Francisco Cabrera Pablos
Academia Malagueña de Ciencias
La pesca ha sido, desde el comienzo de los tiempos, un elemento esencial en la alimentación de los hombres y un quehacer diario en las ciudades portuarias, además de producir importantes ingresos para la hacienda con los impuestos que generaba. La Málaga del ayer desarrolló una intensa actividad pesquera debidamente reglamentada sobre barcas y zonas de pesca. Zonas sobre las cuales los pescadores malagueños tenían privilegios de la Corona para faenar en toda la costa del Reino de Granada.El pescado estaba gravado, como decimos, con los habituales arbitrios previamente fijados por las autoridades. Precisamente, esta fiscalidad y la ausencia de una pescadería donde el control de la hacienda resultara más efectivo fue objeto de no pocos problemas. Y es que, durante siglos, los patrones varaban sus barcas en la playa cuando regresaban de faenar y allí mismo hacían sus ventas, escamoteando lo que podían al erario público sobre la cuantía de lo vendido.
En el cabildo del 16 de marzo de 1775, los concejales responsables denunciaban: “El desorden tan enorme que se experimenta en la venta de pescado por los patrones pescadores, pues llegando a la orilla del mar con él y sus barcas, antes de varar, piden con desco medimiento el que se les altere y suba el precio prefinido por arancel. Y no concediéndoles se retiran a venderlos en La Caleta, playa de San Andrés y otras partes a precios muy excesivos. Y cuando se les insta y obliga a que con efecto echen en tierra el que traen a vender lo practican de una corta porción, reservando la mayor para otros lugares, vendiéndola a crecido precio, y otras irregularidades de la noche”. El control era complicado pues en aquellos años había en Málaga unas sesenta barcas locales, además de las denominadas “forasteras” que también estaban autorizadas a faenar en la entonces abundante pesquería de estas aguas.

Esta situación se producía ante la falta de un edificio donde resultara más fácil la fiscalidad del producto y el control sanitario de las ventas. Sin embargo, y a pesar de su demostrada necesidad, hubo que esperar hasta muy avanzado el siglo XVIII para que aparecieran propuestas destinadas a construir una lonja en la ciudad malagueña.
LA PESCADERÍA DEL SIGLO XVIII. Uno de los primeros intentos de edificarla se produjo en el cabildo celebrado el 11 de marzo de 1773 y encierra una indudable curiosidad. Un malagueño le decía al Ayuntamiento que “ya le consta como público y notorio el perjuicio que este común de vecinos recibe con la falta de no haber (como en otras partes) una pescadería para vender el pescado, y que aunque varias veces se ha proyectado no ha llegado el caso de su ejecución”. No obstante, y como el proyecto necesitaba una financiación, aludía en su propuesta a las naturales inclinaciones de los españoles por algo tan arraigado en el suelo patrio como los toros, proponiendo al Ayuntamiento la celebración de cuatro corridas y destinando los dineros que se obtuviesen a la construcción de la pescadería que tanta falta hacía.
Atendida la propuesta, ya observamos un local destinado a lonja en el plano del ingeniero Feliciano Míguez, fechado en enero de 1792. Estaba delante del Castillo de San Lorenzo, al otro lado de la naciente Alameda y muy cerca del mar, junto a la noria que con la traída del acueducto de San Telmo permitía las aguadas a los buques que llegaban a estos muelles. Esta pescadería permaneció durante algo más de un siglo desempeñando sus funciones, hasta que las ampliaciones finiseculares del puerto en el XIX hicieron inviable su ubicación obligando a construir una nueva, esta vez en el interior de las instalaciones portuarias.
LA LONJA DE 1921. Efectivamente, hubo que esperar para que una real orden fechada el 17 de agosto ordenara iniciar el expediente para la construcción de una lonja. Dos años después, se presentó el “Proyecto de Edificios del Proyecto Parcial de la nueva Pescadería”, siendo presidente de la Junta Ricardo Gross Orueta. Se contabilizaban entonces en Málaga alrededor de ochenta barcos pesqueros. Las obras se recibieron por la Junta el 28 de junio de 1926. Estos locales experimentaron desde entonces sucesivas ampliaciones y reformas para adaptar sus servicios a las necesidades de la población. Hasta hoy.
LA LONJA ACTUAL. En diciembre de 2023 se inauguraron en el Puerto de Málaga las nuevas instalaciones de la Lonja, en la zona de San Andrés. Un proyecto este que ha supuesto una importante inversión con financiación europea y autonómica. La obra permitirá la construcción de una plataforma en el cercano Muelle 8 que posibilitará, tal y como se recogía en el Plan Especial de 1997, un importante cambio: “El traslado de estas instalaciones supone un paso más para la creación de un gran muelle destinado al movimiento y almacenamiento de mercancías”.

La nueva lonja comprende una zona de atraque en la margen derecha del Guadalmedina, hasta un total de 1280 m2, en un pantalán flotante de 160 metros de longitud y 8 de anchura. También, unas instalaciones de algo más de 900 m2 construidos en baja más uno, con las oficinas y servicios propios de este tipo de edificios.
Debemos destacar especialmente una notable apuesta por las instalaciones fotovoltaicas que la hacen autosuficiente en materia energética con calificación “A”, asunto este por el cual la Autoridad Portuaria de Málaga viene apostando en estos últimos años.
Resulta evidente que la actual actividad pesquera queda lejos de la que se mantuvo en estas aguas durante siglos, aunque merecen destacarse unas instalaciones industriales tan importantes como las que ya están operando en el Puerto de Málaga.
*Francisco Cabrera Pablos es Dr. en Historia y Académico de Número de la Academia Malagueña de Ciencias, Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y correspondiente de la Real Academia de Nobles Artes de Antequera.
