{"id":3793,"date":"2025-05-31T05:00:00","date_gmt":"2025-05-31T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/academiamalaguenaciencias.wordpress.com\/?p=3793"},"modified":"2026-06-10T15:17:47","modified_gmt":"2026-06-10T15:17:47","slug":"andar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/amciencias.com\/Blog-Amc\/index.php\/2025\/05\/31\/andar\/","title":{"rendered":"ANDAR"},"content":{"rendered":"\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"line-height:0.9\"><strong>Antonio Heredia Bayona<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"line-height:0.9\">Academia Malague\u00f1a de Ciencias<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph\" style=\"line-height:0.9\"><em><strong>Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, con furia, con olvido.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph\" style=\"line-height:0.9\"><strong>Pablo Neruda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Los podemos ver a diario, a cualquier hora, en nuestros parques y paseos, en las largas avenidas, en los m\u00faltiples senderos y caminos de nuestros campos y montes cercanos. Haga fr\u00edo o calor, llueva o no. Son silenciosos hombres y mujeres caminando, andando, que rinden consciente o inconscientemente tributo a nuestra estirpe de <em>Homo viator<\/em>, especie que camina erguida sobre la tierra como resultado de una gran conquista evolutiva. Especie que es capaz de mirar y escudri\u00f1ar no solo el suelo sino tambi\u00e9n hacia el horizonte y hacia los cielos. A la vez que, tambi\u00e9n lenta conquista evolutiva, hombres y mujeres caminando que son capaces de ensimismarse, de ir metidos en s\u00ed mismos y transportar m\u00e1gicamente en su mente su pasado, su presente, a la vez que conjugar el tiempo futuro. Hermosa y f\u00e9rtil conjunci\u00f3n de habilidades adquiridas en esa imagen habitual de caminantes an\u00f3nimos. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Los vemos todos los d\u00edas, generalmente en solitario. Cada caminante con su ritmo particular. Hay que distinguirlos y diferenciarlos, no es dif\u00edcil, de los que consideran ese andar solo como un ejercicio f\u00edsico, como un deporte. Andar no es un deporte. No hay reglas, no hay \u00e1rbitros, no necesita material ni ropa exclusiva, no hay tiempos que medir, ni r\u00e9cords que batir, comparar y registrar por mucho que los mercados modernos nos quieran imponer para esta actividad pautas y enseres deportivos bajo la forma de gerundios anglosajones como <em>trekking<\/em> o <em>walking<\/em>. Se trata, sencillamente, de andar. En el diccionario de la RAE encontramos hasta 19 acepciones muy diferentes del verbo andar.  <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">La primera de ellas es conmovedoramente simple y sencilla: ir de un lugar a otro dando pasos. Algo que el hombre lleva haciendo miles y miles de a\u00f1os y que le ha permitido descubrir, conocer y colonizar casi todo el planeta. Dando pasos, pasos cortos, pasos largos pero que conservan esa cadencia y lentitud intr\u00ednseca del hecho f\u00edsico de andar, de caminar. Lentitud que sabe domesticar la precipitaci\u00f3n, que sabe adaptarse al tiempo real de las muchas cosas que ocurren a nuestro alrededor; una lentitud que genera uno de los grandes secretos de la marcha, del paseo consciente, como es el de profundizar el espacio. Un espacio que, andando, se transforma muy sutilmente, poco a poco. Por ello lo aprehendemos m\u00e1s y mejor; por ello se puede valorar tambi\u00e9n m\u00e1s y mejor con el paso de los d\u00edas, de los meses y de las cambiantes y c\u00edclicas estaciones meteorol\u00f3gicas. S\u00f3lo as\u00ed llegan a ser perceptibles d\u00eda a d\u00eda, de modo casi milagroso, el conjunto de sabores, de sonidos, de olores y de esos <em>trozos de para\u00edso robados a los dioses<\/em> que son los hermosos colores que contienen todo paisaje y el horizonte del mismo. