{"id":7310,"date":"2026-10-03T05:00:00","date_gmt":"2026-10-03T03:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/amciencias.com\/Blog-Amc\/?p=7310"},"modified":"2026-10-05T14:03:22","modified_gmt":"2026-10-05T12:03:22","slug":"de-senectute-reflexiones-de-un-academico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/amciencias.com\/Blog-Amc\/index.php\/2026\/10\/03\/de-senectute-reflexiones-de-un-academico\/","title":{"rendered":"DE SENECTUTE. REFLEXIONES DE UN ACAD\u00c9MICO"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"line-height:0.9\"><strong>Antonio Heredia Bayona<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"line-height:0.9\">Academia Malague\u00f1a de Ciencias<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"line-height:1\"><strong>Los viejos deber\u00edan ser exploradores<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"line-height:1\"><strong>no importa si aqu\u00ed, ah\u00ed o d\u00f3nde<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"line-height:1\"><strong>debemos estar quietos y quietos movernos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"line-height:1\"><strong>hacia otra intensidad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"line-height:1\"><strong>para una uni\u00f3n m\u00e1s honda, una comunicaci\u00f3n m\u00e1s profunda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"line-height:1\">\u00a0&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"line-height:1\"> &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230; <strong>En mi fin est\u00e1 mi comienzo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>T.S. Eliot, <em>Cuatro cuartetos (East Coker)<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la presente reflexi\u00f3n se emplea el t\u00e9rmino acad\u00e9mico siguiendo dos de sus acepciones: perteneciente o relativo a las academias y perteneciente a centros de ense\u00f1anzas superiores. En los diferentes escenarios de las dos acepciones quien esto escribe se siente plenamente identificado e incorporado y, m\u00e1s a\u00fan, consciente y sensible de las diversas se\u00f1ales que, suficientemente superada la edad de las nueve veces siete seg\u00fan la antigua tradici\u00f3n hipocr\u00e1tica<em>,<\/em> el cuerpo y la mente (los dos grandes atributos que son en realidad la misma cosa, como dice mi admirado Spinoza) no dejan de hacer notar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Senectud es un t\u00e9rmino cl\u00e1sico. Es, seg\u00fan la RAE, el per\u00edodo de la vida humana que sigue a la madurez. A veces me he preguntado qu\u00e9 senectud habr\u00edan vivido determinados personajes y autores que cuento entre mis imprescindibles y que no llegaron a una edad tard\u00eda: Schubert, Spinoza, Emily Dickinson, Kafka \u2026 y, de un modo m\u00e1s emotivo y personal, mi padre, quien no alcanz\u00f3 a vivir su senectud. Porque queda claro que cada persona vive su propia e intransferible senectud, al igual que creo que la gran mayor\u00eda descubrimos un d\u00eda que la edad parece habernos tomado por sorpresa, de golpe. Y a partir de ah\u00ed aparecen se\u00f1ales que indican que ya no somos los mismos, que algo diferente tiene lugar en nuestro cuerpo a la vez que anida en nuestra mente. Son momentos especiales en los que parece que nuestro destino adopta para siempre unas determinadas, imborrables e insobornables im\u00e1genes e ideas que llevaban a\u00f1os incub\u00e1ndose en nosotros. Hegel lo indic\u00f3 claramente: el destino es uno mismo bajo la forma de otro. Momentos especiales y agridulces, y a\u00f1adir\u00eda inequ\u00edvocamente enlazados sobre todo a nuestra particular infancia y primera juventud. Wordsworth dijo que <em>the child is the father of the men.