dudo en pensar que tenemos que actuar de manera activa para que los plásticos no lleguen al mar. Esto lo podemos poner en práctica en lugares muy cercanos con normativas y mensajes muy concretos procurando, por ejemplo, que los veraneantes -principalmente los propios lugareños- no consuman productos envasados (o embotellados) en plástico en la playa y los abandonen sobre la arena cuando se marchan a sus hogares.

Cierto es que las numerosas jornadas informativas nacionales de puertas abiertas, ciclos de conferencias, exposiciones, concursos, etc., que se han organizado sobre la materia, han tenido un notable impacto mediático y han disfrutado de una buena respuesta del público. Todo ello ha contribuido a fomentar una mayor concienciación social al problema de la destrucción de hábitats y la pérdida biodiversidad en el Planeta. Pero ¿es esto un objetivo en si mismo o debería de ir vinculado a la provocación de una respuesta más activa de la población?, ¿hemos conseguido sensibilizar a los ciudadanos de las causas que originan la pérdida de biodiversidad?, ¿hemos logrado concienciar a los ciudadanos de la problemática que determina la destrucción de ciertos hábitats marinos?, ¿hemos sabido explicarles que todos somos culpables de la destrucción de hábitats y de la desaparición de especies, por muy extraño que nos parezca? A pesar de que no soy persona dada al catastrofismo, ni formo en las filas de los pesimistas en acción, tengo para mí que, en materia de divulgación, lo único que hemos logrado es llegar a los sectores de la población que ya entendían del caso y que ahora, con más razón, claman por una aplicación estricta y rigurosa de los compromisos políticos que los gobiernos alcanzan en el seno de las organizaciones internacionales.

Nuestra provincia, Málaga, está felizmente bañada por el mar de Alborán, que es una de las áreas marinas más dinámicas del océano global, junto con el Estrecho de Gibraltar, que es su puerta natural al océano Atlántico. Existe un activo intercambio de aguas a través de él, permitiendo la entrada de agua atlántica superficial en el mar Mediterráneo y facilitando la salida del agua mediterránea profunda hacia el golfo de Cádiz, al igual que lo hace una lavadora doméstica introduciendo agua limpia por la parte superior y expulsando el agua utilizada por el desagüe inferior. Este ir y venir del agua marina a lo largo del Estrecho, convierte al mar de Alborán en la zona más atlántica del mar Mediterráneo, y al golfo de Cádiz en la zona más mediterránea del océano Atlántico. La consecuencia, en términos de biodiversidad, es que la riqueza faunística y florística que posee este eje marino es una de las más espectaculares del mundo. ¿Cómo salvaguardar su existencia? Difícil papeleta la que nos ha tocado a los humanos, particularmente cuando contemplamos la multiplicidad de usos que soportan ambas zonas marinas.

Los compromisos internacionales adquiriros por España en materias relacionadas con la protección y conservación de la biodiversidad marina, y de áreas marinas protegidas, están dinamizando las investigaciones científicas. Dichos estudios son necesarios para poder documentar las propuestas de acción que presentan los estados firmantes del Convenio de Biodiversidad, referente a la protección de un 10% de las áreas marinas bajo la jurisdicción de cada Estado Parte.

Las grandes infraestructuras portuarias, siendo necesarias, suponen una barrera para los procesos litorales (transporte, diversidad, contaminación, etc.).

Para alcanzar este logro, necesitamos una profunda concienciación social que facilite la comprensión de los pasos que habrá que dar. Por ello sugiero que nos planteemos algunas preguntas relativas a las presiones que soportan las aguas marinas -y en particular al mar de Alborán-, y que son consecuencia del desarrollismo descontrolado que ha experimentado la sociedad con posterioridad a la Revolución Industrial. ¿Ha pensado usted la multiplicidad de usos que tiene el medio marino, de los cuales usted se beneficia directamente?, ¿es usted consciente del deterioro ambiental, con riesgo para la pérdida de biodiversidad, que tienen estos usos de los que usted se beneficia?, ¿se siente usted culpable, o comparte la culpa, de la pérdida de biodiversidad que pueden ocasionar estas actividades que se realizan en los mares y océanos?, ¿se ha percatado usted de la fuerte presión urbanística que soportan los litorales y que está afectando a las zonas donde se construyen infraestructuras portuarias? -pensemos que el 38% de la población mundial vive a menos de 100km de la costa-, ¿ha pensado cuantas especies no pueden soportar el stress que les causa la presión humana sobre los litorales?

Pensemos que como consumidores y usuarios nos beneficiamos de toda la actividad que se desarrolla en los mares, como por ejemplo la pesca que nos sirve de alimento o  los productos que se transportan por vía marítima, atravesando el estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán, una de las rutas de tráfico más intensa del mundo. Cables eléctricos, telefónicos o conducciones de gas, y todo tipo de instalaciones submarinas surcan el fondo marino de nuestro entorno alterando los hábitats marinos y sus ecosistemas. A pesar de los esfuerzos que se realizan para reglamentar la actividad pesquera en un intento de que sea más sostenible y menos dañina para aquellas especies que no son objetivo, y en encontrar un uso a los descartes de la flota pesquera, sabemos que algunas actividades pesqueras -como la modalidad de arrastre de fondo- destruyen, entre otras especies sin interés comercial, una inmensa cantidad de invertebrados marinos que son esenciales para mantener el equilibrio y la productividad de los ecosistemas de los fondos marinos.  

Entonces, no escondamos la cabeza bajo tierra como si fuéramos un avestruz. Observemos, participemos, pensemos. La perdida de biodiversidad es responsabilidad de todos. Así pues, involucrémonos en la defensa de los hábitats y de los ecosistemas marinos, a pesar de que no los veamos, pues son esenciales para el desarrollo de la vida en el Planeta. Su subsistencia es vital para nuestra propia supervivencia, quizás no tanto para usted directamente, pero sí para las generaciones venideras.