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">S\u00f3lo la lentitud del caminante atento llega a percibir con todo su esplendor la hora m\u00e1gica en que la luz cambia cuando el sol se rinde en las largas tardes de verano; o esos crom\u00e1ticos atardeceres de oto\u00f1o que duran apenas unos minutos. Instantes y momentos m\u00e1gicos asociados al entorno que los grandes paseantes rom\u00e1nticos, los <em>wanderer<\/em> alemanes y rom\u00e1nticos ingleses, asumieron en sus largas caminatas y marchas como actos po\u00e9ticos, como actos creativos como si fuesen aut\u00e9nticas ceremonias de comuni\u00f3n \u00edntima entre el yo y la madre Naturaleza. Una b\u00fasqueda y experimentaci\u00f3n del v\u00e9rtigo est\u00e9tico y de lo sublime. Para ellos, quiero pensar que como para muchos de los caminantes actuales, el poema es un camino y el camino es un poema. El caminante, el verdadero caminante aparece, as\u00ed como un an\u00f3nimo espectador y protector de lo inefable. Hist\u00f3ricamente, m\u00e1s tarde, ese caminante enso\u00f1ado y poeta de la memoria involuntaria que fue Proust heredar\u00eda la esencia de ese modo de andar. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">La ruta elegida del caminante es siempre una opci\u00f3n para el ensimismamiento; una excusa ineludible para rendir cuentas consigo mismo, para preguntarse mejor que para responder, para corregirse y para evaluarse. Ensimismamiento, introspecci\u00f3n \u00edntima en la que tomamos justa idea de nuestra capacidad para pensar, para sentir y para creer; tambi\u00e9n para inducir nuestra capacidad creativa. Hay para ello algo intr\u00ednseco al andar consciente: la mente, nuestra mente, se adapta milagrosamente a ir a una velocidad de 4 \u00f3 5 km por hora. Una velocidad que no bate ning\u00fan record pero que es perfecta para que nuestra mente mida su exacta relaci\u00f3n con el mundo que en \u00faltima instancia no es sino nuestra percepci\u00f3n del mismo. Caminar as\u00ed es un modo de recibir el relato de las cosas que nos rodean. Son ritmos f\u00e9rtiles del pensar y del caminar unidos. Rousseau dec\u00eda que no pod\u00eda crear ni inspirarse sino era caminando. As\u00ed asumido, andar es un modesto pero singular proceso resonante, estimulante y creativo que un viaje en moto, coche o avi\u00f3n son incapaces de proporcionarnos. Al acabar, al terminar, la sorpresa es siempre la misma y es sorpresa porque siempre aparece como nueva y reci\u00e9n inventada: sientes que vas andando por un camino real de acuerdo con <em>tu<\/em> mapa. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">El caminante experimentado lo sabe bien: andar pone en evidencia la diferencia entre los tiempos y las duraciones. Los tiempos como medidas absolutas del tiempo real transcurrido y las duraciones como medidas subjetivas de cada uno de nosotros de ese tiempo. La marcha consciente y alerta es siempre medida y registrada por nuestro invisible reloj \u00edntimo, por una duraci\u00f3n que a veces sentimos muy breve y a veces con sensaci\u00f3n de eternidad. El tiempo real, en cualquier caso, se difumina. La mirada del caminante a esos ejemplos de humildad de la belleza personalizados en esas peque\u00f1as flores que regresan todas las primaveras proporciona inigualables ejemplos de sensaci\u00f3n de eternidad. Pero tambi\u00e9n en un largo camino hecho con dolor y aflicci\u00f3n f\u00edsica o emocional el <em>pathos <\/em>que se generapuede ir asumi\u00e9ndose y calm\u00e1ndose contando piedras, contando \u00e1rboles o curvas polvorientas del sendero o, si es de noche, contando estrellas como dice un bello haiku de Basho. Convertir cada uno de esos c\u00f3mputos mentales en unidades de tiempo real es imposible. Esas potenciales medidas de los tiempos reales quedan pulverizadas a la par que los verbos y adverbios, que constituyen la acci\u00f3n y la densidad de nuestras vidas cotidianas, son misteriosamente sustituidos por nombres y adjetivos: \u00e1rboles, piedras, p\u00e1jaros, colores, estrellas. Al final la lectura y la duraci\u00f3n del camino vencen la partida. Han conseguido desbancar a las aflicciones. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Es posible que se considere que la marcha, el andar que percibimos desde fuera aparezca como mon\u00f3tono, repetido. S\u00f3lo lo parece. Pero nunca puede considerarse aburrido. Lo aburrido es amigo de la falta de objetivos, de proyectos. Sin embargo, lo mon\u00f3tono, lo aparentemente mon\u00f3tono, es la celebraci\u00f3n secreta de lo cotidiano; algo que va esculpiendo poco a poco nuestra facultad de descubrir y redescubrir. Es el momento del triunfo de la sutileza, esa f\u00e9rtil y misteriosa celebraci\u00f3n del silencio. En ese acto, en el que parece que solo queda avanzar y avanzar sin m\u00e1s, hay escondida una gran lecci\u00f3n que los buenos caminantes, que quiz\u00e1s comenzaron sus cotidianas caminatas por prescripci\u00f3n facultativa, han sabido aceptar y aprender: el gran valor de la disciplina. La disciplina, en este contexto, es como indica el fil\u00f3sofo Fr\u00e9d\u00e9ric Gros, lo imposible conquistado mediante la repetici\u00f3n obstinada de lo posible. L\u00facida sentencia extrapolable a muchas facetas cotidianas vitales. Una disciplina que puede llegar a actuar como una poderosa voluntad forjadora de esa extra\u00f1a e intransferible coincidencia entre el mundo y nosotros que solemos llamar destino. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Asociado a todo lo anteriormente descrito puede situarse la peculiar y personal satisfacci\u00f3n corporal del caminante al regreso de su camino. Una satisfacci\u00f3n f\u00edsica que sin duda Spinoza conjugar\u00eda unida a una satisfacci\u00f3n mental. En el camino, en la lectura pausada y atenta del camino, se siente alegr\u00eda como claro afecto vinculado a una actividad. Una alegr\u00eda peculiar que acompa\u00f1a el paso de una perfecci\u00f3n menor a otra mayor. Una alegr\u00eda como resultado del deseo inherente a esa perfecci\u00f3n, esencia de todo ser humano, y que sentimos en cuanto somos una parte de la Naturaleza que no puede concebirse por s\u00ed misma sin las dem\u00e1s partes. Y por supuesto hay alegr\u00eda en el camino, en la marcha. La hay en los sonidos de fondo, algunos apenas imperceptibles. Alegr\u00eda en el silencio \u00edntimo y transitorio del caminar que no es otra cosa que la verdadera interpretaci\u00f3n del sentido de las cosas. Hay alegr\u00eda tambi\u00e9n en la superaci\u00f3n del cansancio y de la dificultad. Hay alegr\u00eda en la mirada y en la sensaci\u00f3n de estar haciendo y sintiendo una actividad tan ancestral como natural y humana. Hay alegr\u00eda porque el cuerpo se siente vivo y yo, t\u00fa, est\u00e1s vivo. Hay, al final, como peque\u00f1a conquista una sensaci\u00f3n de reconfortante serenidad, de haber sentido que hemos realizado una mirada global a la vez que especial a nuestro mundo; una serenidad atemporal en la que lo \u00fanico importante era sencilla y simplemente avanzar, andar porque en esos instantes no hab\u00eda otra cosa que esperar. Spinoza sonreir\u00eda si hubiese sido el gran caminante que no fue. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Este modesto elogio del andar quiere rendir homenaje al caminante de siempre al que, a pesar del ruido y rapidez de nuestras vidas cotidianas, los caminantes actuales podemos y debemos honrar con apropiados ejercicios de admiraci\u00f3n, utilizando una feliz cita de Cioran. No es dif\u00edcil empezar: dej\u00e9monos llevar e impregn\u00e9monos del camino, miren siempre hacia adelante y anden, respiren y suden y sientan fr\u00edo a lo largo de la ruta elegida hasta llegar a sentir y ser conscientes, de que caminar es el modo en que un cuerpo, tu cuerpo, cobra su aut\u00e9ntica relaci\u00f3n y medida con la madre tierra. Un lujo para los tiempos que vivimos. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Y ahora solo queda andar y andar por esos senderos, por esos caminos, por esos pueblos y ciudades y acumular instantes y sentirlos y recordarlos, porque con ese bagaje haremos sencilla y simplemente mejor nuestra vida de todos los d\u00edas. Porque, como est\u00e1 escrito en alg\u00fan sitio, no olvidemos nunca que todos esos caminos est\u00e1n hechos a la medida de nuestro cuerpo y de la conmoci\u00f3n de existir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>*Antonio Heredia Bayona es catedr\u00e1tico de la UMA, investigador del IHSM-CSIC-UMA y miembro de n\u00famero de la Academia Malague\u00f1a de Ciencias.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Foto de cabecera: Antonio Heredia Bayona.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los podemos ver a diario, a cualquier hora, en nuestros parques y paseos, en las largas avenidas, en los m\u00faltiples senderos y caminos de nuestros campos y montes cercanos. Haga fr\u00edo o calor, llueva o no. 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