<\/em> El poeta Rilke lo expres\u00f3 bien claro: el destino no es sino la plenitud de la infancia. Francisco de As\u00eds nos lo encomend\u00f3 de un modo metaf\u00f3rico y vitalista, traslad\u00e1ndonos que, llegado el momento, rompi\u00e9ramos los l\u00edmites de sentirnos envejecidos sintiendo y haciendo todas nuestras infancias. Desecho tomar como algo caducado y pueril estas actitudes. Siempre he cre\u00eddo en el gran poder e importancia de los primeros decenios de vida. Confieso que es la actitud que personalmente conservo recordando, recorriendo y visitando, aunque sea muy de tarde en tarde, las calles y la escuela de mi infancia en un pueblo de la campi\u00f1a cordobesa. Unos pasos marcados de nostalgia simb\u00f3lica que me oxigenan de un modo insustituible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para un profesor e investigador aferrado a su quehacer de generar y transmitir conocimiento a la vez que ense\u00f1arlo a generaciones m\u00e1s j\u00f3venes, la llegada de la llamada y su largo eco que anuncian que ese quehacer personal, tu oficio, amasado durante muchos a\u00f1os y convertido en norma de vida, se est\u00e1 acabando, te revelan reflexiones e instantes que no has sentido a lo largo de tu trayectoria profesional. Por supuesto, cada profesi\u00f3n y cada oficio tendr\u00e1n sus peculiares momentos y sensaciones llegados a dicho punto. Pero cada uno s\u00f3lo es capaz de sentir su propia experiencia personal y no dejas de pensar que hay que adaptarse a las circunstancias a la vez que te rebelas y sientes una especial sensibilidad frente a determinados temas. Echas de menos, adem\u00e1s, a pesar de las lecturas de los libros cl\u00e1sicos de Cicer\u00f3n, Baltasar Graci\u00e1n, Norberto Bobbio y, por ejemplo, la m\u00e1s reciente novela de Julian Barnes entre otros, que no exista una especie de <em>ars senectutis<\/em> en la que podamos encontrarnos y guiarnos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Momentos agridulces indiqu\u00e9 antes. Ocurren cuando, en los \u00faltimos tiempos, colegas y conocidos descubren y recuerdan que queda muy poco tiempo para tu retirada. Te indican, supongo que con buena voluntad, que bajes tu ritmo vital acad\u00e9mico, que no te compliques estos \u00faltimos a\u00f1os y que te dediques a tus \u201cclasecillas\u201d (<em>sic<\/em>) y que vayas abandonando y dejes a los colegas j\u00f3venes seguir con la investigaci\u00f3n. Mi respuesta, hoy por hoy, no puede ser otra que, en lo que resta, me dedicar\u00e9 a mis clases, no a mis clasecillas, con la energ\u00eda, lucidez y sobre todo responsabilidad suficientes para sentir m\u00e1s que nunca su trascendencia a la vez que valorar\u00e9 en su justo y emotivo sentido la sensaci\u00f3n de que ya, antes de que ocurra, empiezo a echar de menos esas horas de clase, la docencia que no volver\u00e9 a impartir en un futuro no muy lejano. La docencia que sientes e impartes, no la concibo de otro modo, traslada adem\u00e1s de conocimientos el reflejo de nuestra lectura personal del mundo que nos rodea. Una docencia en la que he intentado e intentar\u00e9 en estos \u00faltimos a\u00f1os reforzar y consolidar el gran valor de la atenci\u00f3n, de una mirada atenta a las encrucijadas claves de una disciplina con la clara convicci\u00f3n de que aprehender, por ejemplo, un concepto o un modelo biof\u00edsico concreto, siguiendo una hermosa reflexi\u00f3n de Simone Weil, pudiese para el estudiante contribuir en el futuro a captar m\u00e1s directamente la belleza del verso de un poeta o la sutileza de un color en cuadro. Aprehender como feliz suma emergente de la acci\u00f3n de los verbos transitivos percibir, captar y entender. Docencia, tambi\u00e9n, como lectura vital cambiante, <em>autopoietica,<\/em> que se ha corregido, se ha adaptado, ha crecido y aprendido de sus aciertos y errores. En este sentido, el final de dicha larga etapa equivale a una especie de, nunca deseada, forzada censura. Compartir y haber compartido esta larga experiencia de aprendizaje con cientos y cientos de j\u00f3venes estudiantes lo considero un aut\u00e9ntico privilegio, un regalo rec\u00edproco porque escribiendo esto cobra sentido la misteriosa sentencia de que s\u00f3lo poseemos aquello que regalamos. Y, en cuanto a la tarea investigadora, conf\u00edo en que