Vie. Sep 18th, 2026

Francisco Cabrera Pablos

Academia Malagueña de Ciencias

La Cirugía fue sin duda una de las disciplinas sanitarias más importantes a lo largo de los siglos, dadas las “querencias” de los humanos hacia las guerras que obligaba a contar en los ejércitos del ayer con médicos y cirujanos, especialmente tras la aparición de las armas de fuego.

Su formación y ejercicio anduvo desde siempre en una notable dependencia de la Medicina que era una enseñanza universitaria, mientras que la Cirugía no. No es el momento de entrar aquí a esta historia a lo largo de la Modernidad, por las lógicas limitaciones de espacio, pero, al menos, sugerimos la lectura de profesionales como, entre otros, el “Dr. Alonso Romano de Córdoba, Familiar del Santo Oficio, Médico y Cirujano de la Cámara del Rey Nuestro Señor del Reyno, y de la Cárcel Real de esta Corte”, que publicó en 1617 un tratado sobre la teoría y la práctica de esta disciplina, conservado en la Biblioteca Nacional de España (Sig. R/5118). O la obra de Ricardo Le-Preux, también clásica y en la misma Biblioteca (3/38237), sobre la formación de sangradores y flebotomianos.

Mapa de las piezas Anatómicas. Palma, 12 de mayo de 1792.Archivo General de Simancas, MPD, Sig. 22-42.

En la España ilustrada, la Ciencia, junto a otras disciplinas, avanzaba. En 1764, por ejemplo, Carlos III decidió que “Debido al decadente estado de la Cirugia en estos mis Reynos, … eregir una Escuela Real de Cirugia”: un interesante documento firmado por el marqués de Esquilache, fechado en Aranjuez el 12 de junio y conservado en la colección de Impresos Antiguos del Archivo General de Simancas (Sig. A. P-2). El escrito, muy completo, contiene “Estatutos, y Ordenanzas Generales, que S. M. manda observar a los Colegios, y Comunidades de Cirujanos, establecidos en Barcelona, Cadiz, y en todo el Principado de Cataluña, para la enseñanza de la Cirugia, Examenes de los Profesores, y su govierno económico”.

A partir de entonces, comenzaron a plantearse cuestiones novedosas. En 1807, por ejemplo, Carlos IV autorizó a los cirujanos a que pudiesen recetar en el ámbito de sus competencias, lo que hasta ese momento estaba reservado solo a los médicos.

De igual forma, hubo ciudades que solicitaron la creación de dichas “Escuelas de Cirugía”, para formar mejor a esos profesionales, sobre todo los destinados en la milicia. En Málaga llegó a aprobarse la formación de un Colegio para la Enseñanza de la Cirugía en 1817, en un proceso tan curioso como desconocido.

Recopilación de toda la teórica y practica de cirugía muy importante para los practicantes de ella compuesta por el doctor Alonso Romano de Cordova Familiar del Santo Oficio Medico y Cirujano de la Cámara del R

En el cabildo municipal celebrado el 20 de octubre de 1817, tuvo entrada un informe de la Junta Gubernativa de Cirugía dirigido al secretario de Gracia y Justicia con el tenor siguiente: “Por R.O. de 7 de septiembre del año último se determinó que se estableciesen Colegios de Enseñanza de Cirugía de segunda clase en Sevilla y Córdoba, y para su cumplimiento la Junta Gubernativa tomó las noticias y practicó las diligencias convenientes para que se facilitasen edificios, enfermos y cadáveres, que es lo que necesita el establecimiento para llenar los objetos de su instituto, y no puede verificarse sino colocándole en un hospital”.

Sin embargo, y no deja de ser curioso, tanto Sevilla como Córdoba rechazaron “con diferentes pretextos a que el Colegio se establezca en ellos.” En consecuencia, las autoridades de la Junta: “Habiéndose tenido noticia de que, en el hospital de las Atarazanas de Málaga, propio del Rey Nuestro Señor, puede establecerse el Colegio, se han practicado los oficios convenientes y el intendente del Ejército de los Cuatro Reinos de Andalucía está convenido por su parte en que se realice, obteniendo previamente el real permiso.”

Naturalmente aquí todo fueron facilidades y, así, la mencionada corporación procedió a solicitar a S.M.: “Se digne aprobar que se establezca uno de los Colegios designados por la citada real orden para Andalucía en el expresado hospital de las Atarazanas de Málaga, que por su posición geográfica y por su población ofrece ventajas a los progresos de un establecimiento tan beneficioso y proporción a los naturales de aquellas provincias para dedicarse al estudio de una profesión tan interesante a la humanidad doliente, para que puedan ejercerla con el éxito favorable que conviene a esta.

El asunto volvió a tratarse en el cabildo que tuvo lugar el 17 de noviembre del citado 1817, informando que la comisión formada al respecto lo aprobaba. Lógicamente, el Ayuntamiento hizo lo propio, “conociendo lo útil y ventajoso que será el establecimiento en esta plaza y su Hospital de Atarazanas del Colegio de Segunda Clase de Cirugía que medita la Real Junta Superior Gubernativa de esta facultad.”

Así fue comunicado al ministro de Gracia y Justicia Lozano de Torres, que poco después informaba que el Rey sancionaba lo solicitado.

En los meses siguientes se procedió a acondicionar a las Atarazanas, que era un edificio que para todo servía, a fin de acoger las necesidades del nuevo centro. Para ello fue necesario demoler un tinglado adosado que hacía las veces de taberna, tratándose este asunto en el cabildo del 7 de mayo de 1818: “Debiéndose disponer la obra que de orden superior está mandada en el Real Hospital Militar de Atarazanas para la formación de un Colegio de Cirugía se hace preciso la demolición de aquel tinglado.”

Aprobado el derribo, la docente institución inició una andadura que debió durar poco tiempo, ya que en 1827 nacían en España los Colegios de Medicina y Cirugía, fusionándose a finales de aquel siglo ambas disciplinas. Además, aquel Real Hospital de las Atarazanas, tras La Gloriosa, fue demolido para transformarse en el denominado Mercado de Alfonso XII, inaugurado en marzo de 1879 bajo el proyecto del arquitecto Joaquín de Rucoba.

Y de aquella “Facultad” nunca más se supo, aunque otro día nos acercaremos al contenido de estas enseñanzas, con algunas curiosidades “sanitarias” de cirujanos y sangradores que hoy nos parecerían increíbles en aquella Málaga del ayer.

*Francisco Cabrera Pablos es Dr. en Historia y Académico de Número de la Academia Malagueña de Ciencias, Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y correspondiente de la Real Academia de Nobles Artes de Antequera.

Imagen de cabecera: Las Atarazanas de Málaga, donde se dispuso un Colegio de Cirugía en 1817. Ruiz-Juan.

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