Vie. Sep 18th, 2026

Víctor Díaz-del-Río Español

Academia Malagueña de Ciencias

Dedicado a mi buen amigo Indalecio Casado, quién tiene a la ingeniería por profesión y a la naturaleza por vocación, con el deseo de que avance en su recuperación y que más pronto que tarde podamos apurar de nuevo la bota de vino mientras caminamos por el campo abstraídos por las maravillas que nos ofrece.

Hay ríos que se forman exclusivamente gracias al agua de lluvia, como el caudaloso río Iguazú que tras recorrer unos 1.300km a través de Brasil y Argentina entrega sus aguas al río Paraná. La cuenca fluvial va recogiendo las aguas de lluvia a lo largo de todo su recorrido que realiza sobre una superficie ligeramente inclinada y con pocos desniveles. El cambio brusco en su trazado se produce al alcanzar un inmenso afloramiento de oscuros basaltos muy fracturados, que obligan al cauce a realizar un requiebro en forma de cerrada horquilla, provocando así el derrame de sus aguas a lo largo de su rectilíneo plano de la falla, originando unas espectaculares cataratas bien conocidas en el mundo entero.

Cataratas de Iguazú observadas desde al lado brasileño.

Es lógico pensar que las cuencas fluviales vayan a estar directamente relacionadas con la naturaleza del sustrato rocoso sobre el que excavan su cauce. Entonces, se comprueba que cuando las precipitaciones se producen sobre superficies porosas o permeables capaces de dejar penetrar el agua de lluvia hacia el interior, se genera un fenómeno singular como es el de la circulación del agua a modo de ríos subterráneos cautivos en el interior de las rocas, que se desplazan a velocidades más lentas que en el exterior.

Las irregularidades de las rocas y sus discontinuidades hacen que, con mucha frecuencia, se produzcan fenómenos de disolución que van ensanchando progresivamente esos veneros permitiendo al agua circular con mayor libertad hasta formar verdaderos ríos subterráneos. Esto es lo que sucede en las rocas calcáreas que pueden llegar a transformarse en inmensos aljibes naturales, gracias a las cavidades que el paso del tiempo origina con su lento e inexorable proceso de disolución de la roca. No es pues extraño suponer que los caudales de los manantiales estén en relación directa con la pluviometría, así como con la capacidad de las rocas de absorber el agua precipitada. Por esta razón existen grandes contrastes de un año a otro en los caudales, como consecuencia de la mayor o menor pluviosidad que se hubiera producido.

Izquierda: Manantial que da origen al río Guaro (Periana) el 23/03/2019. Derecha: El mismo lugar el 6/04/2025

No hace mucho me comentaba un viejo amigo mío, aficionado a la espeleología, que no había experimentado nunca un fenómeno tan intrigante como sentir el sonido del agua correr por el interior de las rocas cuando exploras una cueva, sabiendo que se trata de un acuífero que circula por una galería diferente a la que estas recorriendo. Tal es la quietud y el silencio que reina en su interior, que el sonido del agua te envuelve sin que haya posibilidad de que te puedas mojar. Entonces te das cuenta de la importancia que tienen los acuíferos y su inmenso potencial de preservación, desempeñando por ello un estratégico papel regulador de los recursos hídricos.

Todas estas ideas las pudimos percibir en la jornada de campo que vivimos el pasado sábado cinco de abril con ocasión de la celebración del denominado HIDROGEODÍA. Una experiencia que hemos vivido gracias a la generosidad y profesionalidad del grupo de hidrogeólogos del CEHIUMA (Centro de Hidrogeología de la Universidad de Málaga) que diseñó un recorrido por el campo que siguió prácticamente el cauce fluvial del río Jorox desde su nacimiento en la boca de un caudaloso manantial (se midieron caudales de 500 l/s), al pie de un macizo rocoso, hasta llegar al centro urbano de la pedanía del mismo nombre. Este manantial se encuentra en la hermosa localidad de Alozaina -que bien merece más de una visita-, situada en el contexto de la Sierra de las Nieves.  A poniente del pueblo se localiza un pequeño y fértil valle surcado por el río Jorox en el que se ubica la pedanía del mismo nombre, que lleva a gala haber sido habitada desde tiempos prehistóricos por muy diversas culturas, como así lo acreditan los restos encontrados en diversas cuevas del entorno.

Salida del manantial que da origen al río Jorox (Alozaina)

El río Jorox se encaja en el borde meridional de la Sierra Prieta que sigue una dirección SSO/NNE -continuación de la Sierra de las Nieves-, y que se interrumpe con la Sierra de Alcaparaín de dirección NNO/SSE. Los macizos montañosos más próximos a Jorox están dominados por los mármoles, calizas y dolomías que muestran una fuerte erosión por las escorrentías, con frecuentes cavidades formadas por la disolución de la roca algunas d las cuales han funcionado como manantiales en tiempos pretéritos. El paisaje que envuelve al hermoso valle es impresionante, con alturas considerables y relieves que el tiempo ha ido modelando lentamente dejando tallado en las rocas algunos elementos paisajísticos que ponen de manifiesto la compleja evolución que ha experimentado la zona. La geología de los relieves dominantes en el valle es de tipo calcáreo, con calizas, dolomitas, mármoles y travertinos (el más destacado es el denominado La Mesa, por su morfología tabular, que ocupa las alturas más elevadas del borde occidental del valle), junto con otras rocas metamórficas (gneises y esquistos) que evidencian una compleja historia geológica, y junto a ellas las famosas peridotitas (de origen ígneo plutónico, de más de 350 millones de años) que caracterizan todo el entorno de la Sierra de las Nieves.