la salud y mis fuerzas me sigan dando la oportunidad de escudri\u00f1ar y avanzar en aquellos objetivos, que no son sino abordar nuevas preguntas, que me haya trazado para un ya breve margen de tiempo. En este caso, solicito y asumo otro tipo de lucidez y fuerza, la necesaria para seguir teniendo presente que las respuestas a dichas preguntas ser\u00e1n totalmente provisionales e inducir\u00e1n nuevas preguntas y que, en el futuro, se sabr\u00e1 m\u00e1s y mejor sobre aquello que he adoptado y trabajado durante muchos a\u00f1os como tema central de investigaci\u00f3n. Es \u00e9sta una sensaci\u00f3n placentera. En estos \u00faltimos a\u00f1os, me asalta con frecuencia la impresi\u00f3n de estar casi siempre abordando en la investigaci\u00f3n las mismas preguntas, pero asumi\u00e9ndolas con una mirada diferente, una mirada m\u00e1s ponderada y m\u00e1s arm\u00f3nica. Ahora el gran regalo es haber aprendido a lo largo de los a\u00f1os que intentar comprender la verdad de las cosas e intentar entenderlas con profundidad no se consigue sino con trabajo, emoci\u00f3n y tambi\u00e9n sufrimiento a la vez que con sentido de la complejidad y de la inmanencia del mundo que nos rodea. Tambi\u00e9n, dig\u00e1moslo, amando, cuidando y mimando de modo constante tu tema de estudio e investigaci\u00f3n. Parafraseando el conocido verso de Borges, el verdadero oro se encuentra en el polvo del camino recorrido. Un camino lleno de se\u00f1ales de la inmanencia de la realidad circundante. En el fondo, se trata, una vez m\u00e1s y hasta el final, de seguir sinti\u00e9ndonos asombrados ante el mundo que nos rodea y su realidad. Tengo muy claro que dejar de extra\u00f1arse en la vida, dejar de tener encuentros inefables con el asombro, como escribi\u00f3 Mar\u00eda Zambrano, es una abdicaci\u00f3n que puede llegar a ser una abdicaci\u00f3n moral.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es tambi\u00e9n tiempo, lo he comentado y constatado con varios colegas, en el que sientes, o mejor te indican fr\u00eda y directamente, que queda poco y que en ese tiempo de transici\u00f3n no puedes ya participar ni formar parte de \u00f3rganos y comisiones de gesti\u00f3n de tu instituci\u00f3n acad\u00e9mica. Es doloroso, y reflexionar sobre ello conduce a un tema de siempre: el prescindir y poner fecha de caducidad (por supuesto tambi\u00e9n extrapolable a otros \u00e1mbitos y profesiones bien distintos) a aquellos y aquellas que voluntariamente deciden seguir participando en la din\u00e1mica de la vida acad\u00e9mica. Tener conciencia y voluntad para ello, muchos no lo entienden, es mucho m\u00e1s que compartir con otros los conocimientos y experiencia. Pienso que falta en nuestra sociedad y en nuestras instituciones p\u00fablicas situar justamente a esa mal llamada tercera edad a la vez que saber descubrir, aprovechar y cultivar su potencial social. En la mayor\u00eda de los oficios se deber\u00eda considerar la m\u00e1xima latina <em>Apex est senectutis auctoritas<\/em>, la culminaci\u00f3n de la senectud es la autoridad. No todos han conseguido ni conseguiremos llegar a esa etapa de la vida siendo merecedores de esa autoridad. Pero debemos aspirar a ella viviendo con conciencia, con voluntad constante de mejorar y con la necesaria empat\u00eda para sentir que no hay premio mejor, como indica Pedro Olalla en su revelador op\u00fasculo <em>De senectute politica<\/em>, que la serena grandeza que representa el t\u00e9rmino <em>auctoritas<\/em> significa haber tenido la capacidad de haber sido autor de tu propia vida, enriqueci\u00e9ndola y haci\u00e9ndola crecer. De este modo, envejecer se convierte en un empe\u00f1o \u00e9tico que no es f\u00e1cilmente reconocido y mucho menos aprovechado en nuestra sociedad actual. Llegamos a unos a\u00f1os, a una presumible senectud sazonada, como dir\u00eda Graci\u00e1n, en que lo importante deber\u00eda ser hacer lo que nos hace sencillamente buenos y no la edad en que lo hacemos. En suma, pienso que bastar\u00eda con aceptar que esta