Vie. Sep 18th, 2026

Mari Carmen García Martínez

Academia Malagueña de Ciencias

Cada 11 de febrero, desde 2016, se celebra el DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER Y LA NIÑA EN LA CIENCIA, una fecha proclamada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 2015 para reconocer y promover el acceso y la participación plena y equitativa de mujeres y niñas en la ciencia y la tecnología. Alguien podría pensar que se trata de una efeméride “decorativa”, pero nada más lejos de la realidad, puesto que nace de una realidad persistente. No podemos negar que se hayan conseguido importantes avances en esta materia, y a pesar de ello siguen existiendo barreras, sesgos y estereotipos que condicionan vocaciones, trayectorias y reconocimientos. Para Naciones Unidas está claro y lo expresa con esta rotundidad: cerrar la brecha de género requiere derribar estereotipos, apoyar carreras y crear entornos inclusivos. El secretario general de la ONU, António Guterres, declara: “Debemos asegurarnos de que todas las niñas puedan imaginar un futuro en los campos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas y que todas las mujeres puedan prosperar en su carrera científica”.

En España, el 11F se ha convertido además en una gran cita para poner de relieve esta situación: escuelas, universidades, museos, centros de investigación e instituciones vinculadas a la ciencia e investigación, organizan actividades para visibilizar referentes y abrir puertas a futuras científicas. Si algo demuestra esta efeméride, es que los referentes importan: lo que no se ve, cuesta imaginarlo. Y aquí surge una pregunta incómoda pero necesaria, ¿cuántas mujeres han estado (y siguen estando) en la ciencia sin aparecer en el relato oficial? Esa ausencia no es casual, tiene nombre.

Las científicas que estuvieron…, pero “no constan”: el ‘Efecto Matilda’. Buena parte de la historia de la ciencia ha sido escrita sin las mujeres que formaron parte de ella. También hay que considerar que esta historia, en la mayoría de las ocasiones se escribe como una cadena de genios individuales. Sin embargo, la realidad suele ser muy distinta, más coral: el conocimiento científico es un trabajo de construcción basado en la colaboración, en el avance fundamentado, en lo hecho por siglos de conocimiento acumulado. Con esta perspectiva, durante siglos, a muchas mujeres se les ha aplicado lo que se denomina el Efecto Matilda’, término acuñado en 1993 por la historiadora Margaret W. Rossiter, y que describe la tendencia histórica a infravalorar, ignorar o atribuir a colegas varones, aportaciones científicas de mujeres. Este fenómeno ha dejado fuera de los relatos oficiales a investigadoras brillantes, condicionando no solo su reconocimiento en vida, sino también los referentes disponibles para las generaciones posteriores.

Llamarlo por su nombre importa, porque nos obliga a mirar los mecanismos: autorías diluidas, jerarquías rígidas, redes de prestigio cerradas, sesgos en premios, invitaciones y liderazgo. No se trata solo de “justicia histórica”; también afecta al presente. Cuando una niña aprende que los grandes descubrimientos llevan casi siempre nombres masculinos, es más fácil que piense, que ese lugar no es para ella. Por eso el 11F no es solo una celebración: es una herramienta para reparar relatos, estimular talentos y ensanchar futuros.

Son muchos los ejemplos de ciencia hecha por mujeres y que no han sido reconocidas. Sin duda, conocerá el lector o lectora el de Rosalind Franklin, que en 1952 junto con su estudiante Raymond Gosling obtuvieron la célebre photograph 51 una imagen de difracción de rayos X que fue clave para descifrar la estructura helicoidal del ADN, un año antes de que Watson y Crick publicaran el modelo de doble hélice. Aunque la contribución de Rosalind Franklin fue decisiva, el reconocimiento institucional fue durante décadas para Watson y Crick.

Otro caso sangrante fue el de la física Lise Meitner, que es uno de los ejemplos más citados cuando se habla de omisiones históricas. Su contribución fue esencial para interpretar resultados que condujeron a la fisión nuclear, mientras el premio Nobel recayó únicamente en Otto Hahn. Su omisión es uno de los casos paradigmáticos de invisibilización, profundamente entrelazado con el contexto de misoginia y antisemitismo en el que trabajó.