Midiendo el caudal del río

Sorprende ver que la cabecera del valle fluvial -aparentemente de régimen torrencial- que se presenta ante nosotros cuando te sitúas frente a la boca del manantial de agua cristalina que fluye del interior de la roca, no lleva una sola gota de agua en superficie, debido a que toda el agua de lluvia se ha filtrado a través de las abundantes grietas de las rocas llenando los acuíferos (de unos 44km2 de extensión el que ahora visitamos) que súbitamente se abren al exterior con gran exuberancia dando lugar a caudalosos manantiales como es el que alimenta el actual curso del río. Observas como el valle río arriba presenta unas paredes abruptamente escarpadas que permiten ver la estructura de los mármoles sobre los que se ha entallado, y que al estar muy fracturados y alterados son fácilmente degradables, aportando así abundantes fragmentos de roca y gravas que se depositan en el fondo del valle.

No es menor en importancia la huella que han dejado las diversas civilizaciones y culturas que han poblado el valle. Todas ellas han ido aprovechando las surgencias de agua para canalizarla a través de acequias y albercas y así poder utilizarla para el riego de campos y bancales, o como fuerza motriz para moler trigo. La cultura del agua en este lugar es verdaderamente asombrosa pues no desperdician una sola gota de agua. Los visitantes pudimos contemplar acequias de todas las épocas habidas y por haber, infraestructuras que, siendo antiguas, han sido reutilizadas y reconstruidas por las diversas culturas que han poblado el lugar. Particular interés ha tenido la visita a uno de esos molinos construidos por los árabes y que empleaban el agua para esta industria del molido construyendo hasta cinco molinos consecutivos de manera escalonada, aprovechando el desnivel topográfico. De esta manera utilizaban el agua de la acequia generando saltos entre los molinos de tres a cinco metros para incrementar su fuerza motriz y mover las ruedas de moler antes de que el agua retorne nuevamente al río del que partió. 

Acequias árabes

De gran interés resultó, tras un frugal almuerzo, visitar la fortaleza que se yergue en la cumbre del montículo que sirvió de germen para el desarrollo del pueblo. Una espléndida y algo creativa reconstrucción permite reconocer la importancia que ha tenido esta defensa por su posición estratégica, desde la que se divisan todas las poblaciones del entorno hasta alcanzar la ciudad de Málaga y la mar. Por allí pasaron almorávides, almohades y nazaríes hasta que en la Reconquista los cristianos se hicieron con la fortaleza, tiempo en el que se edificó (1505) la primera iglesia en el punto más elevado y que hubo de ser reconstruida en 1770. Todavía se conserva parte de la antigua muralla con uno de sus vistosos torreones, nominado en recuerdo de la heroína local Marina Sagredo (1570).

Para terminar, me es muy grato reconocer que si no fuera por esta jornada vivida al amparo del HIDROGEODÍA hubiera sido bastante difícil adquirir una perspectiva tan completa de un lugar tan hermoso e interesante como es Alozaina y su pedanía Jorox.

*Víctor Díaz-del-Río Español es Doctor en Geología y Científico Titular (J) del Instituto Español de Oceanografía, y miembro de número de la Academia Malagueña de Ciencias, vocal de Comunicación y Redes Sociales.

4 comentario en “AGUA DE LLUVIA, RÍOS, ROCAS Y MANANTIALES”
  1. Precioso artículo con el agua como hilo conductor. Desde el río Iguazú, que recorre Brasil y Argentina, hasta el Jorox que nace en Málaga. La naturaleza que nos acoge, valorada por la ciencia que surge de nuestra propia naturaleza interna. Enhorabuena, Víctor.

  2. Victor, te has superado. A tu capacidad científica y habilidad para divulgarla, has conseguido teletransportarnos a los que no pudimos hacerlo físicamente, a un escenario espectacular, descubriendonoslo y al tiempo magnificándolo, con un verbo tal que merecería tu designación como «Cronista Oficial de Alozaina».

    Muy interesante la descripción del papel que realizan y deben seguir realizando los acuíferos, cuya recuperacion debe ser elemento fundamental y prioritario, en la gestión del dominio público Hidráulico.

    Enhorabuena!!

  3. Magnífico análisis explicado con claridad y sencillez sobre la capital importancia de un elemento imprescindible para todos como lo es el agua en sus diferentes formas y recorridos, incidiendo especialmente en la trascendencia de los acuíferos. Enhorabuena Víctor.

Deja un comentario