edad tard\u00eda sigue abierta como el primer d\u00eda de la lejana juventud y hasta el \u00faltimo d\u00eda a seguir aprendiendo, creciendo y compartiendo. Spinoza lo dijo claramente: <em>Nemo hucusque determinavit quid corpus possit,<\/em> n<em>adie sabe lo que puede un cuerpo,<\/em> indicando de ese modo que la capacidad f\u00edsica y mental de acci\u00f3n no tiene l\u00edmites y est\u00e1 siempre abierta a nuevas experiencias y descubrimientos. El <em>conatus<\/em>, la potencia de existir y de perseverar en nuestro propio ser, carece de reloj interno y no disminuye con la senectud, solo se transforma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En relaci\u00f3n con lo anteriormente expuesto, hay un hecho constatable que no debe quedar desapercibido. Las nobles academias art\u00edsticas, cient\u00edficas y de otras \u00edndoles, la gran mayor\u00eda con muchos a\u00f1os y siglos de existencia como es el caso de nuestra Academia Malague\u00f1a de Ciencias, est\u00e1n constituidas en un muy alto porcentaje por acad\u00e9micos y acad\u00e9micas de la llamada tercera edad. Aunque sus objetivos son, en general, altamente reconocidos y respetados una gran parte de la sociedad ignora su existencia al igual que algunas instituciones p\u00fablicas y privadas las usan a menudo para sus oportunistas proyectos y pienso, como indiqu\u00e9 antes, que ni aquella y \u00e9stas desean ni saben aprovechar su gran potencial y valor cultural, social y pol\u00edtico. A veces injustamente se\u00f1aladas como obsolescentes y ninguneadas, como recientemente ha ocurrido en nuestra ciudad. Un aut\u00e9ntico despilfarro teniendo presente la tremenda complejidad de los tiempos que estamos viviendo, un tiempo desafecto lleno de sobreactuaciones, desorientaciones y brumas a la vez que carentes de referencias y modelos serios de an\u00e1lisis. Un tiempo que supone un cambio de \u00e9poca lleno de transformaciones y desaf\u00edos radicales en los que los m\u00e1s experimentados deben tomar la palabra. Un tema que necesita de una reflexi\u00f3n al margen del presente art\u00edculo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En unos tiempos en que, afortunadamente, nuestras instituciones acad\u00e9micas p\u00fablicas apuestan por el talento, por incorporar talento joven y con porvenir en el que radicar\u00e1 nuestro futuro como pa\u00eds, no habr\u00eda que desaprovecharlo y plantear opciones nuevas y diferentes para establecer de un modo transversal interacciones entre los acad\u00e9micos j\u00f3venes y senior para que estos \u00faltimos act\u00faen como una suerte de referentes, como portadores y transmisores de la memoria de la historia reciente, de la idiosincrasia, personalidad y la, a veces, tortuosa consolidaci\u00f3n de sus respectivos centros de trabajo. Referentes que ayuden y acompa\u00f1en a recorrer el siempre indefinible y borroso camino de la incertidumbre, ese espacio oscuro por el que tambi\u00e9n hay que aprender a respirar y a caminar. Referentes que recuerden en los momentos oportunos algo que desgraciadamente se est\u00e1 perdiendo: que lo mejor de lo que somos, hemos sido o seremos se lo debemos siempre a otros. Apoyar y construir esa relaci\u00f3n ser\u00eda una magn\u00edfica oportunidad de participar y de crecer juntos en el complejo mundo de la gesti\u00f3n, generaci\u00f3n y transmisi\u00f3n del conocimiento. Todo ello deber\u00eda presuponer una espont\u00e1nea, clara y generosa convicci\u00f3n por parte de acad\u00e9micos de distintas generaciones. Sabemos que hoy por hoy no es posible: la carrera acad\u00e9mica se parece cada vez m\u00e1s a una competici\u00f3n marcada por el individualismo, sin tiempos ni reglas claras y, con lamentable frecuencia, con sombr\u00edas pinceladas de endogamia y nepotismo. Llegas a concluir que no queda otra elecci\u00f3n que asumir de un modo, ahora s\u00ed, triste que en el fondo sientes que tu tiempo ha pasado y que la realidad es que siguen existiendo normas escritas y no escritas que te conducen irremediablemente