María Pepa Lara García
Academia Malagueña de Ciencias
Hace más de veinte años, publiqué en una revista un artículo sobre esta misma materia. Quizá porque es una historia a la que estoy vinculada muy particularmente -mis padres y yo misma trabajamos en la Farmacia Municipal-, he estado dándole vueltas a la idea de volver a escribirlo, corregirlo, aumentarlo o en su caso, reducirlo, y actualizándolo, pues sé por experiencia que, pasado los años de la publicación, el tema pierde vigencia y se olvida. He procurado darle mayor protagonismo al Dr. Gálvez, creador de la citada Farmacia -pues, después de varios intentos, se inauguró gracias a su decidida intervención-, nombrando a la primera mujer concejal del Ayuntamiento, Teresa Azpiazu y Paul. El resultado es este relato que espero os resulte interesante.
Inauguración de la Farmacia municipal
La Farmacia Municipal fue inaugurada el 30 de julio de 1925. En el periódico “La Unión Mercantil” del 30 de julio apareció la siguiente nota: Esta tarde a las cuatro y media se verificará en el Ayuntamiento la apertura y bendición de la Farmacia Municipal. También conocemos una foto de dicha inauguración que apareció publicada el día 3 de agosto en la revista “Vida Gráfica”; en dicha foto observamos una parte de la Farmacia, con sus estanterías, el personal, y en un recuadro aparecía una foto de Félix Pérez Souvirón, el concejal que había propiciado su creación. No podemos olvidarnos de mencionar, que el alcalde de Málaga en aquellos años, era el médico José Gálvez Ginachero. Éste, permaneció en el Ayuntamiento desde el 3 de octubre de 1923 hasta el 21 de mayo de 1926, cuando dimitió de su cargo alegando tenía abandonada su profesión de médico.
Antes de continuar, me gustaría destacar dos hechos del Dr. Gálvez, mientras estuvo al frente de la Alcaldía: Nombró a la primera concejal femenina, el 21 de abril de 1924 a Teresa Azpiazu y Paul; directora de la Normal, permaneciendo en su puesto hasta el 24 de febrero de 1930. Asimismo, fue una de las primeras mujeres Académicas de la entonces denominada Sociedad Malagueña de Ciencias –hoy Academia Malagueña de Ciencias, la cual está celebrando, con una serie de actos, su 150 Aniversario-. También tenemos que atribuirle que, en 1925, nombró a las dos primeras mujeres que trabajaron en el Ayuntamiento, en la Farmacia Municipal: Enriqueta del Río Madrid y Josefa García de la Vega -mi madre-.

Desde el día de su inauguración, estuvo al frente como director Román Casares Bescansa. En la sesión de Cabildo del día 13 de agosto, el alcalde comunicó a los concejales que desde primeros de mes, se había puesto al frente de la Farmacia el farmacéutico el Sr. Casares, el cual desempeñaba el cargo de jefe de sección de Química del Laboratorio municipal, y proponía el siguiente acuerdo: “Que se confirme en el cargo de farmacéutico municipal con carácter de interino al Sr. Casares, asignándole en concepto de gratificación por este nuevo servicio, puesto que continúa desempeñando su primitivo cargo, la suma de 7.000 pesetas anuales, que se le abonará por mensualidades vencidas a partir de primero del corriente mes.”
En la reunión de Cabildo del día 15 de octubre se aprobaron las bases para proveer, en definitiva, mediante concurso, los siguientes cargos: Farmacéutico municipal, con la gratificación anual de 7.000 pesetas. Auxiliares masculinos, con el haber anual de 4.000 pesetas. Auxiliares femeninos con un sueldo anual de 2.000 pesetas. También fue aprobado crear, mediante concurso, el cargo de ordenanza o mozo de la farmacia con los honorarios diario de 5 pesetas. En la reunión de Cabildo del 12 de noviembre se dio cuenta del expediente instruido para proveer mediante concurso la plaza de regente de la Farmacia municipal, al parecer, sólo se había presentado un aspirante; y la Comisión, con el parecer del técnico asignado al efecto, acordó nombrar en propiedad para dicho cargo a Román Casares Bescansa.
En la sesión de 19 de noviembre se nombraron, también en propiedad, a los auxiliares: Antonio Mir Blázquez, Rodrigo Martín Palma, Josefa García de la Vega y Enriqueta del Río Madrid, y en la siguiente sesión del día 26 de noviembre de 1925, nombraron en propiedad para el cargo de ordenanza de la Farmacia a Joaquín Granados Torres. En los años siguientes continuó en la Farmacia municipal aumentando el trabajo y, por tanto, se pensó ampliar la plantilla del personal. Así, en la sesión Permanente del 14 de febrero de 1929 se acordó autorizar al alcalde para que designase la comisión que había de redactar las condiciones-bases para la celebración del concurso de provisión de dos plazas: una de auxiliar masculino y otro femenino de la Farmacia municipal, creada con los presupuestos de aquel año de 1929.