Figura 1. Jimena Quirós en el IEO durante el curso impartido por M. Adrien Robert en 1925

Estos son, sin duda, dos de los muchos casos conocidos, y sobre todo desconocidos, de invisibilización del trabajo científico hecho por mujeres. Pero podemos mirar más cerca y descubriremos que entre las figuras que merecen un lugar destacado en la memoria científica de Málaga se encuentra Jimena Quirós Fernández y Tello (1899-1983), considerada la primera oceanógrafa española (Figura 1). Su relación con Málaga es profunda: en 1922 fue destinada al laboratorio del Instituto Español de Oceanografía (IEO) en esta ciudad, donde trabajó en el estudio de moluscos y firmó en 1923 el artículo “Algunos moluscos comestibles de la provincia de Málaga”, que fue el primer trabajo en ciencias marinas firmado por una mujer en España. Fue además la primera mujer española en embarcar en una campaña oceanográfica y la primera científica contratada por oposición en el IEO. Realizó estancias de investigación en París y Nueva York, formándose con algunos de los mayores expertos en oceanografía de su tiempo y, además de una mujer de ciencias, fue una activista por la igualdad de derechos de las mujeres. Jimena Quirós fue miembro de la Academia Malagueña de Ciencias, aunque su figura quedó injustamente relegada y cayó en el olvido institucional y social durante décadas. Su recuperación es un acto de justicia histórica, un modelo inspirador para las nuevas generaciones: una mujer formada, brillante, pionera y comprometida que rompió barreras en la Málaga científica de principios del siglo XX. Incluir su nombre en este 11F es honrar no solo la igualdad, sino también la identidad científica de nuestra provincia.

Pero la pregunta de fondo no es solo cuántas mujeres han sido olvidadas, sino ¿qué perdemos cuando el talento se queda fuera? Perdemos descubrimientos, perspectivas, soluciones y justicia. Y perdemos, sobre todo, la posibilidad de que la próxima generación, niñas y niños, crea que la ciencia también les pertenece.

Para la Academia Malagueña de Ciencias, el 11F es también una oportunidad para dialogar con la ciudadanía, reforzar el papel de la ciencia en la sociedad y conmemorar su compromiso activo con la igualdad. El 11F nos ofrece una brújula moral y científica: recordar para avanzar. Recordar a Franklin, Meitner, Quirós, y a tantas otras, no es reabrir viejas heridas; es aprender para no repetir el error y abrir camino en una ciencia que necesita diversidad para avanzar, para enfrentar los enormes desafíos que tiene por delante.

*Mari Carmen García Martínez es académica de número y Dra. en Ciencias. Científica Titular del Instituto Español de Oceanografía.

4 comentario en “LO QUE NO SE VE, CUESTA IMAGINARLO: MUJERES Y CIENCIA”
  1. ¡Enhorabuena Mari Carmen! Qué homenaje tan valioso a las científicas y, especialmente, a Jimena Quirós Fernández y Tello, una académica de la Academia Malagueña de Ciencias a la que descubrir.

  2. Oportunisimo texto que viene a resaltar el enorme papel, que, a lo largo de la historia científica, ha tenido la mujer en el Conocimiento y que desgraciadamente no se ha reconocido en toda su magnitud.

    Conceptos como «igualdad» «referente» «visibilidad» «relato cientifico» «efecto Matilda» que inciden en la cuestión han de ser argumentos de peso para enarbolar la bandera del «recordar para avanzar» y que el protagonismo no reconocido de Jimena Quirós, tenga el justo reconocimiento en la actualidad.

    Enhorabuena, M Carmen!!

  3. Magnífico análisis sobre un hecho indiscutible, como lo es que el papel de la mujer en la sociedad en general y en la Ciencia en particular ha sido relegado a lugares muy secundarios a lo largo de la Historia. Y con ello, y tiene razón Carmen, cuánto talento se ha quedado fuera. Y así desde el comienzo de los tiempos. Lamentable. Muy lamentable. Enhorabuena.

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