a la puerta de salida. Una vez m\u00e1s sientes que la din\u00e1mica social y pol\u00edtica ha tenido, tiene y tendr\u00e1 mucho, como estamos viviendo en los \u00faltimos tiempos y de forma dram\u00e1tica este verano, de falta de objetividad y de farsa y tragicomedia permanentes. No lo dudemos ni nos enga\u00f1emos: es la realidad social y pol\u00edtica actual la que est\u00e1 claramente envejecida, no ha aprendido casi nada del pasado, llega tarde a casi todo y necesita urgentemente ser revisitada para rejuvenecerla, modificarla e inyectarle responsabilidad y vitalidad, parad\u00f3jicamente con una poblaci\u00f3n cada vez m\u00e1s envejecida. Como alguien dijo acertadamente, son las paradojas las que revelan las verdades. Y que nadie piense que se trata de defender y preferir, con trasnochada nostalgia, los tiempos pasados vividos los cuales tampoco fueron f\u00e1ciles ni felices, llenos tambi\u00e9n de problemas y desorientaciones acompa\u00f1ados de importantes cambios sociopol\u00edticos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para terminar, espero y deseo que a todos y todas mis colegas de mi generaci\u00f3n al menos nos quede y nos acompa\u00f1e la serena convicci\u00f3n, de nuevo Eliot, de que el asombro antes aludido est\u00e9 lleno de calma y que esa calma sea motivo de asombro. E irnos, llegado el momento en silencio, sin hacer ruido. No es poco. En mi caso siempre me quedar\u00e1, entre otras, la lectura c\u00edclica de Spinoza, encuadrada entre esas escasas obras que, de un modo misterioso, no elegimos, sino que nos eligen. Su lectura, adem\u00e1s de recordarme que el paso del tiempo obra siempre en contra en estos \u00faltimos a\u00f1os, te envuelve en una soledad serena, una cautela y apertura generosa a los dem\u00e1s y en una insondable lucidez y sensibilidad que conjugan sutileza, amor, alegr\u00eda y anhelo de conocimiento. Todo un ideal de sabidur\u00eda al que aproximarse. Siempre quedar\u00e1n, adem\u00e1s, la m\u00fasica y la poes\u00eda. Terminemos esta ya larga reflexi\u00f3n, pues, con ellas. Artes que siempre se miran de reojo y en la que cada una, en creativa y silenciosa competici\u00f3n, aspira a adquirir la condici\u00f3n de la otra. Benditas artes que siempre proporcionan fugaces instantes de verdadera belleza. La m\u00fasica elegida es el movimiento final, titulado <em>Das mir die Liebe erz\u00e4hlt<\/em> (Lo que me dice el Amor), de la <strong><a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=9Yr720ftjaA&amp;t=4417s\" data-type=\"link\" data-id=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=9Yr720ftjaA&amp;t=4417s\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">tercera sinfon\u00eda en re menor de Gustav Mahler<\/a><\/strong>: <em>Langsam, Ruhevoll, Empfunden<\/em> (lento, lleno de paz, con sentimiento). Y la poes\u00eda, una vez m\u00e1s, Eliot:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"line-height:0.9\"><em><strong>Nunca dejaremos de explorar<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"line-height:0.9\"><em><strong>y el final de las exploraciones<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"line-height:0.9\"><em><strong>ser\u00e1 llegar a donde comenzamos<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"line-height:0.9\"><em><strong>para conocer por primera vez el lugar.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>*Antonio Heredia Bayona es catedr\u00e1tico de Bioqu\u00edmica y Biolog\u00eda Molecular de la UMA, investigador del IHSM-UMA-CSIC y miembro de n\u00famero de la Academia Malague\u00f1a de Ciencias.<\/em><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A veces me he preguntado qu\u00e9 senectud habr\u00edan vivido determinados personajes y autores que cuento entre mis imprescindibles y que no llegaron a una edad tard\u00eda: Schubert, Spinoza, Emily Dickinson, Kafka \u2026 y, de un modo m\u00e1s emotivo y personal, mi padre, quien no alcanz\u00f3 a vivir su senectud. 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