Se presentaron para dichas plazas: Antonio Román Rando, José Arangocillo Sevilla y María Seco Martínez. Después de realizarse los exámenes, el 3 de mayo de 1929 fueron nombrados en propiedad como auxiliares Antonio Román Rando y María Seco Martínez. El 8 de mayo el Sr. Arangocillo interpuso recurso de reposición contra el nombramiento de su auxiliar masculino. El 6 de junio de aquel año de 1929 hubo un acuerdo de Cabildo desestimando este recurso en todas sus partes.
En la sesión del 14 de octubre de 1932 fue aprobada la propuesta del tribunal examinador respectivo, para la provisión de dos plazas vacantes de auxiliares de la Farmacia municipal, con el haber anual de tres mil pesetas, cada una, en la que propusieron a los opositores: Antonio Lara Marcelo –mi padre-, y Antonio Moreno Almendro. Desde el año 1932, el concejal delegado de la Farmacia era Eugenio Entrambasaguas Caracuel. Éste, junto a Román Casares, fue entrevistado por “El duende de los ojos verdes”, para el diario “El Popular”, el 14 de abril de 1933, con motivo de la adquisición de un “Laboratorio de Inyecciones”. El titular del artículo rezaba así: “La Farmacia Municipal y la filantrópica labor que realiza”. Al autor del artículo, le llamó mucho la atención, cuando una señora que llegó en esos momentos, solicitó con una receta, le entregaran “Fosfatina” (harina fosfatada). Román Casares, ante la estupefacción del entrevistador, aclaró que, despachaban unos cien paquetes diarios, de la que se beneficiaban trescientos niños pobres al día. Otra “medicina” muy solicitada, en aquellos años, era el vino-quina.
Poco a poco fue aumentando el personal en la década siguiente: Purificación Valdecasas Moreno, Carmela Laso de la Vega, María Santamaría, Asunción Arrebola, Conchita Trigueros Trigueros, Joaquín Boezo González, Amalia Gómez, Antonia Moncayo Aranda, Ana Bernal.
Creación del S.E.D.E.M. en 1953
Ya hemos visto como en la Farmacia Municipal el servicio era exclusivamente para los pobres y gratuito. Aunque, a principios de los años cincuenta algo cambió: se siguió atendiendo a los pobres, pero se creo el S.E.D.E.M. (Seguro de Enfermedad de Empleados Municipales). En aquellos años, un crecido número de funcionarios municipales estaban asegurados en una entidad colaboradora del Instituto de Previsión denominada “Obra Sindical 18 de Julio”, concretamente 442; el resto, 517 obreros estaban sin asegurar, sólo tenían una cartilla de Beneficencia. En la sesión de Cabildo del día 22 de julio de 1953, el concejal Félix Ballenilla Jiménez presentó, y debatió ampliamente el “Proyecto de Reglamento del Seguro de enfermedad de empleados municipales”. Resumiendo, aquel Proyecto presentado en su momento, el Sr. Ballenilla consideraba que todos los empleados municipales debían tener el mismo seguro. Para el sostenimiento del nuevo Seguro de enfermedad de los funcionarios municipales, había presupuestado un gasto anual de 479.390’10 pesetas
El Sr. Ballenilla insistía: “… por una parte, las 319.593’40 pesetas que tendría que abonar la Corporación, a la “Obra Sindical 18 de Julio” de los 959 afiliados, [es decir, funcionarios, los empleados laborales no entraban en esta cuantificación, ya que éstos pertenecían a la Seguridad Social] que tendrían derecho al mismo, y por otras las 398.041’87 pesetas que habría que abonar a la Caja Nacional por el Seguro de enfermedad de los 517 obreros actualmente afiliados al mismo, veremos, que con una economía anual de 78.448’47 pesetas comprende casi el doble número de afiliados.”

