Adelaida de la Calle Martín
Academia Malagueña de Ciencias
Las Universidades no son solo instituciones de enseñanza, son también el lugar en el que germinan los avances científicos, las transformaciones sociales, los cambios políticos y culturales, donde se crean los modelos económicos que acompañan y sobreviven a las revoluciones sociales, industriales y tecnológicas.
El papel de las universidades en el contexto actual ha cambiado sustancialmente, porque además de generar y transmitir conocimiento, se espera de ellas mucho más: que den respuesta y soluciones a las necesidades y a las demandas que requiere la sociedad. Las universidades ya no viven ensimismadas en sus propias expectativas, sino que desarrollan procesos de interacción social y lideran los cambios sociales, políticos, económicos y culturales. Podríamos decir que las universidades son entidades sociales que proyectan, impulsan y cambian la sociedad y ayudan a transformar el modelo productivo. Un modelo productivo basado en el conocimiento y en el desarrollo de nuevas competencias profesionales. Universidad y sociedad van de la mano, orientan sus objetivos en una misma dirección, es decir, se necesitan mutuamente.
¿Qué retos tiene, por tanto, la universidad que está al servicio de esta nueva sociedad? En primer lugar, tenemos una sociedad que se enfrenta a una economía globalizada que crea relaciones de interdependencia entre los estados y las regiones. Una sociedad en la que existe una revolución tecnológica y digital que supone un proceso disruptivo con capacidad para dar un giro completamente nuevo a determinadas actividades o sectores económicos, en los que se impone la aparición de nuevos empleos y la pérdida de trabajos tradicionales, así como nuevas formas de organización en el sector empresarial. Blockchain, Big Data, sensórica, robótica, drones e internet de las cosas son algunas de las tecnologías que están transformando desde la forma tradicional de cultivar el campo hasta el concepto de fábrica industrial, pasando por la manera de comerciar o incluso de hacer turismo o consumir cultura.

La agricultura de precisión, la industria 4.0, el turismo inteligente, los smart cities, la E-Health, la transformación energética, los alimentos funcionales o la economía circular son algunas de las áreas de innovación que están cambiando a ritmo veloz prácticamente todas las parcelas de nuestro sistema productivo.
El avance tecnológico está permitiendo dar respuestas a los grandes desafíos que plantea el cambio climático, el envejecimiento de la población, las grandes brechas de desigualdad global o las pandemias.
Ante estos retos y desafíos la sociedad necesita respuestas que obligatoriamente deben de venir de la universidad. De una universidad que sea un agente activo que participe y promueva los cambios necesarios para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, que garantice una mayor seguridad económica, política y social, que ayude a crear un mundo mejor, más justo y equitativo en el acceso a la educación y en el reparto del trabajo y de la riqueza. Una universidad, comprometida con la innovación, con el entorno social y con la internacionalización, que apuesta por una formación en emprendimiento y empleabilidad, que incorpora la responsabilidad social y la formación en valores a todos los ámbitos de su organización y con un fuerte compromiso con la sostenibilidad y la protección del medio ambiente.
En resumen, una Universidad que sabe transformarse y adaptarse a las tendencias actuales, tal y como señalaba nuestro rector hace unos días, con ocasión del “Encuentro de Academias 2022”, cuando hablaba de nuestra cincuentenaria Universidad de Málaga.
Adelaida de la Calle Martín es Catedrática de Biología Celular de la UMA. Ha sido Rectora de la UMA y Consejera de Educación de la Junta de Andalucía.

Enhorabuena Rectora. Conoces bien la Universidad y llevas razón en lo que dices. Pero la Universidad tiene también la obligación de adelantarse al futuro. Y eso hoy significa desacelerarlo. “Innovar lentitud” parece un oximoron pero no lo es. Algo así como el “festina lente” romano. Competir levantando el pie del acelerador. Las Universidades deben contribuir a pensar un mundo que sigue girando indiferente a esta carrera humana hacia ninguna parte. Pero, ¿se puede reducir la velocidad de crucero?. Se debe intentar y las Universidades publicas son de las pocas instituciones que por su independencia (al menos teórica) pueden liderar la gran revolución del decrecimiento sostenible.
Enhorabuena Adelaida, amiga . Tu experiencia es siempre una garantía.
Sin estar seguro de entender lo que quiere decir Federico, en mi opinión, la Universidad debe seguir siendo «dónde se aprenden los saberes», y añadiría, los saberes que tocan, sin olvidar los fundamentos. Es evidente que en telecomunicación se debe hablar del 5G pero entiendo que es más importante enseñar las formas de emisión, transmisión y recepción de señales de cualquier naturaleza, por hilo, espacio radioeléctrico, medios ópticos u otros sistemas electromagnéticos, que al fin de cuentas será lo que permita desarrollar el 6,7…G y cualesquiera otras formas de comunicación futuras.
La Universidad no debe ser ajena al mundo que le rodea pero sin que «los árboles» del momento le impidan ver «el bosque» del futuro. Difícil equilibrio que tiene obligación de conseguir con el estudio y la reflexión.