El Reglamento presentado por el Sr. Ballenilla, había contado con el apoyo y asesoramiento del director de la Farmacia municipal, Román Casares Bescansa; el jefe de Personal, Juan Marqués Íñiguez (quien años después, sería el jefe del S.E.D.E.M., hasta su desaparición), Miguel Such Lara (años después, jefe de Personal); dos inspectores médicos del Instituto Nacional de Previsión: Rafael Crooke, y el doctor en medicina e inspector de la Beneficencia municipal, Ricardo Jurado. La manera de distribuir las 479.379’10 pesetas era la siguiente: Presupuestando 150 pesetas por cartilla y año, lo cual daba un total de 143.850 pesetas, para la adquisición de medicinas; y así paso por paso iba distribuyendo el dinero: Medicina general, Especialidades, Practicantes, Farmacia, Hospitalización quirúrgica, etc.; dejando 33.823 pesetas para imprevistos, las cuales podrían distribuirse entre el personal de la Farmacia municipal, puesto que el trabajo en dicho servicio se vería multiplicado por dos.
Después que el Sr. Ballenilla expusiera ampliamente su proyecto, el concejal Enrique Rodríguez Murillo formuló una serie de manifestaciones en contra del mismo. Finalmente, el alcalde hizo un examen del debate, estimando que muchas de las objeciones serían tenidas en cuenta, y por ello, considerando ampliamente debatido el asunto, lo sometió a votación. Verificada ésta, de forma nominal, y con el voto en contra de cuatro concejales, fue aprobado el Reglamento, con carácter provisional y por un año, facultándose a la alcaldía para que con los asesoramientos que estimase procedentes, realizase las modificaciones oportunas.
El Laboratorio y la Farmacia municipal a partir de 1960
Pero volvamos a mediados del siglo XX. Con el paso de los años la Farmacia había ido adquiriendo gran importancia, en parte, debido a la creación del S.E.D.E.M, lo que ampliaba considerablemente sus prestaciones, puesto que antes, durante muchos años -desde 1925 a 1953-se habían limitado a asistir a la Beneficencia municipal. Por el contrario, en el Laboratorio sus actividades se fueron reduciendo, quizá porque se habían ido creando diversos servicios clínicos, veterinarios, casas de socorros, etc., en todos los distritos de la ciudad. Desde 1927 se había instalado, al principio de la calle Huerto de los Claveles, la Liga Antituberculosa donde también realizaban análisis clínicos. Así, en el Laboratorio, aunque, esporádicamente, seguían haciendo análisis bromatológicos e incluso probaban sueros en pequeños animales, como ratas de Indias, su papel más importante eran los análisis clínicos a la Beneficencia, y a los funcionarios municipales a través del nuevo Seguro creado en 1953.

En el Laboratorio, en aquellos años prestaban sus servicios seis personas: un director, un vicedirector, un A.T.S., dos auxiliares y un mozo. La Farmacia, la cual estaba abierta todo el día, incluso los sábados y domingos -este día festivo fue laboral desde su creación hasta los años sesenta, permaneciendo dos auxiliares de guardia para atenderla; y hasta los años cuarenta, también tenía un servicio nocturno-; constaba de dieciocho funcionarios: un director, un administrativo, once auxiliares por la mañana y tres por la tarde; y dos mozos, uno por la mañana y el segundo por la tarde. Desde los años cincuenta, se fueron incorporando nuevo personal: María Díaz del Pino, Manuela Boezo González. Desde mediados de los sesenta: Manuel Berlanga, José Rodríguez, Eduardo García, María Pepa Lara García, etc. Estas plazas se fueron suprimiendo, la mayoría de ellas, conforme se iban jubilando, por traslado o por fallecimientos.
Don Román Casares Bescansa y José María Casares López

A continuación, nos parece oportuno mencionar unos pequeños datos biográficos de dos farmacéuticos, padre e hijo, que permanecieron en este servicio, entre los dos, cincuenta y cinco años. Aunque como ya vimos en su momento, el Sr. Casares había ganado las oposiciones como inspector químico del Laboratorio, desde que se inauguró la Farmacia, hasta su muerte ocurrida el 12 de abril de 1962, fue el director de la mencionada Farmacia. Había nacido en Santiago de Compostela el año 1879. Se trasladó a Málaga en 1915 donde estableció una farmacia llamada “Farmacia del Sagrario”, situada al final de la calle de Santa María, 25, la cual traspasó a Francisco García Ocaña en 1926. Junto con su cuñado, Esteban Pérez-Bryan Souvirón, montó una industria química situada en la calle de Alderete, para fabricar Sulfato de Magnesia; cuando se terminó la guerra tuvieron que cerrar la fábrica. Fue presidente de la Sociedad Malagueña de Ciencias en los años: 1944, 1947 y 1956; también vicepresidente de la Diputación Provincial en el año 1940.
Publicó muchos artículos en libros y revistas, e impartió numerosas conferencias. A su muerte ocurrida en 1962, le sucedió en el cargo su hijo José María Casares López. Éste había nacido en San Juan de Aznalfarache (Sevilla) en 1912. Estudió en Madrid, siendo uno de los primeros farmacéuticos españoles que acabó la carrera de “Técnico Bromatológico”. Instaló un laboratorio de análisis clínicos en la Cortina del Muelle, pasándolo años después a Puerta del Mar. Fue también analista de la Caja Nacional del Seguro Obligatorio de Enfermedad desde su fundación hasta su fallecimiento. En el año 1962 fue nombrado, director del Laboratorio y la Farmacia municipal, cargo que desempeñó hasta su muerte ocurrida en Málaga el día 7 de febrero de 1980.

Interesante y muy completo estudio Mari Pepa, como también lo es la labor de atención a los más desfavorecidos que, como cuentas, realizó la Farmacia Municipal durante tantos años en una época en la que tanta falta hacía. Insisto, muy completo. Enhorabuena.
Me alegro de que te interese Paco. No te puedes imaginar la labor que hizo la Farmacia por los más necesitados. Y el SEDEM, para todos los empleados municipales, totalmente gratis, durante muchos años. Cuando tuvimos que pasar a la Seguiridd Social, todos los fumcionarios en bloque pusimos una demanda al Ayto. . El juez nos llamó uno a uno para declarar en el jiucio que, naturalmente perdimos. Como te imaginas, todo esto lo vivi en primera persona..